15 octubre 2013

Festival Naadam en Lun. Mongolia


Tras nuestra primera noche en Ulan Bator, salimos de nuestro hotel para dirigirnos a la agencia Khongor donde desayunaremos antes de iniciar el tour por Mongolia que se reducirá a visitar los parques de Hustai, Terelj y Gun Galuut. Una breve reunión para explicarnos con detalle el tour y un pequeño gesto que no nos gustó demasiado al exigirnos 200$ más de lo pactado, dio paso al comienzo de la aventura. Debo aclarar que los 200$ se quedaron en 15€ (a pagar entre los 11), tras mostrar nuestra enérgica disconformidad. A partir de ahora y durante los próximos 7 días, nos acompañarán dos conductores, una guía y una ayudante de la guía; sólo las dos últimas hablaban algo de inglés. La primera parada fue para comprar agua y provisiones para los días venideros. Las comidas y el agua estaban incluidas pero aprovechamos para comprar por nuestra cuenta algo de fruta, cervezas y vodka para sobrellevar mejor las frías noches mongolas.


La segunda parada nos sumergió de lleno en el país mongol. Al llegar al pequeño pueblo de Lun y descender de nuestros vehículos, un agradable aroma a hierbas invadía un ambiente repleto de colorido y con claro sabor festivo.
Centenares de jinetes de todas las edades se paseaban por el lugar esquivando los rudimentarios tiovivos y los numerosos puestos de comida que abundaban en la zona.




Fue un gran impacto y nuestras caras no podían disimular la fascinación por lo que estábamos viendo. 
Se trataba de la celebración del Naadam, el evento cultural, social y deportivo más importante de Mongolia y que constituye el principal atractivo de su Fiesta Nacional. 
A pesar de que Ulan Bator se erige como punto principal en la celebración de dicho evento, también es celebrado en otras poblaciones.
En medio de ese ambiente festivo, la lucha libre, las carreras de caballos y el tiro con arco, se suceden sin pausa. Allí mismo, en un txiringuito, comimos una especie de carne albardada que nos sorprendió gratamente a todos.


 














Durante varias horas permanecimos absortos viendo las continuas peleas de lucha mongola y las interminables carreras de caballos en las que tanto jinetes como animales llegaban agotados tras decenas de kilómetros cabalgando.







 













  

 















También fue allí donde fuimos invitados a beber por primera vez el famoso airag que no es otra cosa que leche de yegua fermentada, una bebida agria difícil de degustar.



















Estaba ya atardeciendo y era hora de montar de nuevo en los vehículos para llegar al que sería nuestro alojamiento durante los dos días venideros y que no sería otro que unas yurtas de pastores nómadas que habían habilitado para nosotros.
Nuevamente nos quedamos con la boca abierta cuando vimos el paisaje donde íbamos a vivir los próximos días.

Una preciosa e infinita estepa verde atravesada por un río que serpenteaba formando numerosos meandros a través de una pradera donde los caballos parecían ser los dueños absolutos del lugar, sería nuestro nuevo hogar.
Fascinados por la belleza del lugar, salimos a explorar la estepa siguiendo el curso del río y disfrutando de manera indescriptible de la calma y serenidad que se respira. 
Garzas, patos, grullas damiselas, milanos y águilas surcan el cielo mientras nos observamos mutuamente.



 




 













Son ya las 8 de la tarde y regresamos a nuestra yurta para cenar un rico guisado de carne, patatas y verduras que nos ha preparado nuestra guía. El café y unas copitas de vodka ponen el broche final a una jornada memorable.

 























La noche también es memorable pero por otros motivos. Las camas se hunden hasta el suelo y los perros de los pastores no han dejado de ladrar en toda la noche. La causa la descubriríamos al levantarnos y descubrir una oveja malherida a punto de morir. 
Los lobos nos habían visitado por la noche.


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