26 diciembre 2012

El Chaltén. La magia del Fitz Roy.


Tras la memorable jornada en el Perito Moreno, nos levantamos sin prisas para dirigirnos hacia El Chaltén donde pasaremos los tres próximos días. Sólo llevamos con nosotros una pequeña mochila con lo imprescindible ya que el grueso del equipaje lo dejamos en el hostel hasta nuestra vuelta. 
Siguiendo las recomendaciones, llenamos el depósito de gasolina ya que nos aseguran que el combustible en Chaltén es de muy baja calidad y puede causarnos problemas en el motor del vehículo.
 

La belleza de la ruta provoca que hagamos multitud de paradas para admirar un paisaje que impresiona por su desolación pero no exento de un particular encanto.
Nos habían hablado de la dificultad de ver el Fitz Roy totalmente despejado por lo que comenzamos a hacerle infinidad de fotografías aprovechando el excelente tiempo que nos acompaña durante el viaje.



Un carancho que parece vigilar la entrada al pueblo, nos recibe a la entrada al Chaltén
Paramos en la casa del guardaparques para recabar información sobre las rutas a realizar en los próximos días y nos dirigimos a nuestra cabaña en Cumbres Nevadas
Es una especie de chalecito con una gran cocina, baño y tres habitaciones por la que pagaremos 600$ diarios (6 pax). 



 










 
El integrante del grupo que ha llegado en autobús esta mañana, ha aprovechado para hacer en solitario la ruta del Cerro Torre a la que dedica cerca de tres horas.
Mientras tanto, nosotros nos encargamos de comprar víveres y bebidas para los próximos días. 




 
Tras las compras y la comida aún tenemos tiempo para visitar la cascada del Chorrillo que se encuentra a unos 4 km siguiendo la pista que va al Lago del Desierto y posteriormente nos acercamos hasta el mirador de los Cóndores y el de las Aguilas. 
En hora y media o dos horas se pueden visitar ambos miradores y aunque no siempre se ven cóndores, las excelentes vistas que ofrecen dichos observatorios justifican la visita. 
El Fitz Roy destaca entre todos los picos que nos rodean.

 



El paseo nos ha despertado la sed y acabamos entrando en La Senyera, un establecimiento propiedad de un catalán donde acabamos cenando unos extraordinarios bifés de chorizo.
Con la panza llena nos vamos a dormir ya que mañana nos espera un día duro de montaña.


Nos levantamos prontito y tras un desayuno potente salimos rumbo a la Laguna Capri
Las rampas de ascenso no son duras pero quizás resulten incómodas para los menos habituados a la montaña. 
Poco a poco vamos ganando altura y las vistas son espectaculares. Tenemos la suerte de toparnos con un pájaro carpintero magallánico hembra a las puertas del nido y cuando comenzamos a hacerle fotografías hizo aparición el espectacular macho con su gran caperuza roja; precioso pájarillo.




Al llegar al mirador del Fitz Roy y tras admirarlo durante muchos minutos gracias al precioso día que nos acompaña, unos se dirigen hacia la Laguna de los Tres, a los pies del Fitz Roy y otros hacia la Laguna Madre e Hija tras pasar por la Laguna Capri
Los carpinteros magallánicos nos obsequian de nuevo con su presencia antes de llegar a la laguna.

Ambas rutas discurren en llano entre bosques de lengas hasta llegar al cruce que marca el campamento de Poincenot donde comienza una dura rampa que te acercará hasta la Laguna de los Tres. 
Sudarás,seguro!!
La ruta que lleva a la Laguna Madre e Hija es mucho más llana y llevadera aunque se puede hacer larga si decides hacer una ruta circular y volver por el camino que lleva al Cerro Torre
Las vistas y los paisajes no dejarán de asombrarte mientras los atronadores aludes de hielo suenan a tus espaldas.



 
El último tramo con alguna subidita incluída comienza a hacer mella en nuestras ya castigadas piernas. A pesar de que hemos parado en numerosas ocasiones para hacer fotografías, admirar el paisaje, descansar y comer para recuperar fuerzas, nos hemos tirado 10 horas en el monte y algunos integrantes del grupo acusan el esfuerzo.
Tras una ducha reparadora nos vemos obligados a recuperar los líquidos y energía perdidos y qué mejor sitio que La Senyera donde tras quitar la sed con abundantes cervezas, damos buena cuenta, una vez más, de unos exquisitos trozos de carne.
Toca irse a dormir que nos lo hemos ganado. Mañana nos levantaremos sin prisas para pasar nuestro último día por la zona.


Nos despediremos del Chaltén visitando el Lago del Desierto a través de una pesada pista que recorre los 37 km que los separa. 
Cargamos las mochilas en el coche y echamos gasolina casi al doble de precio del que habíamos pagado hasta ahora por lo que aconsejo no hacerlo allí a no ser que sea estrictamente necesario.
Tardamos casi dos horas en llegar al lago que hace de frontera entre Chile y Argentina y a cuyas orillas discurren varias rutas a pie. Un barco transporta a los visitantes hasta la parte chilena aunque a nuestra llegada no está en funcionamiento.



Nuevamente el camino hasta allí ha resultado espectacular a través de un valle sobrecogedor surcado por curiosos ríos cuyas aguas varían increíblemente de color. Incluso tenemos la oportunidad de ver una nutria bajo uno de los puentes que atravesamos.
Decidimos subir al cercano glaciar Huemul pero antes debemos esperar al compañero que viene en un autobús de la compañía Las Lengas y por cuyo trayecto ha pagado 130$.
Una vez juntos, pagamos los 25$ que cuesta la entrada y comenzamos la ascensión a través de los clásicos bosques de lengas que nos llevará en un recorrido de aproximadamente una hora, hasta el lago donde desembocan las aguas vertidas por el glaciar.
 

 













Los adjetivos se agotan para definir de nuevo las espectaculares vistas mientras el omnipresente Fitz Roy nos muestra su cara oculta y desconocida para nosotros hasta ahora.
Mientras tanto, algún compañero aún no recuperado del esfuerzo del día anterior, se queda abajo charlando con el matrimonio que cobra las entradas y viendo cómo unos pescadores se dedican a la pesca sin muerte de las abundantes truchas arco iris que pueblan el río. 
Cuando los salmones remontan el río, nos comentan que mucha gente se agolpa en una pequeña cascada cercana para ver el espectáculo de estos peces saltando infatigables para salvar los obstáculos.


Ha llegado la hora de abandonar este precioso lugar y volver de nuevo a Calafate donde pasaremos la noche para salir mañana hacia Ushuaia por la tarde. 
Algo más de tres horas de viaje nos esperan así que partimos sin más dilacción para no llegar demasiado tarde.

Sobre las 20,15 llegamos al hostel donde nos alojamos en las mismas habitaciones tras una animada charla con los propietarios a quienes relatamos con pelos y señales nuestras aventuras por Chaltén.
Para celebrar nuestro exitoso paso por esta preciosa región argentina, vamos a cenar a La Tablita, un elegante restaurante donde pedimos unas ensaladas y unas parrillas a base de bifé de chorizo, lomo y cordero. Una excelente cena regada con sus correspondientes botellas de vino, cafés y txupitos por la que pagamos 900$ (6pax).
Brindamos con energía por el gran tiempo que nos ha acompañado durante todos estos días y nos vamos a dormir tan felices…


Capítulo anterior:Perito Moreno.

Próximo capítulo:De Calafate a Ushuaia.

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