26 diciembre 2011

De Arusha a Mombasa, un largo traslado en transporte público.


Los safaris por Tanzania han llegado a su fin.  
Ngorongoro ha supuesto el punto final a once días de safari repartidos entre el Masai Mara en Kenya y los parques del norte de Tanzania. 
Hoy nos levantamos sin prisas, con tiempo de sobra para organizar las mochilas y desayunar con calma.


Son alrededor de las 9 de la mañana cuando aparece Abel para llevarnos de vuelta a Arusha. Aún abusaremos un poco más de su amabilidad y le pedimos que nos lleve a algún sitio para comprar música y algunos regalos, además de los billetes de autobús que mañana nos llevarán hasta Mombasa.
Tras las compras,nos acerca hasta la calle donde se concentran las empresas de autobuses para hacernos con 5 billetes a Mombasa por 18.000 chelines (unos 8€) cada uno, con la empresa Shimba.
Una vez finalizadas todas las gestiones, Abel nos lleva al hotel Mont Meru para comer. Nos despedimos de él tras agradecerle sus servicios y entregarle una pequeña propina bien merecida.

Nuevamente disfrutamos de una relajada y agradable comida antes de que apareciera Elisante para preguntarnos qué tal nos fue todo y si habíamos tenido algún problema. Además, nos acompañaría hasta el hotel donde nos alojaremos esta noche antes de partir hacia Mombasa


Se trata del Arusha Center Tourist Inn, un hotel muy básico pero suficiente para pasar una noche. La habitación doble con desayuno incluído, nos costará 35$ y a pesar de ser muy pequeña, tiene televisión, mosquitera y baño en su interior; además se encuentra a 5-10 minutos andando de la estación de autobuses.
Una vez instalados, decidimos salir a dar una vuelta por la ciudad. 


Arusha no resulta una población acogedora; ofrece una imagen sucia y pocos atractivos para el visitante, aparte de su gran actividad comercial en la zona donde se concentran la mayoría de sus tiendas. Las calles están sin asfaltar y debemos ir esquivando los charcos y la basura. Aún así aprovechamos para gastar nuestros últimos chelines haciendo algunas compras. 



Recorriendo sus callejuelas, damos por casualidad con un gigantesco mercado callejero donde los locales hacen sus compras y donde de inmediato, somos absorvidos por una bulliciosa y frenética actividad que amenaza con devorarnos. La noche se nos ha echado encima sin darnos cuenta y un educado tanzano se nos acerca para advertirnos de que no estamos en el lugar más adecuado para unos extranjeros; tras darnos la mano y despedirse cordialmente, siguió su camino. Como siempre he considerado que un consejo desinteresado es conveniente tenerlo en cuenta, abandonamos el lugar para comer algo antes de ir a la cama. 


No dormiremos demasiado ya que a las 5 de la mañana comienzan las oraciones en una cercana mezquita. Tras un rápido desayuno, cogemos las mochilas y nos acercamos hasta la estación de autobuses de donde partiremos puntualmente a las 7,15.
Tardamos 3 horas hasta el paso fronterizo de Taveta



En el autobús nos han entregado las tarjetas de salida y entrada para tenerlas ya rellenadas a nuestra llegada a la frontera. No debemos pagar un nuevo visado al entrar de nuevo en Kenya ya que nos vale el que sacamos a nuestra llegada hace casi dos semanas. Lo que sí nos exigen, es la cartilla de vacunación contra la fiebre amarilla; en caso de no llevarla, tienes la opción de vacunarte allí mismo.
Una vez formalizados todos los trámites, el autobús para en una zona donde se concentran los vendedores de comida y bebida. 
Sin bajarnos del autobús, compramos algo de fruta y frutos secos para el camino.

Hasta ahora hemos circulado por carreteras asfaltadas pero en Kenya, recorreremos durante horas pistas de arena y barro en un estado bastante deplorable. 
El lado positivo de esta parte del recorrido es que cruzaremos el Tsavo y desde el autobús tendremos la oportunidad de avistar elefantes, jirafas, kudus, kobos de agua, etc convirtiéndose el viaje, en el safari más barato de todos los que hemos realizado. 
Por otro lado, utilizar el transporte público nos permite observar la extrema dureza del día a día africano. 
Los mercados, la recolección de agua y madera, el cuidado del ganado, los desplazamientos escolares y los orgullosos rostros africanos nos mantienen cautivados durante todo el viaje.

