15 enero 2012

Serengeti ( III )


Tras un reconfortante desayuno a base de café, fruta, bacon, salchichas, tortillas y una deliciosa bollería, salimos de nuevo a recorrer las verdes praderas del Serengeti.
Nuestro primer objetivo será visitar el árbol donde ayer un leopardo había colgado su presa. Cuando llegamos, advertimos que durante la noche el felino había llevado los restos del infeliz impala hasta unas ramas más altas que donde lo había dejado ayer; parece que el felino, hoy ausente, ha quedado ya saciado y una gran águila está sobre el cadáver dando buena cuenta de los escasos restos que ha dejado el leopardo.

No muy lejos de allí, tenemos la oportunidad de ver a lo lejos nuestro primer guepardo tanzano. 
Pero el Serengeti y más concretamente el área de Seronera donde nos encontramos, está empeñado en demostrarnos que es un lugar privilegiado para ver felinos y no tarda en brindarnos otro gran avistamiento: tres leopardos caminan tranquilamente entre las altas hierbas de la pradera; según nos comenta Abel, se trata de una hembra con sus dos crías aunque éstas gozan ya del mismo tamaño que su madre.




No mucho más tarde aún tenemos ocasión de ver otro guepardo a lo lejos, parece que hoy es el día de los gatos….
Nuestra estancia en Seronera se acerca a su fin aunque aún tenemos tiempo de admirar dos leonas que no pierden de vista a una gran manada de búfalos y otro numeroso grupo de enormes elefantes que deambula por los alrededores.




Antes de tomar la pista principal que nos llevará a Ngorongoro, aprovechamos para preguntar a Abel algo que nos había llamado la atención desde nuestra llegada a Serengeti; la existencia de una especie de lonas azules, abundaban colgadas de árboles y arbustos por muchas zonas del parque. Abel nos indicó que estas telas se impregnaban con insecticidas y estaban destinadas a exterminar las moscas tse-tse.
No habíamos abandonado aún el parque cuando desde la pista principal por la que transitábamos, avistamos a escasos metros un precioso guepardo sobre un termitero. De repente y por sorpresa, otro ejemplar asomó su cabeza entre la hierba haciendo las delicias de todo el grupo. Por si nos quedaban dudas, ésto nos deja claro que en el momento y lugar menos esperado puede surgir la sorpresa; además, en esta ocasión disfrutamos del avistamiento con total tranquilidad y en absoluta soledad.



 

 A lo largo de todo el camino continuamos viendo animales: topis, alcéfalos, jirafas, avestruces en pleno ritual de cortejo, etc, etc.





El camino es largo pero no se nos hace nada pesado gracias a las charlas que mantenemos con Abel, tanto sobre la fauna como sobre asuntos mucho más mundanos. 
Abel pertenece a la tribu Iraqw que cuenta con una población cercana al medio millón de individuos y que habita principalmente en el área abarcada entre Arusha y Manyara, al sur del cráter del Ngorongoro.
La diferencia cultural a la hora de entender cuestiones como la educación de los hijos y las relaciones de pareja son una fuente inagotable para las risas y comentarios jocosos por ambas partes. Todo ello ha contribuído a crear un buen ambiente en el grupo y hacer más llevaderos los largos desplazamientos por el Serengeti.

No pararemos hasta llegar a la zona donde nos comeremos el almuerzo que nos prepararon en el hotel antes de salir. Como de costumbre, hay unas mesas alrededor de las cuales se amontonan los pajarillos a los que en esta ocasión se unen también unos simpáticos ratones que corretean bajo nuestra mesa. 
Tenemos un pequeño incidente con un guarda que acusa a un integrante del grupo de haber echado comida a los animales cuando lo cierto es que lo único que hizo fue sacudirse las migajas que tenía encima. Llegamos a la conclusión de que buscaba dinero aunque por suerte, todo volvió a la calma sin más problema.



Proseguimos la ruta, atravesando una zona tapizada por curiosas formaciones rocosas denominadas kopjes, rocas de granito milenarias que sobresalen en las llanuras a modo de “pequeñas cabezas”, que es lo que viene a significar en la lengua Africaans.
Los kopjes gozan de su propio ecosistema capaz de albergar una gran variedad de plantas y vida salvaje entre la que no es difícil observar a los grandes depredadores. No es éste el caso y en esta ocasión nos tenemos que conformar con cebras, antílopes y numerosos lagartos que toman el sol sobre las rocas recalentadas.
Nos acercamos hasta varios kopjes y los rodeamos lentamente buscando los ansiados depredadores pero la búsqueda resulta estéril. Otra vez será.
Aún así, la visita a este curioso hábitat ha resultado muy interesante y recomendable.

 
Nuestra siguiente visita es la garganta de Olduvai también conocida como la “cuna de la Humanidad” gracias a los yacimientos paleontológicos hallados en la zona. Particularmente no me pareció una visita imprescindible aunque quizás los aficionados a la paleontología no opinen lo mismo.
Durante el desplazamiento a estas instalaciones, sufrimos una curiosa tormenta de arena que según nos comentaron, era algo bastante infrecuente en esta zona.
Con esta visita dábamos por finalizada la jornada y ya sólo nos quedaba llegar a nuestro siguiente alojamiento, el Ngorongoro Farm House.
El complejo nos recibe con grandes y cuidados jardines además de piscina, restaurante y una huerta ecológica donde se cultivan muchos de los vegetales que se consumen en su cocina. Las habitaciones son enormes y tienen una acogedora chimenea que se puede utilizar en la época más fría. Como único punto negativo, diré que se encuentra en las afueras del parque y no dispone de vistas al cráter pero en mi opinión, no deja de ser un lugar muy cómodo, agradable y acogedor.


Esa misma noche,en su restaurante, pude saborear la mejor carne a la plancha del viaje mientras los cocineros y camareros ponían la nota divertida del momento, al salir todos de las cocinas formando una cadeneta a la vez que cantaban para acercarse a un sorprendido guía que cumplía años ese día; por supuesto, compartió su tarta con todos no
sotros.
Es hora de dormir, mañana visitaremos el último parque de nuestro safari, el Ngorongoro.


Próximo capítulo: NGORONGORO

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