05 mayo 2013

De Langano a Goba.


Hoy nos esperaba un desplazamiento de unos 250 kms hasta la ciudad de Goba por lo que saldremos a primera hora, tras el desayuno en Bishangari Lodge, nuestro alojamiento en el lago Langano.

Eran algo más de las 7 cuando tomamos la pista que atravesaba varios poblados con sus típicas chozas circulares antes de llegar a la carretera asfaltada que nos llevaría a Shashemene
Hacemos una pequeña parada frente a uno de estos poblados para admirar unos calaos terrestres y una mangosta de cola blanca que yace muerta a orillas de la pista.


Ya no pararemos hasta Shashemene donde aprovecharemos para echar gasolina (17 birr/litro) y comprar alguna tarjeta de memoria y pilas para las cámaras. 
El hecho de que la energía eléctrica en algunos hoteles esté restringida, ha provocado que tengamos algunos problemas con las baterías al no poder recargarlas.
Es curioso observar por las calles de esta ciudad a los rastafaris paseando mientras nuestro conductor nos pone música reggae para ambientarnos. 


A partir de aquí, hacemos alguna parada para ver alguna ave y para llenar nuestro maletero con abundantes provisiones de agua antes de parar a comer en pleno ascenso a un puerto. 
Estamos a más de 3000 metros cuando nuestros conductores paran a la sombra de un árbol donde daremos buena cuenta del embutido que hemos traído para estas ocasiones. 
Nuestros conductores y guía llevan su propia comida ya que no comen cerdo.
Los milanos y cuervos no tardan en hacer aparición, sobrevolando nuestras cabezas en busca de algún resto de comida.
Tras la comida seguimos ascendiendo en nuestros coches hasta los 3500 metros, punto donde comenzamos a descender pero apenas hasta los 3000.


 













 Durante la ruta paramos en un pequeño acantilado donde habita un búho que no tardamos en descubrir gracias a la ayuda de los locales que en cuanto nos ven se acercan al grupo. 
Un poco más adelante, la parada es a orillas de una pequeña laguna donde numerosas acuáticas nadan relajadamente en sus aguas. 
Gansos, fochas cornudas, ibis y otras especies nos tienen entretenidos durante un buen rato antes de montar de nuevo en nuestros coches.
Nuestro guía no tarda en parar de nuevo en las inmediaciones de un riachuelo que alberga a gran número de ratones, un rascón endémico y otros pajarillos igualmente endémicos.




 

Arrancamos de nuevo, ya con la intención de no parar hasta llegar a la entrada del parque cercana a Dinsho pero una grata e inesperada sorpresa nos aguardaba en nuestro camino.
Íbamos los tres vehículos uno tras otro circulando tranquilamente cuando de pronto observo a mi derecha un enorme gato paseando tranquilamente por la orilla de la carretera. Frotándome los ojos sin poder creer lo que estoy viendo, un grito surge casi inconscientemente de mi garganta: ¡¡¡PARA!!!!
Aún seguía el coche en marcha, cuando abrí la puerta y me lancé al exterior.
Allí estaba, mirándome a los ojos con el mismo asombro que yo le miraba a él. Un segundo, dos, no sé exactamente el tiempo que duró ese increíble encuentro hasta que se dio la vuelta para salir de la carretera ocultándose entre los matorrales y emprender una veloz huída unos segundos más tarde. 
Mis compañeros y el guía apenas pudieron verle a lo lejos, corriendo con la cola erguida. 

Yo estaba prácticamente convencido de lo que había visto pero no me podía creer que ese gato que tanto perseguimos durante semanas en pasados safaris africanos, se había presentado ante mí con toda la tranquilidad del mundo.
Efectivamente, acababa de ver en libertad por primera vez en mi vida, un SERVAL!
Cuando ya en el coche lo miramos en la guía de mamíferos, no me quedó ninguna duda. Nuestro guía Elías nos confirmó la dificultad de ver este esquivo felino pero nos aseguró que esta era una zona muy buena para intentarlo.
Con la emoción del avistamiento corriendo aún por mis venas, llegamos a la entrada del Parque Nacional de las Montañas Bale que se encuentra en la ciudad de Dinsho.


 

















Hacemos una primera incursión a últimas horas de la tarde en la que vemos nyalas, facóqueros, búhos y un bonito y camuflado camaleón
Ha sido un pequeño contacto con el parque antes de ir a nuestro hotel en Goba



 



Nos alojaremos en el Bale Goba Wabishebele hotel, a la entrada de la ciudad. Seguramente en su día fue un buen hotel pero en la actualidad, como nos ocurrirá a lo largo de todo el país, las instalaciones están totalmente abandonadas y necesitan una reforma total y urgente. 
Grifos rotos, paredes desconchadas, enchufes colgando y muchos otros desperfectos adornan las habitaciones.



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