17 julio 2010

Hanoi, esencias de Vietnam.


Hanoi, capital de Vietnam del Norte desde 1954 hasta 1976, es actualmente la capital de Vietnam. Cuenta con una población cercana a los 4.000.000 de habitantes.
La multitud de influencias que ha recibido a lo largo de su historia quedan aún hoy reflejadas en su arquitectura, costumbres y forma de vida. No en vano fue colonia de China, ocupado por los franceses en el siglo XIX, por los japoneses en el XX y de nuevo, en este siglo, Francia intentó retomar su control sobre el país.
Durante la Guerra de Vietnam, sufrió la destrucción masiva de puentes y vías de transporte y comunicación que fueron rápidamente reparados.

El clima de Hanoi se reduce esencialmente a veranos calurosos y húmedos (entre Mayo y Setiembre) donde se llegan a los casi 40ºC y a inviernos frescos y secos (entre Noviembre y Marzo) en los que la temperatura baja hasta los 6º-7ºC.

Un paseo por sus laberínticas calles y callejones atestadas de gente, vehículos y comercios de todo tipo, nos harán sumergirnos en un clima típicamente vietnamita donde en más de una ocasión nos resultará difícil avanzar metros tratando de sortear los numerosos obstáculos que abarrotan incluso las aceras por las que intentamos movernos.


Llegamos a la capital procedentes de Saigón en un vuelo que apenas dura dos horas. Nos quedamos gratamente sorprendidos cuando descubrimos que nuestro billete corresponde a un asiento de primera.
Sobre las 23,30 llegamos al aeropuerto donde nos espera el que será nuestro guía en la zona norte del país: Xuang.
En un taxi nos desplazamos directamente hasta nuestro hotel, el First Chain Eden. Es un establecimiento que tiene poco que ver con el que tuvimos en Saigón ya que es mucho más modesto.

A la mañana siguiente, también comprobaremos que el desayuno también es bastante inferior al de Saigón.
A las 8,30 Xuang nos recoge y vamos con un pequeño grupo a conocer la ciudad visitando la torre de la tortuga, la pagoda de Tran Quoc (la más antigua del país) y el mausoleo de Ho Chi Min donde hay que entrar en fila y tienen montada una gran parafernalia : un gran número de militares vigila la fila repitiendo sin cesar….no cámaras, no móviles, no gafas, no hablar, no pantalón corto, no agua, no tirantes, no brazos cruzados...... todo por ver el cuerpo momificado del que dicen ser Ho Chi Min. 

El tiempo de espera en la cola puede llegar a ser considerable.


Visitamos también la pagoda del pilar único y el museo etnológico donde podemos ver las construcciones y costumbres de algunas de las 56 etnias distintas que habitan el país, el templo de la literatura donde se examinaban los universitarios y donde numerosas tortugas construídas en piedra representan a los mejores estudiantes.
Hay también un altar de Confucio mostrando la gran influencia china en esta parte del país.



 





















Dejamos la visita del templo de Ngoc Son para la tarde ya que el calor aprieta y decidimos ir a comer primero, más que nada por tomarnos un pequeño relax y bebernos unas cervezas. 
Tras la visita al templo, volvemos al hotel a descansar y darnos una merecida ducha. 

 














Con las últimas luces del día y provistos de un mapa de la ciudad, nos lanzamos a recorrer las calles de la misma que están abarrotadas de gente; las motos aparcadas en las aceras hacen difícil pasear por ellas y continuamente tenemos que invadir la carretera. Es todo un desenfreno de actividad y bullicio.
Finalmente cenamos en el Little Hanoi unos rollitos, una especie de filete con patatas fritas, fruta y dos Vietnam beer 118.000; unos 6€
Ha sido un día intenso y decidimos volver al hotel ya que mañana madrugamos para visitar los túneles de Cuchí; son casi las 12 de la noche.

Tras la visita de Cao Dai y Cuchí, pasamos otra tarde en Hanoi durante la que nos acercamos a conocer una de las zonas más emblemáticas de la capital como es el popular lago de Hoan Kiem situado en el centro de la ciudad, muy cerca del barrio antiguo. Aquí las calles son más anchas y el ambiente más tranquilo. Disfrutamos de un paseo en un clima mucho más relajante y cenamos algo antes de volver a nuestro hotel para preparar una pequeña mochila para pasar tres días en Halong.



Lago Hoan Kiem

A la vuelta de Halong, disponemos de bastantes horas hasta que tomemos el tren nocturno que nos llevará a Sapa por lo que Xuang nos dice que tenemos una cena extra en Hanoi a pesar de no estar en “el programa”.
De cualquier forma es aún pronto y nos propone darnos una ducha y descansar un poco en algún hostal barato donde se hospedan los vietnamitas; nos dice que eso correrá por su cuenta porque tampoco estaba previsto. Curiosamente, tras intentar acceder a varios de estos establecimientos,en todos recibimos la misma negativa: no es lugar para turistas.


Así pues, toca otra vueltita por las calles de Hanoi, eso sí, de forma tranquila y relajante degustando ricos helados y sabrosas cervezas hasta la hora de cenar. 

Nos vuelve a sorprender Xuang cuando nos lleva a un lujoso restaurante del que no disfrutamos como nos hubiese gustado ya que no tenemos mucho hambre.
El tiempo se nos echa encima y es la hora de salir hacia la estación para coger el tren nocturno que nos llevará a la zona de Sapa.
A la salida del restaurante nos espera una chica a la que Xuang nos presenta como su novia, una tímida joven vietnamita que nos acompaña hasta la estación para despedirnos.

Tras nuestro paso por Sapa, aún pasaremos otra noche en Hanoi cuando nuestro tren de vuelta llegó a la capital.

Eran aproximadamente las 5 de la mañana y el avión que nos llevaría a Hue, no salía hasta las 12 por lo que volvimos al hotel para descansar unas horas. Fue gracioso llegar a esas horas al hotel y comprobar que estaban todas las luces apagadas y no había nadie en recepción; llegamos incluso a pensar que estaba cerrado antes de que el ruido de la puerta al cerrarse tras nosotros provocó que decenas de vietnamitas aparecieran repentinamente por todas las esquinas mientras se desperezaban entre bostezos y sonrisas de bienvenida. 
La puerta del pequeño cuarto donde guardaban los enseres de limpieza también se abrió para dejar salir a otro sorprendido y dormido vietnamita que nunca llegaré a entender qué postura adoptó para dormir en aquella ratonera de apenas un metro cuadrado.
Fue una graciosa despedida de esta peculiar, caótica y bulliciosa ciudad puramente vietnamita.

 

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