06 junio 2011

Delhi, una gran bofetada de sensaciones. INDIA


Delhi fue la encargada de recibirnos y despedirnos del país. 
Tras un viaje de 7 horas y media desde París, llegamos a las 0,30 hora local al aeropuerto Internacional Indira Gandhi. Al salir nos están esperando para llevarnos en una furgoneta hasta el que será nuestro primer hotel en India, el Regent Continental
No tenemos ni idea de dónde nos encontramos y la recepción se encuentra desierta a nuestra llegada. 
Una vez registrados, nos entregan toda la documentación del que será nuestro viaje por los distintos parques indios y nos vamos a dormir. 
La habitación es muy sencilla aunque tiene aire acondicionado, ventilador, tv y baño privado. Sin ninguna duda, resultó el peor hotel de todos los que íbamos a conocer posteriormente durante el viaje.
Habíamos quedado a las 11,45 de la mañana para tomar el tren que nos llevaría a Ranthambore pero no pudimos dejar de resistirnos a realizar la primera toma de contacto con el país y de paso, ver los alrededores de nuestro hotel.

Al bajar a desayunar, al día siguiente, comprobamos que hay más turistas alojados allí y tras servirnos un café, unas tostadas, un poco de fruta y una tortilla francesa, salimos al exterior con la expectación del que no sabe qué es lo que se va a encontrar.
Nada más girar la primera esquina, nos topamos con calles que bullían actividad por sus cuatro costados. Coches , rickshaws, bicis, vacas, perros y gente……mucha genteeee.
A pesar de que las calles se encontraban sin asfaltar y abundaban los charcos de agua de dudosa procedencia, agradecimos que los olores brillaran por su ausencia. Sin saberlo nos hallábamos inmersos en Karol Bagh, el mayor centro comercial de India y seguramente de todo Asia. 

Las tiendas y tenderetes se agolpaban por todos los rincones. Cualquier objeto susceptible de ser comprado o vendido, se encontraba allí, de eso no tenía la menor duda.


 















 



 
Pero nosotros no habíamos salido de compras, ni siquiera teníamos rupias por lo que nuestro primer objetivo era cambiar algo de dinero. Resultó una ardua tarea encontrar un banco que cambiara nuestros euros en rupias. Los bancos se reducían a oscuras lonjas con un largo tablón que hacía las veces de mostrador. En varias ocasiones, la respuesta se repitió: no change!
El último banco donde lo intentamos, nos remitió al Western Union. Salimos en su busca convencidos de que se trataba de un banco hasta que descubrimos un cartel que lo anunciaba; allí venden billetes de avión, de tren, de autobuses, tours y además …………. cambian dinero!! Cambiamos nuestras primeras rupias a 60 por euro y volvemos al hotel entre edificios ruinosos y calles abarrotadas. 
Cuando llegaron a recogernos para llevarnos a la estación de trenes, pagamos lo que teníamos pendiente del total del viaje y nos despedimos de Delhi y del hotel hasta nuestra vuelta al final del viaje.

Y así fue; después de 12 intensos días de safaris y visitas, llegamos al aeropuerto de Delhi procedentes de Nagpur para tomar al día siguiente, nuestro vuelo de regreso. 
Eran sobre las 8 de la tarde y en esta ocasión, llegar hasta el hotel nos costó un buen rato ya que las carreteras se encontraban colapsadas. 
Cuando entré a la habitación, me tumbé en la cama y decidí no salir hasta el día siguiente. Los continuos madrugones para salir de safari, se dejaban notar y mi cuerpo pedía descanso. 

Al día siguiente nos levantamos casi a las 8, récord del viaje!!
Nos han prometido que nos dejan la habitación hasta las 14h para que nos duchemos y descansemos un poco si lo deseábamos ya que nuestro vuelo sale a la 1,45 de la madrugada.
Tras el desayuno, salimos al exterior con la idea de quedarnos por allí toda la mañana haciendo algunas compras para más tarde lavarnos un poco en la habitación e irnos al centro a pasar la tarde.
Son las 9 cuando salimos a la calle y vemos que está todo cerrado aún. Poco a poco el barrio se va despertando y las calles van ganando en ambiente y bullicio. 

Compramos unas bolsitas de picante y especias en un pequeño puestecillo de un animado mercado en el que los locales hacen sus compras y apenas sin darnos cuenta, es la hora de volver al hotel para dejar definitivamente la habitación. 
Dejamos las mochilas en un pequeño cuarto y salimos en busca de un tuk-tuk que nos acerque hasta el centro.


 















Tras comer, entramos en el bazar Tikala donde descubrimos otra ciudad subterránea repleta de puestos en los que se vende absolutamente de todo.
Así pasamos nuestras últimas horas en esta gigantesca ciudad. Nos abandonamos por sus calles con la tranquilidad de aquel que no tiene prisa, saboreando los exquisitos zumos que nos ofrecían por las calles que atravesábamos. Mientras tanto, los incansables milanos sobrevolaban nuestras cabezas en busca de alguna paloma despistada a la vez que la densa atmósfera de la envolvente Delhi, nos apresaba sin piedad obligándonos a degustar al máximo nuestros últimos instantes en este mágico y sorprendente rincón del mundo.

























 
 

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