05 febrero 2013

Península Valdés (I). Las ballenas francas.


La protagonista indiscutible de nuestro próximo destino será la ballena franca del sur (Eubalaena australis). Este cetáceo que llega a alcanzar los 17 metros de longitud y las 40 toneladas de peso, se acerca hasta las aguas de Península Valdés para dar a luz a sus crías. 
Desde mediados del mes de Junio hasta mediados de diciembre permanecen en sus alrededores haciendo las delicias de todo aquel que se acerca para observarlas. 
Gracias a las callosidades de queratina que presentan en su cabeza, pueden ser identificadas con relativa facilidad. La ballena franca posee también, dos espiráculos por los que expulsa el aire provocando una peculiar nube en forma de V que las caracteriza y por las que pueden ser avistadas a muchísimos metros de distancia.



Una vez son aptas para la reproducción, a partir de los 3-4 años, las hembras paren un ballenato cada 3 años.  Su gestación se prolongará durante 12 meses pariendo un ballenato de unos cinco metros y medio  y el periodo de lactancia se mantendrá durante otro año más aproximadamente. 
Las hembras solamente retornarán a Península Valdés cada tres años mientras los machos repetirán el viaje anualmente.
Debido a su caza indiscriminada, la especie estuvo a punto de extinguirse hasta que en 1935 se declaró especie protegida, y en 1946 se constituyó la Comisión Ballenera Internacional a la cual se adhirieron la mayoría de países dedicados a su caza. 
Afortunadamente parece que la población se va recuperando y en la actualidad se calcula que su población ronda los 3000 ejemplares.

Salimos de Madryn dirección a Puerto Pirámides tras degustar los excelentes bizcochos de nuestro hostel.   
Mientras dos componentes del grupo lo hacen en autobús, los cuatro restantes emprendemos otra ruta diferente ya que pretendemos hacer todas las paradas que consideremos oportunas antes de llegar a nuestro destino; son las ventajas de disponer de un coche.
Habíamos leído que desde la playa del Doradillo, existía la posibilidad de avistar ballenas así que hacia allí nos dirigimos. 
Cuando llegamos, descendimos del coche y no tardamos en observar a lo lejos, los gigantescos cuerpos de estos cetáceos cuando salían a la superficie para respirar. Permanecimos durante mucho tiempo hipnotizados por el espectáculo, distinguiendo en el horizonte los chorros de agua que las ballenas expulsaban al exterior. Tan ensimismados estábamos que ni siquiera nos dimos cuenta de que un guardaparques se había acercado hasta nosotros en la playa. Nos comentó que si queríamos ver ballenas cerca,iríamos hasta la siguiente playa, la de Las Canteras ya que había un grupo cerca de la orilla. Nos faltó tiempo para montar de nuevo en el coche y salir hacia allí rápidamente.


Cuando llegamos no podíamos creer lo que estábamos viendo: dos ballenas se encontraban en la misma orilla haciendo las delicias de los que allí se habían congregado. Ahora ya no las veíamos a lo lejos sino que estaban a menos de 10 metros de nosotros. La emoción de tener aquellas monstruosas criaturas al alcance de la mano, era indescriptible.


Desconozco el tiempo que permanecimos observando el espectáculo porque el reloj dejó de tener sentido y estábamos totalmente entregados a la exhibición de los cetáceos.
Encantados de la experiencia vivida, montamos de nuevo en el coche para hacer alguna parada más adelante en busca de nuevas sorpresas.

En la playa de Bañols hicimos nuestro siguiente alto en el camino. Sorprendentemente, todas las ballenas habían desaparecido del horizonte pero nos llamó la atención una mancha blanca en la arena. Al acercarnos descubrimos a un petrel gigante que estaba alimentándose de los restos de un enorme animal marino que fuimos incapaces de identificar debido a su avanzado estado de descomposición. Dado su enorme tamaño y sus potentes colmillos llegamos a pensar que podía tratarse de una morsa pero posteriormente nos aseguraron que eso era imposible.

Ya no paramos hasta llegar a la entrada del parque donde abonamos los 100$ por persona que cuesta la entrada más 8$ por el coche. Nos informan de que si nos alojamos en Pirámides, podemos salir y volver a entrar al parque gratis si enseñamos el justificante del hotel donde nos alojamos. Sólo tendríamos que pagar los 8$ del coche.
La próxima parada es en el centro de visitantes donde recopilamos información acerca de la fauna que podemos encontrar en la zona. 
Hemos perdido la noción del tiempo y sólo nos hacemos conscientes de él cuando recibimos una llamada de los compañeros que han llegado a Pirámides en el autobús preguntándonos dónde estamos. Es la hora de comer y queríamos salir hoy en barco a ver ballenas. 


Han estado preguntando los precios y horarios y decidimos hacer el llamado “sunset” ya que aunque es la salida más cara, permanece más tiempo con las ballenas. No podremos disfrutar de la puesta de sol ya que el cielo está totalmente cubierto pero confíamos en ver muchas ballenas.
Nos alojamos en cabañas La Posta y tenemos reservadas dos amplias cabañas por las que pagaremos 350$ por cada una al día.
Aún tenemos tiempo para comer unos langostinos y unos calamares antes de embarcar con la empresa Hydrosport a las 5 de la tarde. 


Hemos pagado 600$ por persona y nos aseguran que sólo viajaremos unas 15 personas en la amplia zodiac que nos ofertan.
Un gran tractor nos introduce en el mar para comenzar la aventura tras equiparnos con chalecos salvavidas y forrarnos con ropa suficiente para afrontar el frío que nos espera.
Comenzamos pasando cerca de unos lobitos y una colonia de cormoranes donde nos detenemos para intentar hacer unas fotografías. No tardamos en comprobar que será una misión casi imposible dado que el mar está bastante movidito.

 















Una vez hemos dejado atrás los lobitos, no tardan en aparecer las primeras ballenas ante los gritos de admiración de todos los presentes. A pesar de que nuestros guías se muestran un poco preocupados por el aumento de mortalidad experimentado este año entre los ballenatos, decenas de ballenas no tardaron en mostrarse ante nosotros haciéndonos vibrar de nuevo de emoción. Ballenatos recién nacidos, jóvenes juguetones empeñados en seguirnos, hembras que se escondían bajo la zodiac para protegerse del acoso de los machos, estábamos superados y abrumados por la presencia de tantas ballenas.



 


Sólo la mala luz y el agitado mar que nos impedían sacar buenas fotografías, ponían la pequeña y única nota negativa de la jornada.
A pesar de esto, la experiencia ha sido extraordinaria y jamás olvidaré el resoplido de la primera ballena que se acercó a nosotros y que consiguió ponerme los pelos de punta. Totalmente indescriptible.
Ya sólo queda culminar el día con una excelente cena en La Estación mientras recordamos todos los maravillosos momentos que hemos vivido a lo largo del día y cómo hemos ido descubriendo las ballena s,en un principio desde la distancia en El Doradillo, para acabar teniéndolas al alcance de la mano en su medio natural, el mar.
Mañana dedicaremos el día a recorrer la Península valdés en busca de su rica y variada fauna.

Capítulo anterior: Punta Tombo,el Reino de los pingüinos
Próximo capítulo: Recorriendo Península Valdés

2 comentarios :

Antonio Ruiz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio Ruiz dijo...

Bueno, no está para nada mal la primera experiencia ballenera. Buen dato ese que das de los 3000 ejemplares que quedan gracias a la veda de su caza.

Qué suerte con el guarda parques, si no no veis nada de nada.

Voy a pasar al segundo relato de Peninsula Valdés, a ver con qué me sorprendes.

Un abrazo.