25 enero 2013

Recorriendo Península Valdés.


Tras el espectáculo ballenero del día anterior, nos disponemos hoy a visitar los puntos más emblemáticos de Península Valdés en busca de su fauna. Somos seis personas y nuestro coche sólo tiene capacidad para cinco pero uno de los integrantes del grupo ya conoce la zona y prefiere hacer una excursión a pie hasta la cercana colonia de lobos marinos para aprovechar esa misma tarde para volver a salir al mar en busca de ballenas.
 
El resto del grupo también comenzamos con la visita a la lobería donde tenemos ocasión de ver un pequeño grupo de lobos marinos y el cadáver de un ejemplar que está siendo atacado por gaviotas y petreles. Con los prismáticos comprobamos que el lobito ha quedado enredado con una cuerda lo que probablemente haya causado su muerte. 



Los lobos marinos de un pelo (otaria flavescens ) presentan diferente envergadura dependiendo de su sexo ya que mientras los machos llegan a medir 2 metros de longitud y sobrepasan los 300kg de peso, las hembras ni siquiera llegan a los 150 kg y su tamaño rara vez excede los 1,8 metros. 
Durante la época reproductiva, entre diciembre y febrero, se suelen formar harenes formados por un macho y entre 2 y 12 hembras que comienzan a copular apenas dan a luz a su cría. Mientras los machos alcanzan su madurez sexual a los 6 años, las hembras lo hacen a los 4. 
Estos magníficos buceadores que pueden llegar a resistir 7 minutos bajo el agua y alcanzar 150 metros de profundidad, se alimentan principalmente de peces, calamares y crustáceos.






Finalizada esta visita, nos dirigimos ahora a Punta Cantor por la N3, una pista de tierra aquí llamada ripio que nos acerca hasta la colonia de elefantes marinos que se encuentra en la zona. 
En principio teníamos pensado visitar Punta Delgada pero nos han dicho que en este momento se encuentra cerrada y que no hay fauna en sus alrededores por lo que hemos prescindido de acercarnos hasta allí.


El día está muy nublado y nuestros temores se hacen realidad cuando las primeras gotas de lluvia comienzan a caer sobre el parabrisas de nuestro vehículo. Por momentos la lluvia arrecia y la niebla hace aparición, estropeando un poco las expectativas del día.   
Un grupo de guanacos peleando que encontramos a orillas de la carretera, hizo que nos olvidáramos por un momento de las inclemencias climatológicas. Permanecemos un buen rato observándolos y sacándoles unas fotografías mientras ellos parecían ignorarnos, sumidos en sus juegos y peleas.

 
Los Guanacos (Lama guanicoe), pertenecen a la familia de los Camélidos y ostentan el honor de ser los mamíferos terrestres más grandes de Península Valdés
Con una envergadura aproximada de 1,60 metros, pueden llegar a pesar casi 150kg y viven entre 20 y 25 años. Este bello animal que puede alcanzar los 65km/h, tuvo una importancia vital para la supervivencia de los antiguos pobladores patagónicos aportándoles su carne como alimento y su piel como abrigo.  

Según nos aproximamos a Punta Cantor parece que la lluvia va cesando pero apenas llegamos, comienza de nuevo a caer con fuerza por lo que tenemos que ponernos toda nuestra ropa de agua para emprender el camino señalizado que te acerca a los gigantescos elefantes marinos (Mirounga leonina). 
Los machos de esta especie se caracterizan por su probóscis o trompa inflable y pueden alcanzar los 5 metros y 4000kg de peso. Buceando pueden llegar a alcanzar los 1500 metros de profundidad y los 120 minutos de inmersión.
A pesar de que los machos comienzan a llegar a esta zona a partir del mes de setiembre y se encuentran especialmente activos peleando entre ellos para defender sus harenes, a nuestra llegada se muestran tumbados sin ningún tipo de actividad.


 
Permanecemos un buen rato confiando en poder ver algún ejemplar moviéndose pero parece que es su tiempo de descanso y no están por la labor. Además se encuentran bastante lejanos y nos han dicho que está prohibido bajar a la playa. 
A finales de agosto, los machos llegan a estas playas mientras las hembras, a punto de parir una cría de unos 40kg, lo hacen unas semanas más tarde.

El frío viento sopla con fuerza y la lluvia no deja de caer así que tras un buen rato avistando los elefantes y un pequeño grupo de pingüinos, volvemos a nuestro coche, no sin antes ser sorprendidos por un zorro gris que atraviesa el camino no muy lejos de nosotros.
Nos disponemos ahora a llegar a Punta Norte a través de la carretera que discurre por la costa pero inmediatamente, el coche del guardaparques sale tras nosotros para advertirnos que esa pista se encuentra impracticable a causa del agua caída por lo que deberemos dar un rodeo por la N3 para alcanzar nuestro objetivo.  

