10 junio 2008

Fernando de Noronha


Volamos desde Manaus a Natal y una vez en el aeropuerto,sacamos los billetes para visitar Fernando de Noronha
Queríamos cerrar el traslado a la isla cuanto antes ya que las visitas diarias estaban limitadas. De esta forma, ya con los billetes en nuestro poder, podríamos relajarnos durante nuestra pequeña estancia en Natal
Un taxi desde el aeropuerto a las playas de Natal nos pide 20 reales pero como no tenemos prisa, cogemos el autobús de linea que nos deja en el coqueto albergue de Lua Cheia - O Albergue da Bruxinha - . 
Este albergue nos pareció muy recomendable y de visita obligada aunque sólo sea para visitarlo. Tanto su aspecto exterior como el decorado interno, simulan el aspecto de un castillo. 
Hemos cambiado a 3.45 reales/euro y la habitación doble con desayuno nos cuesta 59 reales (unos 18 euros). Sólo hay un pequeño inconveniente: está situado en plena zona de ambiente y se escucha un poco de ruido aunque estamos tan cansados que pronto caemos dormidos. 

A las 11 del día siguiente, embarcamos hacia Noronha y en apenas una hora llegamos a la isla. Las vistas desde el avión son impresionantes. 
Al tomar tierra, aprovechamos para pagar las taxas diarias que exigen por permanecer en la isla. Se puede realizar el pago en el momento de abandonar la isla pero preferimos hacerlo por adelantado para evitar pérdidas de tiempo a la vuelta. 
Cuando nos damos cuenta, estamos sólos en la pequeña sala del aeropuerto ya que todo el mundo venía con todo contratado y les han venido a buscar para llevarles a sus respectivos alojamientos. Un empleado del aeropuerto se acerca a nosotros para comentarnos que un autobús pasa por allí periódicamente y recorre toda la isla, dejando a la gente en la zona que deseen, así que sólo nos queda esperar a que llegue y elegir el sitio que más nos guste para bajarnos. 
De nuevo a la aventura!! 



Una vez que llegamos al lugar que consideramos adecuado, nos dedicamos a recorrer varias posadas comprobando, como ya nos habían advertido, que los precios son bastante más caros que en la península. 
Nos piden alrededor de 150 reales por la doble. También nos ofrecen una habitación en una casa particular por 60 reales y aunque nos planteamos la posibilidad de pasar esos días viviendo con la gente de allí, nos tomamos un tiempo para reflexionar. 
Nos sentamos en una pequeña terraza de un local para comer y beber algo mientras decidimos donde quedarnos. Al vernos con las mochilas, la dueña nos pregunta si buscamos alojamiento y después de hacer varias llamadas por teléfono, nos viene a buscar un chico que nos enseña varios sitios para dormir. 
Finalmente nos quedamos en uno de ellos, apartado de todo y en medio de un paraje realmente precioso.



Al día siguiente decidimos recorrer alguna de las playas de la isla pero me niego a hacerlo en buggie. Me parece un poco antinatural que una isla tan protegida ecológicamente, tenga tal cantidad de vehículos a motor, así que empezamos a andar hasta llegar al mirador de los golfinhos y a la playa Sancho (bahía dos porcos)
De camino al mirador podemos ver muchas aves marinas y un roedor típico de la zona, el mocó. 

 








Continuamos caminando hasta llegar a la playa de Sueste y posteriormente, a la de Leao donde nos damos un bañito en una playa bastante movidita en lo que a oleaje se refiere. 
Unas chicas nos comentan que si queremos ir a la playa de Sueste para hacer snorkeling, es aconsejable ir a las 7 de la mañana ya que la abren a las 8 y dejan pasar a grupos de 25 personas durante 45 minutos hasta llegar a 100 y luego se cierra. 
Tras pasar el día recorriendo algunas playas volvemos hacia la zona donde nos alojamos, en Vila dos Remedios donde cenamos.
Elegiremos el Flamboyant, un restaurante que ofrece un menú al peso por 10 reales/persona donde comemos muy bien. 

Al día siguiente, decidimos conocer la isla desde otro punto de vista: desde el mar.
Vamos hasta el puerto y tras alquilar un equipo para hacer snorkel, embarcamos en un barquito que nos llevará hasta playa Sancho.
Pronto hacen aparición los delfines para disfrute de todos los pasajeros y nos acompañan durante un buen trayecto del viaje. 

Por el camino también observamos bastantes tortugas que nadan desenfadadamente hacia su propio destino. 
Al llegar a playa Sancho, anclamos y nos dedicamos a bucear entre peces y tortugas durante un buen rato.
Unas horas más tarde iniciamos ya la vuelta hacia el puerto donde advertimos que hoy han montado un escenario que imaginamos servirá para animar la noche con la inevitable marcha brasileira, así que aprovechamos para tomarnos unas caipiroskas después de cenar, en medio del típico bullicio callejero. 
Con los efectos del alcohol nublando nuestra conciencia y la pegajosa música brasileira danzando en nuestras cabezas, nos retiramos hasta nuestros aposentos a descansar antes de que sea demasiado tarde. 

Sin apenas darnos cuenta, ha llegado nuestro último día de estancia en la isla ya que salimos hoy a la tarde hacia Natal, así que aprovecharemos la mañana para ir paseando hasta la playa de la Atalaya desde donde nos han dicho que se ven tiburones. 
Al llegar tenemos la mala fortuna de que la marea está muy baja y la zona a la que habitualmente se acercan  los escualos, se encuentra prácticamente sin agua. 
Nos damos un paseo por los alrededores y disfrutamos en una terraza de las hermosas vistas mientras tomamos una cervecita en lo que será nuestra despedida de esta paradisíaca isla.





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