26 noviembre 2012

Hasta siempre, Argentina.


Han pasado casi 5 horas desde que partimos de Ushuaia con escala incluída en Calafate, cuando aterrizamos en el aeroparque, en Buenos Aires. La capital argentina que nos recibió a nuestra llegada hace dos semanas, será la encargada también de poner punto final a nuestro viaje.
Son las 14,15, y los 24ºC con los que nos obsequia la ciudad son recibidos de buen grado por todos los integrantes del grupo. 
Traíamos el frío y el viento incrustado en lo más profundo de nuestras entrañas y el hecho de tener que comenzar a quitarnos capas de abrigo, es celebrado por todos sin excepción.
Un taxi nos acerca de nuevo a nuestro ya conocido hostel Carlos Gardel donde nos entregan las llaves del piso en el que ya estuvimos al comienzo de nuestro viaje hace dos semanas. 
Como ya conocemos la zona, nos movemos con soltura y agilidad hasta llegar a un vetusto local al que habíamos echado ya el ojo durante nuestra anterior estancia. 

El establecimiento pertenece al anexo mercado de S.Telmo y aparenta estar anclado en tiempos lejanos. 
Se trata del restaurante Pedro Telmo y comer allí llega a resultar una experiencia difícil de olvidar. 
Si bien el local acumula en su interior más de un siglo de historia, las tres personas que lo llevan sumarán con toda seguridad más de 200 años.
La camarera más veterana no tardó en hacernos sentir como en casa, acercándose continuamente para preguntarnos si estaba buena la comida, si queríamos algo más, si nos habíamos quedado con hambre……en fin, por un momento me hizo sentir que estaba en casa de mi querida abuela. 
Tras una corta pero agradable charla con ella al finalizar la comida y después de visitar, seguiendo sus recomendaciones, el mercado de S.Telmo, tomamos rumbo al lejano barrio de La Boca.

 







Llegamos tras más de una hora caminando, al colorido barrio que nos recibió mostrándonos el antiguo puente transbordador de principios del siglo pasado. 
No muy lejos de allí encontramos las típicas y coloridas calles que caracterizan a este popular barrio cargado de historia y poblado por un gran número de inmigrantes en el pasado. 



 
 














También conocido por albergar al estadio del Boca Juniors, sus calles son muy frecuentadas por turistas que abarrotan los locales más emblemáticos de la zona.
Nos resultó llamativo el hecho de que todos los locales se apresuraron a cerrar apenas comenzó a oscurecer, lo que provocó que abandonáramos la zona tras sentarnos en una terraza a tomar unas cervezas mientras disfrutábamos de una actuación musical en directo.





El cansancio acumulado en nuestras piernas y las oscuras calles del lugar, nos animan a tomar un autobús para regresar de nuevo a S.Telmo. La parada está allí mismo pero el problema surge cuando comprobamos que no tenemos monedas para pagar el bus. 
Según nos comentan sólo se puede pagar con monedas de uno o menos pesos y la tarea de reunir los 8 pesos que necesitamos, nos lleva nuestro tiempo. Parece ser que las monedas escasean y los comercios tampoco las facilitan.

En el autobús, apenas tardamos 15 minutos en llegar a S.Telmo, barrio que ya consideramos un poco nuestro. 
Después de dos semanas de aventuras juntos, nuestros amigos nos dejarán mañana para visitar Iguazú mientras nosotros nos despediremos de Argentina por la tarde-noche así que la de hoy será nuestra última cena juntos por tierras argentinas.
Antes de cenar, cargaremos con unos pocos pesos por última vez, las tarjetas para el móvil que compramos el primer día de viaje y que han sido de gran utilidad para comunicarnos entre nosotros y hacer llamadas internas.
Celebraremos nuestra despedida en el restaurante El Federal, junto al hostel,y para acabar no podíamos  hacerlo de otro modo que pidiendo una buena ración de………….CARNEEEE!!!!!!!
Como siempre, la cena responde a las expectativas pero tras la agradable velada, llega la hora de ir a dormir ya que nuestros amigos deben madrugar para volar a Iguazú.



Al día siguiente nos levantamos sin prisas y tras bajar las mochilas al hostel para dejar libre el piso, nos vamos a desayunar en condiciones para afrontar con fuerzas el largo día que nos espera. 
Hoy es domingo y se celebra en S.Telmo un gran mercadillo que se extiende a lo largo de la calle Defensa que no estamos dispuestos a perdérnoslo. 


Todo el barrio es una fiesta y en la calle se puede encontrar todo tipo de actuaciones: mimos, bailes, títeres, músicos, pintores, payasos………y por supuesto, cientos de chiringuitos vendiendo todo tipo de artículos inimaginables. Las antigüedades ocupan un lugar importante, como no podía ser de otra forma en este singular barrio bonaerense.
En este inigualable rastro, ocuparemos la totalidad de nuestro último día en Argentina; aquí pasearemos durante horas, aquí comeremos y aquí gastaremos hasta el último peso que queda en nuestros ya vacíos bolsillos. 



Nuestra última comida tendrá lugar en el popular restaurante Petanque donde el camarero nos asegura que a pesar de ser más de las 3 de la tarde, nos hubiese resultado imposible comer allí de no ser porque hoy se enfrentan el Boca y el River y la gente se encuentra viéndolo en directo por la televisión.

Salimos del restaurante sin rumbo fijo dispuestos a consumir las últimas horas de nuestro viaje hasta llegar a un curioso café repleto de historia que se encuentra no muy lejos de allí, El Volants. Al poco de entrar, comienza una interesante actuación en la que varias parejas demuestran sus habilidades en el baile del tango.
Ya sólo nos queda el tiempo necesario para no irnos de Argentina sin probar sus deliciosos helados y que aún no hemos catado por lo que de camino a nuestro hostel, entramos en una atractiva heladería que nos ofrece unos exquisitos helados de originales sabores.

Lamentablemente, el tiempo no se detiene y son ya las 19,30h por lo que debemos ir a por las mochilas ya que el taxi que hemos reservado de nuevo por internet con la empresa Ezeiza, estará a punto de llegar para llevarnos al aeropuerto.
Una vez más, el viaje ha llegado a su fin y mientras los rudos sones del tango siguen resonando en nuestros oídos, nos despedimos con cierta melancolía de este peculiar y entrañable barrio bonaerense donde dejamos otro trocito de nosotros mismos.
Hasta siempre Buenos Aires.
Hasta siempre Argentina!!

Capítulo anterior: Ushuaia. Tierra del Fuego.

Próximo capítulo: The sir of Patagonic forest
 

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