26 julio 2013

Addis Abeba. Final de un viaje.


Hace ya dos semanas que llegamos al país y nuestro recorrido ha llegado a su fin.
Hemos visitado lagos, montañas, bosques, zonas semidesérticas….. hemos disfrutado de muchas especies de aves y mamíferos que no habíamos visto anteriormente….. se nos han grabado a fuego las alegres miradas y risas de cientos de niños con los que nos hemos cruzado….. si cabe, somos más conscientes de la confortable vida que nos ha tocado vivir frente al tipo de vida que aún sigue vigente en muchas partes de nuestro planeta…. En definitiva, creo que el viaje ha cumplido su cometido sobradamente.
Ha llegado el momento de desandar nuestros pasos y volver a nuestro punto de partida, donde comenzó todo, para en esta ocasión poner punto final a la aventura.


La cara de nuestros conductores refleja la alegría por la vuelta a casa tras 14 largos días de trabajo lejos del hogar. Creo que hemos formado un buen grupo y la ausencia de incidentes ha ayudado a crear un buen ambiente.
Nos llevan a comer a un restaurante con excelentes vistas a Addis Abeba pero lamentablemente, no hay sitio.
Acabamos comiendo en un moderno local en el centro donde por primera vez en el viaje, logramos conectarnos a internet. Aprovechamos para envíar algún correo desde las tablets y facturar online para el vuelo de esta noche.



Tras la comida, visitamos un centro de acogida de niños y jóvenes donde Elías nos aconseja dejar los medicamentos que hemos llevado. Una aragonesa llamada Teresa, trabaja como voluntaria en el centro Don Bosco y se ofrece amablemente a enseñarnos las instalaciones.
Allí dejaremos no sólo todos los medicamentos sino los embutidos que traíamos con nosotros y que finalmente nos han sobrado y algo de ropa y calzado. Los niños no nos dejan ni a sol ni a sombra y disfrutan posando y haciédonos fotos con nuestras propias cámaras.




Con la ayuda de nuestros conductores abandonamos el lugar para dirigirnos a un moderno local donde preparan un excelente café mientras admiras variadas pinturas expuestas en sus salas adyacentes.

Parece que ellos también han quedado muy satisfechos con el viaje que han compartido con nosotros y nos sorprenden regalándonos varios paquetes del mejor café para cada integrante del grupo. Reconozco que es la primera vez que me sucede algo parecido. Es cierto que les hemos dejado una pequeña propina por su trabajo pero nos sorprende su afán por demostrarnos su agradecimiento. 
Es hora de volver al hotel donde comenzó el viaje, el Lalibela, donde nos ceden dos habitaciones para ducharnos y ordenar nuestros equipajes antes de tomar nuestro vuelo nocturno.  Una vez aseados y con la mochila preparada, cenamos en el hotel pero aún nos esperaba otra grata sorpresa cuando Elías y los conductores, nos llevaron a un local de ambiente para que conociéramos otro tipo de vida distinta a la que habíamos conocido hasta ahora en Etiopía.

Un gran local con actuaciones musicales repleto de gente comiendo, bebiendo y bailando nos recibió con incredulidad al ver nuestros inequívocos rasgos extranjeros.
No entraré en detalles específicos para no romper la intimidad de algunos integrantes del grupo pero me atrevo a afirmar que si tomamos otra cerveza más, algún asiento de nuestro avión hubiera vuelto vacío.


Los bailes, bromas y risas que compartimos todos los integrantes del grupo, incluídos nuestros anfitriones, pusieron el mejor broche final a dos semanas inolvidables. 
Una vez más, nuestros anfitriones insistieron en pagar la cuenta antes de llevarnos al aeropuerto y despedirse de todos nosotros con un fuerte abrazo que sonaba muy sincero.
Con el riesgo de escribir mal vuestros nombres, permitidme que os agradezca los esfuerzos por hacernos pasar dos fantásticas semanas por vuestro país.
Gracias Elías, gracias McConen, gracias Umro y gracias Abraham....
Un placer haberos conocido!!!



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