 













Un charlatán que vende todo tipo de brebajes se sube al autobús y nos torpedea con sus gritos y demostraciones durante una larga y original actuación; todo ello en un perfecto swahili.
Pero aún nos quedaba lo más duro por superar. Un bestial atasco que nos mantiene retenidos durante horas, provoca que las 7-8 horas de viaje, se conviertan en más de 10.
Son cerca de las 6 cuando llegamos a Mombasa y no tardan en abordarnos para ofrecernos todo tipo de servicios. 


Debemos llegar hasta nuestro hotel en Tiwi y un chico se nos acerca para ofrecernos un tuk-tuk. Aunque de entrada lo rechazamos porque la experiencia nos dice que no es el mejor transporte para hacer recorridos fuera de la ciudad, ya es sabido que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y no tardamos en acabar aceptando.
Dejamos bien claro las condiciones: tenemos que sacar dinero y parar en un supermercado para comprar algo de comida antes de salir hacia el hotel. El precio sería de 1600 chelines por dos tuk-tuk.


Tras cambiar unos chelines en un casino (1€=135) y comprar algo de comida y bebida en un supermercado cercano, salimos hacia un destino que ellos aseguraban conocer. Pronto empezaron los problemas.
Debemos atravesar un transbordador y el conductor de nuestro tuk-tuk, no duda en pedirnos dinero para pagarlo; estamos cansados y tenemos ganas de llegar por lo que no discutimos y aceptamos; poco después, el otro tuk-tuk se queda sin luces en una carretera totalmente oscura. Optamos por pasar delante nosotros pero no tardamos mucho en tener que volver a parar ya que se han perdido. Piden ayuda en un poblado cercano y un tanzano motorizado no tarda en acudir a nuestro rescate. Realmente, el hotel se encuentra en un recóndito lugar al que accedemos a través de una pista que atraviesa la jungla.


Nuestra llegada es triunfal: una moto abriendo la comitiva y seguida por dos tuk-tuk sin luces y cargados con 5 personas y su equipaje. En la recepción se esfuerzan por disimular unas sonrisas difícilmente contenidas. Los conductores insisten en pedirnos más dinero porque aseguraban desconocer que el hotel estaba tan lejos; es la ley de Africa, minutos antes juraban saber perfectamente la ubicación del alojamiento.
Ya es noche cerrada y no podemos apreciar el lugar pero lo más importante es que HEMOS LLEGADO!! 
Hemos reservado una cabaña standard para 6 personas y la verdad es que a pesar de que la cocina y los baños necesitan una pequeña reforma, no nos defrauda en absoluto. 
Tras preparar algo de cena, tomamos unos rones en la coqueta terraza desde la que podemos oír las olas del cercano mar. Hasta mañana no podremos disfrutar de las vistas que nos ofrece el lugar.  
Nos vamos a la cama, ansiosos de que amanezca para poder ver las maravillas que nos rodean.

Próximo capítulo: La costa Kenyata.TIWI(I)



3 comentarios :

Antonio Ruiz dijo...

Hola Aitor, llegas al paraíso. Espero que tiwi no te decepcionara. Espero impaciente el relato de esta parte del viaje. Vaya aventura por el camino hasta llegar aquí.

Abrazos.

aitor dijo...

El desplazamiento hasta allí se hizo eterno pero mereció la pena.
Un excelente lugar para olvidarse del mundo y recuperar fuerzas...

Un abrazo!!

Antonio Ruiz dijo...

Muy buenas, Aitor.

No sé si conoces los Premios Liebster. Yo he conocido hace unos días la iniciativa y he elegido a tu blog como uno de mis blogs favoritos. Puedes leer en mi blog de qué va el tema si no los conoces, aunque lo dudo.

Un abrazo.