12 agosto 2009

AMBOSELI, A LA SOMBRA DEL KILIMANJARO.


Llegamos a este parque situado a unos 140 Km al sur de Nairobi, tras un largo desplazamiento desde Nanyuki . Después de varias paradas para comprar el avituallamiento para los próximos días, en cada una de las cuales los masais rodean nuestro coche para tratar de vendernos todo tipo de artículos artesanales, llegamos al parque de Amboseli.

Este parque nacional cuyo territorio pertenece al pueblo Maasai, cuenta con una extensión de casi 400 km² y se encuentra casi a 1200 metros de altitud haciendo frontera con la vecina Tanzania.
Con sus casi 6000 metros de altitud, el Kilimanjaro se convierte en el guardián permanente de otro de los parques más emblemáticos de Kenya.
Las escasas precipitaciones, entre 350 y 400 mm anuales, hacen de Amboseli un territorio fundamentalmente seco aunque también podemos encontrar pequeños oasis donde se concentran la fauna y la vegetación.


Atravesamos el lecho del seco lago de Amboseli que en estas fechas se asemeja a un gran desierto de tierra cuarteada por la que discurren pequeños grupos de ñus y cebras levantando grandes nubes de polvo a su paso.
Los efectos de la temporada seca son evidentes y los escasos animales que vemos al entrar en el parque, soportan como pueden el abrasador calor tumbados sobre la tierra acartonada. 
Solamente en las zonas donde se concentran en estas fechas las escasas charcas del parque, los animales se muestran más activos y numerosos. 
A lo lejos, nos llaman la atención los numerosos tornados que barren el parque y que durante nuestro viaje hemos tenido oportunidad de sufrir. Como relatamos en otro artículo, mientras nos acercábamos por carretera al parque de Amboseli, nos vimos sorprendidos por uno de estos pequeños tornados. Una curiosa experiencia que nos hizo pasar unos interminables segundos de angustia. 

















No tardamos en llegar a los primeros pozos donde se apiñan los animales y observamos cómo una cebra expulsa de la zona a una solitaria hiena que huye sin ofrecer resistencia ante la envergadura de su oponente.
Durante casi tres horas recorremos el parque en lo que es nuestra primera toma de contacto antes de llegar a nuestro campamento que en esta ocasión carece de agua y luz.

Una vez montadas las tiendas y ya de noche, cogemos las linternas y pretendemos dar una vuelta por el campamento pero unos masais nos advierten del peligro de un elefante solitario que merodea por los alrededores con un comportamiento bastante agresivo así que volvemos a nuestra tienda y nos tomamos una cerveza templada en el único sitio disponible en kilómetros a la redonda.
Una gran choza cercana a nuestras tiendas hace la vez de bar aunque al no haber turismo en estas fechas, no han encendido el generador y no disponen de bebidas frías. Aún así, resulta un lujo tomar unas Tusker en el acogedor local a la luz de una vela y la única compañía de algún masai de un poblado cercano mientras Jerome prepara afanosamente la cena.

La altitud de la zona permite que la temperatura sea agradable por la noche aunque nuestro guía dice que hace frío y sin dudarlo hace uso de un polar mientras nosotros seguimos con una camiseta. 
Mañana volvemos a madrugar y estamos cansados por la larga jornada así que decidimos irnos a la tienda. 


Nos cuesta dormirnos ya que los masais de un cercano poblado, acuden hasta el campamento en un desvencijado jeep y una ruidosa moto que hacen numerosos viajes para transportar a los “sedientos guerreros” hasta el bar del campamento. 
Cuando por fin todo queda en silencio y apenas me he dormido, parece que el elefante del que nos hablaron tampoco quiere faltar a la cita y permanece un buen rato junto a nuestra tienda devorando toda la vegetación de alrededor. 
No tendrá más sitio el maldito bicho!!!

