18 octubre 2008

Aventuras por el Pantanal brasileño. MATO GROSSO.



El Pantanal es una extensa llanura inundable que hace honor a su nombre durante la temporada de lluvias. 
Situada en el centro de Sudamérica, abarca unos 230.000 km2 de los cuales unos 100.000 pertenecen a Bolivia y Paraguay y el resto a Brasil.
Dicen que es la región con más concentración de fauna salvaje de América y sus vastas extensiones desiertas de vegetación, hacen más fácil la observación de los animales.
Durante la época de lluvias, de octubre a marzo, los ríos se desbordan e inundan la mayor parte del terreno. Las aguas se llenan de peces, lo que convierte al Pantanal en un hábitat perfecto para las aves acuáticas que forman colonias de varios km2.
Los viajeros suelen acceder a esta zona desde Cuiabá, Corumbá o Campo Grande.

Nuestro viaje comenzó en Cuiabá, donde contrataríamos un chófer y un guía que nos acompañarán durante los próximos 4 días, alojándonos en distintas posadas. 
Tras una parada en Poconé donde nos abasteceremos de agua suficiente para nuestra aventura, tomamos rumbo a la carretera Transpantaneira, flanqueada por miles de aves acuáticas entre las que destacaba el emblemático Tuiuiú
También pudimos avistar alguna capibara y varios ciervos del Pantanal
Ajenos a todo ello, los lugareños pescaban apaciblemente en las orillas del río.



Una vez acomodados en nuestra primera "facenda", hicimos una primera incursión a bordo de un pequeño bote a través del río, lo que nos permitió ver gran cantidad de aves y caimanes, así como algún mono y un pequeño coatí en el pequeño bosquecillo que atravesamos para llegar hasta la embarcación.
Por la noche, ayudados por la luz de un enorme foco, dimos un pequeño paseo para intentar ver algún animal de hábitos nocturnos pero sólo tuvimos oportunidad de ver unas capibaras, muy cercanas a la posada, que inmediatamente se lanzaron al agua al advertir nuestra presencia.

A las 6 del día siguiente ya estábamos en marcha cuando de pronto, un caimán de gran tamaño nos sorprendió en medio del camino impediéndonos el paso. No parecía estar muy dispuesto a dejarnos pasar, mostrando una actitud bastante agresiva que nadie parecía entender. Cuando finalmente optó por huir buscando refugio entre la vegetación, todos pudimos entenderlo. Simplemente estaba defendiendo la numerosa prole que ocultaba bajo su cuerpo y que quedó al descubierto cuando su madre huyó a la jungla. 

También pudimos ver una tortuga, varias capibaras, unos preciosos tucanes y cientos de aves.


 
Continuamos nuestra ruta hasta la posada de San Cristovau, donde al llegar nos tumbamos en unas hamacas colgadas en el porche para descansar un poco del largo viaje.
Pero los peligros en estos sitios son omnipresentes y de pronto, una preciosa pero amenazante culebra verde se dejó colgar sobre la hamaca de mi compañero quedándose a unos pocos centímetros de su cara. Instintivamente se lanzó al suelo mientras yo permanecía inmóvil, paralizado ante la situación.Tardamos un buen rato en recuperarnos del susto.
Por la tarde, damos un paseo a caballo hasta llegar a una zona donde los gritos de una pareja de guacamayos jacinto alteran sin pudor la tranquilidad de una jungla silenciosa. Resulta impresionante ver el tamaño y colorido de estas increíbles aves a escasos metros de distancia. 
Varios monos y un gran búho real fueron los avistamientos más relevantes durante el resto de la jornada, en la que el incidente lo sufrió esta vez mi compañera, a la que mordieron unas hormigas que habitan en el interior de los tallos de algunas plantas y que atacan si pasas las manos sobre ellas e involuntariamente las molestas. Según comentaba, el escozor era insoportable .


Al día siguiente nos levantamos aún de noche para ver amanecer en el río a bordo de un pequeño bote en el que disfrutamos de un tranquilo amanecer mientras la selva iba despertando y los animales se dejaban oir a través de sus gritos y cantos. 
Tras un par de horas navegando, paramos en un claro del bosque para desembarcar la comida que llevábamos a bordo y los utensilios necesarios para preparar el almuerzo de todo el grupo.

 













Una joven brasileña que nos acompaña en esta ocasión, se queda allí para ir preparando la comida mientras el resto vamos a dedicar un rato a la obligada pesca de pirañas.
Una gran bola de carne es el único cebo que llevamos. Nada más tirar el anzuelo al agua, noto un fuerte temblor en la caña que me pilla desprevenido, y al levantar el sedal, veo que el anzuelo está limpio....no queda ni rastro del pedazo de carne que puse apenas 3 segundos antes. Al siguiente intento, tiro fuertemente en cuanto noto la picada y con gran satisfacción observo que la primera piraña del día aparece enganchada en el anzuelo. 
Inmediatamente nuestro guía la coge para desanzuelarla pero una pequeña distracción permite que la piraña, en un rápido movimiento, le dé un terrible mordisco que le arranca parte del dedo gordo. La sangre comienza a caer abudantemente al agua y las pirañas, ávidas de sangre, se concentran por decenas bajo nuestro pequeño bote. 
El agua parece hervir, todo aquello impresiona. 
Afortunadamente llevo un pequeño botiquín en la mochila y conseguimos vendarle el dedo y parar la hemorragia. 

Mientras tanto, unos ciervos se acercan al agua para beber y nosotros volvemos al campamento, aún aterrados por lo sucedido. Después de comer, montamos unas hamacas para descansar mientras la chica brasileña se dedica a limpiar las pirañas que hemos pescado. 
De pronto, unos gritos de terror nos sacan súbitamente de nuestro letargo y salimos disparados hacia donde se encontraba la brasileña.
Un caimán la había estado observando pacientemente mientras tiraba al agua las tripas de las pirañas que estaba limpiando hasta que , harto de comerse las tripas, saltó al bote ante el asombro y el pánico de la chica que de un sólo salto llegó a tierra firme desde la canoa.

 









 
Tras la accidentada jornada volvemos a la posada mientras el sol va cayendo lentamente.
Durante la cena, las risas y comentarios  acerca de los percances sucedidos a lo largo del día, se sucedieron sin pausa hasta que los propietarios de la posada tuvieron la brillante idea de sacarnos una cachaça (licor local de alta graduación) elaborada por ellos mismos. 
Como era de esperar, todo desembocaría en una inesperada fiesta durante la que intercambiaremos cánticos y bailes regionales, hasta que un espontáneo guitarrista que aún no sé de donde salió, se unió al grupo para amenizar aún más el festejo. 
Una "inexplicable" inestabilidad se apoderó de nosotros cuando nos levantamos de la mesa, unas cuantas botellas después. La noche fue muy dura y la resaca aún peor.
El día siguiente lo pasé entre la cama y la ducha fría mientras mis compañeros recorrieron la zona a caballo, durante gran parte de la mañana. 
Por la tarde iniciamos la vuelta a Cuiabá pero aún tendremos oportunidad de ver en el trayecto de vuelta, un gran oso hormiguero gigante al que tuvimos al alcance de la mano.




Realmente hemos pasado cuatro días intensos en los que ha pasado de casi todo pero hemos disfrutado enormemente. 
 

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