05 enero 2012

Ngorongoro.TANZANIA.


No resulta extraño escuchar a menudo,alabanzas sobre la excelencia y singularidad del cráter del Ngorongoro. 
Es conveniente, sin embargo, tener clara la diferencia existente entre el mismo y el Area de Conservación de Ngorongoro.
El cráter tiene un diámetro aproximado de 20km y su extensión total no alcanza los 300 Km², lo que apenas constituye un 3% del verdadero Area de Conservación de Ngorongoro.

Pero es este profundo y espectacular socavón volcánico que actua a modo de recinto semicerrado para el gran número de animales que recorren diariamente su reducido territorio, el que se ha convertido en el principal punto de atracción turística.
Como fechas reseñables en la historia de este parque, citaremos 1959 como el año de su creación, en el 75 se prohiben los cultivos en el cráter, en el 79 se declara Patrimonio de la Humanidad y en el 81, el área Serengeti-Ngorongoro es reconocida como Reserva de la Biosfera.
En el área se reconoce el derecho a vivir y pastorear de las tribus masais que actualmente habitan esta zona. Curiosamente, con anterioridad, éstos arrebataron las tierras a otras tribus bantúes que lo habitaron 150 años atrás.

 
Entre la base del cráter y sus bordes, existe un desnivel que oscila entre los 400 y los 600 metros mientras que en el área de Conservación de Ngorongoro podremos pasar de los 960 a los más de 3600 del monte Loolmalasin.
A pesar de que su cráter no se encuentra inundado como sucede en otros volcanes inactivos, posee en su interior un pequeño lago salado, el Makat y un pantano, el Gorigor.

El Area de Conservación reúne hábitats tan diferentes como la selva tropical, tierras semidesérticas y espectaculares escenarios volcánicos que a su vez gozan de su particular microclima. Así mientras las altas tierras del norte poseen un típico clima húmedo y brumoso, las zonas semidesérticas sufren diferencias térmicas que van desde los 2ºC hasta los 35ºC, recibiendo unas precipitaciones anuales de unos 500mm. Las laderas orientales del cráter, tapizadas por una densa selva tropical, llegan a superar los 1700mm al año.

En el interior del cráter podremos encontrar casi todas las especies más comunes, incluyendo los grandes depredadores y al tímido rinoceronte negro, especie muy difícil de observar fuera de este lugar.
Tras el desayuno recogemos el picnic que llevaremos con nosotros ya que pasaremos toda la jornada en el interior del cráter.

Como ya he comentado anteriormente, el hotel Ngorongoro Farm House está fuera del parque y nos llevará entre una hora y hora y media llegar hasta nuestro objetivo. Comenzamos a ascender entre una densa niebla que casi provoca el atropello de una despistada hiena que se cruza en la pista. Apenas vemos un metro más allá de nuestras narices pero poco después de tomar la pista que comienza a descender y como por arte de magia, aparece ante nosotros un escenario majestuoso: el cráter del Ngorongoro.
 
Nos pilla por sorpresa y esto hace que la visión parezca aún más sobrecogedora. El frío nos obliga a ponernos toda la ropa que llevamos encima y los animales parecen estar todavía desperezándose con el frescor de la mañana. 
Las primeras hienas no tardan en aparecer así como algunos de los leones que integran una de las cinco manadas que según nuestro guía, habitan el cráter en la actualidad.
Se trata de dos leones machos que parecen renqueantes, seguramente a causa de alguna pelea territorial. 
Para nuestra desgracia parecen tener la tripa llena ya que una numerosa manada de ñus se acercan bastante para beber sin que éstos muestren el menor interés por ellos.


Más hambrientas parecen estar un grupo de hienas que no dudan en atacar al grupo de ñus pese a que finalmente no logran su objetivo. Tras tensos momentos y carreras, parece que no han encontrado la víctima propicia.

  
Más adelante nos encontramos con una leona más afortunada que ha conseguido capturar una cebra que tiene a medio devorar. El resto de cebras se mantiene a una distancia prudencial pero no abandonan el lugar como si aún mantuvieran la esperanza de que su compañera se reuniera con ellas.

 














No mucho más lejos otro depredador, en este caso un guepardo, devora entre la vegetación otra presa que no alcanzamos a distinguir. 
Elefantes, hipos, ñus, gacelas, leones, hienas y un grupo de flamencos que aún permanece en el semiseco lago salado, son algunos de los animales que podemos observar antes de hacer una parada para comer en la zona donde se concentra la mayor parte del agua en estas fechas.
Una vez más, los milanos vuelan amenazantes a poca altura siempre preparados para hacerse con algún bocado fácil.


Pero esta vez es un pequeño pájaro tejedor, el que se me abalanza hasta la boca tratando de llevarse un trozo de mi sandwich.
Parece claro que aquí no se sabe dónde está el peligro, vaya susto me ha dado!!! 



Tras la accidentada comida, nos topamos con un grupo de leones.
Uno de ellos mantiene su vista clavada en unas gacelas no muy lejanas. De pronto y ante los susurros de júbilo de los que allí nos encontrábamos, se dirige hacia ellas. 

Permanecemos un buen rato esperando el desenlace final pero a pesar de que el felino avanza lentamente ocultándose entre los arbustos, finalmente es descubierto, lo que provoca su retirada. 
Posiblemente era nuestra última oportunidad de ver una escena de caza y no ha tenido éxito, una verdadera lástima.


                  

Nuestro guía decide que es el momento de ir en busca del esquivo rinoceronte y no tardamos en dar con él; siempre según nuestro guía, aquí viven 34 ejemplares de rinoceronte negro. No hay rinoceronte blanco.
Una pareja de hienas que no cesan de copular, no dudan en enfrentarse al sorprendido rinoceronte que no tarda en hacerlas huir.  Este incidente no causará mella en la pasional conducta de los depredadores que continuarán dedicados en cuerpo y alma a la encomiable tarea que supone la reproducción.
No es difícil observar algún rinoceronte en Ngorongoro aunque en ocasiones éstos se encuentran bastante alejados. En nuestro caso podemos decir que tuvimos relativa suerte ya que cuando lo descubrimos estaba muy lejos y se fue acercando paulatinamente hasta quedarse a 150-200 metros de donde nos encontrábamos.


Un chacal dorado, especie distinta a los que habíamos visto hasta ahora y un grupo de cebras alertas ante la presencia de otro grupo de leones, pusieron el punto final a nuestro paso por este fantástico rincón del mundo.
La anécdota de la jornada vino provocada por un súbito e inaplazable problema estomacal que padeció un integrante del grupo. 

A pesar de que cinco manadas de leones, cientos de hienas y otros tantos depredadores recorrían los alrededores, nuestro compañero no dudó en bajar del vehículo y dejar su huella para la posteridad en Ngorongoro, ante la mirada nerviosa de nuestro guía y las risas del resto del grupo.


Son ya casi las 5 de la tarde y nos queda una hora de camino hasta nuestro alojamiento. Sólo pararemos una vez para ver una preciosa Águila crestilarga ( Lophaetus occipitalis ) antes de llegar al Ngorongoro Farm House. 
Esto se acaba pero aún tengo tiempo de sentarme en la terraza de mi habitación y admirar, mientras apunto en mi cuadernillo los acontecimientos del día, una preciosa puesta de sol sólo interrumpida por grandes bandadas de pajarillos que emiten un peculiar zumbido cuando acuden a guarecerse de la noche, a sus habituales dormideros.
Seguramente podría soñar con mejores finales pero éste ha resultado ser todo un espectáculo.


Próximo capítulo: De Arusha a Mombasa




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