Afortunadamente,a las 6 nos levantamos y tras tomar un café rápido salimos de safari aún de noche y podemos disfrutar del despertar del día con el gigante Kilimanjaro como inigualable telón de fondo. Grandes grupos de animales comienzan a desfilar ante nuestros ojos: elefantes, cebras, ñus, hienas, chacales, leones, cientos de aves, hipos………
A las 10 el sol ya empieza a calentar demasiado y volvemos al campamento donde nos espera un desayuno a base de huevos, salchichas, tortitas, café, etc. 


A las afueras del campamento hay una fuente que extrae el agua a través de una bomba manual donde los masais acuden para aprovisionarse. Los charcos que se forman en los alrededores, son aprovechados por las aves que acuden en gran número para beber. 
Nosotros también aprovechamos para fotografíar bastantes especies diferentes hasta la hora de comer.

 

Un masai nos trae una gran pata de cabra que junto a una ensalada, arroz y tortas de maíz será nuestra comida de hoy. Con las sobras de arroz y las tortas, conseguimos que cientos de pájaros se acerquen a menos de un metro lo que nos permite sacar excelentes fotografías en un inmejorable primer plano.
Así nos entretenemos hasta que volvemos a salir de safari. 

Subimos a una pequeña colina desde la que hay unas buenas vistas del parque siempre con el Kilimanjaro cerca y tras las fotos de rigor volvemos al coche. 
Vemos un grupo de leones y bastantes hienas pero se nos sigue negando una escena de caza en directo.

Con el atardecer, regresamos al campamento. El polvo cubre nuestro cuerpo así que decidimos darnos una ducha en una pequeña caseta que dispone de una regadera colgada en el techo y que hay que llenar previamente con el agua que tú lleves. 
Tras bajar la regadera, llenarla de agua y volverla a subir una vez que estoy enjabonado, la regadera me cae encima y se parte en mil pedazos al caer al suelo.
Allí me encuentro, cubierto de jabón, sin agua y sin saber qué hacer hasta que aparece mi compañero con su ración de agua que compartimos para los dos. 

Sólo espero que no me cobrenla regadera!!

Nos tomamos una cerveza, aún riéndonos de la situación pasada, antes de cenar un pescado muy rico preparado por nuestro cocinero Jerome

Hoy dormimos mejor ya que los masais no han venido al campamento y el elefante solitario tampoco ha aparecido o al menos no nos hemos enterado.
A las 6 nos levantamos, desmontamos el campamento, desayunamos y salimos de safari.
El grupo de leones que vimos ayer, han cazado una cebra y descansan a la sombra tras el festín.

Esta vez nos hemos perdido la escena de caza por muy poco.

 













Tras más de dos horas de safari, nos acercamos hasta un lodge donde tenemos que preparar el papeleo para cruzar en convoy hasta el parque de Tsavo
Según nos explica nuestro guía,vamos a atravesar una zona conflictiva por los ataques de bandidos a vehículos así que lo haremos todos juntos y escoltados por personal armado.
Mientras nuestro guía formaliza los permisos, damos una vuelta por el lujoso lodge en el que nos encontramos. 

Vaya diferencia entre ésto y nuestro rústico campamento....
 

Afortunadamente atravesamos el territorio sin ningún incidente. Dejamos atrás al gigante nevado, continuo compañero de los últimos safaris para adentrarnos en otros parajes totalmente diferentes.
Llegamos al Tsavo, parque conocido por sus temibles leones devoradores de hombres.

 

2 comentarios :

Antonio Ruiz dijo...

Hola Aitor, excelentes fotos y magnífica redacción.

No podré ir a este Parque. Me perderé una joya de la naturaleza. Nos quedamos con las ganas. Ya será en otra ocasión.

Abrazos.

aitor dijo...

Gracias Antonio,
una pena que no visites Amboseli pero creo que con lo que vas a ver,no te acordarás mucho del "Kili".
Ya nos queda poco a los dos.