El paisaje es un claro reflejo de la dura climatología que sufre esta parte del mundo a lo largo del año y los animales parecen mantenerse al resguardo de la lluvia que se resiste a abandonarnos.
Nos han comentado que en Punta Norte se puede ver otra pequeña colonia de elefantes marinos y otra criatura mucho más pequeña pero que nos llama poderosamente la atención, el armadillo (Chaetophractus villosus)
No tuve que explorar demasiado los alrededores para descubrir el primero, en las puertas de su madriguera. Aunque en un principio se mostró desconfíado, no tardó en perder sus temores iniciales, más aún cuando comenzamos a preparar nuestros bocadillos. Cuando nos dimos cuenta, tres confíados “peludos” nos rodeaban en busca de alguna migaja que se nos cayera al suelo.



Este pequeño animal que no llega al medio metro aunque incluyamos su cola y de apenas 2kg de peso, está recubierto de una férrea estructura formada por 18 bandas que le sirven de defensa. Otra de sus características principales son los numerosos pelos que pueblan todas las zonas de su anatomía. Podremos observar en los alrededores, numerosas madrigueras de hasta 4,5 metros de profundidad, excavadas con sus potentes garras  donde parirán sus crías y donde se cobijan durante el día a resguardo de sus enemigos. 
De hábitos nocturnos, se alimenta principalmente de insectos, gusanos, arañas y otros pequeños invertebrados.
Completamos la visita observando de nuevo algún que otro elefante en medio del bello paisaje que ha dejado la bajamar. 
Curiosamente, parece que el tiempo está cambiando y el sol lucha por dejarse ver entre las densas nubes.

 






   




En efecto, el día cambia completamente según nos vamos acercando a Punta Pirámides hasta el punto de que cuando llegamos a nuestra cabaña, el sol brilla en el horizonte. Nuestro compañero ha tenido hoy más suerte con la luz y con el estado del mar,en su segundo avistaje de ballenas durante la tarde.


No queda más de una hora de luz pero me acerco hasta la playa para aprovecharla al máximo sacando las últimas fotos del día. A la derecha de la playa hay una pequeña senda que te lleva a una zona rocosa donde me vuelvo a encontrar con dos enormes ejemplares de ballenas francas que se encuentran a escasos metros de la orilla. 
Allí permanezco sentado, apenas acompañado por un puñado de personas que junto a mí, admiran enmudecidos el espectáculo. 

No muy lejos, a lo ancho de la bahía, varios ejemplares más se asoman al exterior para disfrutar, al igual que nosotros, del precioso día que se despide en un atardecer memorable.
Ya sólo nos faltaba reunirnos todos alrededor de una mesa para recopilar lo vivido a lo largo de la jornada y saborear los deliciosos platos de carne, vieiras y langostinos que nos sirvieron en el restaurante El Refugio. 
 
Salvo en la parte final del día, el clima no ha sido hoy benévolo con nosotros pero no podemos decir que estemos defraudados. También hemos vivido momentos destacables.
Mañana abandonaremos “el Reino de las Ballenas” para dirigirnos a Trelew donde entregaremos el coche y tomaremos un autobús que nos aproxime a Calafate pero aún tendremos tiempo de visitar la Isla de los Pájaros antes de salir del parque.

La isla se encuentra lejos del mirador y no se aprecian con detalle los miles de aves que la pueblan entre las que distinguimos gaviotas, pingüinos, garzas, patos, ostreros negros, etc. 
Mantenemos una amena charla con el guardaparques  de la zona que nos comenta la gran necesidad de concienciación que necesita la población local para defender el precioso rincón que les ha visto nacer y crecer. También hace mención a la gran densidad de pumas que se están concentrando en los alrededores, huyendo de las salvajes desforestaciones que se están produciendo al norte del país. 
Tras despedirse efusivamente de nosotros y desearnos un buen viaje, abandonamos el parque, ahora sí, para continuar nuestro camino a Trelew
Esta etapa del viaje ha finalizado, ahora nos espera el Perito Moreno...

Capítulo anterior: Ballenas en Península Valdés


1 comentario :

Antonio Ruiz dijo...

Bueno, Aitor, pues no ha estado mal este viaje a Península Valdés.

A mí me sorprendió muchísimo la colonia de elefantes marinos, no voy a decirte más que las ballenas francas australes, pero casi tanto como ellas. Su envergadura de casi 5 metros hace que lo flipes con ellos. Y si ves alguna pelea de machos, ni te cuento.

Ya estamos empatados a puntos. No vistes las simpáticas Maras de Valdés, jejeje...

Me largo a leerte al Perito Moreno.

Abrazos.