05 octubre 2013

Mongolia. Un mar verde infinito.


"Al pie de la Montaña de Yinshan, 
se extiende la estepa de Chi Le, 
el cielo es una bóveda que cubre enteramente el campo; 
el cielo es azul y la estepa, infinita, 
cuando el viento tiende la hierba, se ven las ovejas y las vacas."  

Así reza una vieja balada mongola, en clara referencia a la inmensidad de la estepa y que puede describir en pocas palabras ese infinito paisaje donde el verde pasto y el azul del cielo se funden en algún punto del lejano horizonte. Verdaderamente, no es sencillo describir un hábitat tan salvaje, virginal y maravilloso como el que nos ofreció Mongolia desde el momento que atravesamos la frontera que le separa de su vecina Rusia.
















Más difícil aún es intentar entender cómo, allá por el siglo XIII, un conjunto de pueblos nómadas imagino que no muy distintos a los que encontramos  hoy en nuestro camino, conquistaran y gobernaran medio mundo formando el mayor Imperio conocido en la Historia.


Timuyin, más conocido como Gengish Kan, fue un aristócrata mongol que consiguió unificar a todas las tribus nómadas para conquistar desde Europa Oriental hasta el océano Pacífico, y desde Siberia hasta Mesopotamia, la India e Indochina formando el más vasto imperio conocido.
La situación actual del país responsable de la formación de ese gran imperio poco tiene que ver con aquella época dorada.
De cualquier forma, Gengish Kan sigue siendo el orgullo de este país y su nombre se verá reflejado en en el cotidiano devenir de la vida mongola bien sea a través de una estatua,un monumento,una plaza,una cerveza o una botella de vodka.
Timuyin sigue estando muy presente en la Mongolia del siglo XXI:  El descomunal y brillante monumento de la fotografía deja constancia de ello.



Los primeros Ao Bao no tardaron en aparecer ante las ventanas de nuestro autobús. 
Estos montículos de piedras adornados con telas de colores y que antiguamente marcaban los límites territoriales y señalizaban determinadas rutas, han acabado siendo considerados lugares sagrados donde la gente implora buena suerte a los dioses del lugar.
A lo largo de nuestras caminatas descubrimos gran número de ellos en los sitios más recónditos y escondidos. En más de una ocasión,encontramos familias enteras a su alrededor, orando en silencio.


Mientras avanzábamos por una de las pocas carreteras asfaltadas, no dejaba de sorprendernos el empeño de vacas, cabras y ovejas por pastar alrededor de la peligrosa carretera. Qué se les había perdido allí cuando tenían miles de kilómetros cuadrados para pastar,era otra pregunta de difícil respuesta y que en no pocas ocasiones les costaba la vida.
Poco a poco, íbamos descubriendo que este país nos iba a plantear muchas interrogantes a las que no sería nada fácil dar una respuesta.
¿Cómo es posible que en 7 días que permanecimos en él, sólo nos prepararan comidas a base de carne de cabra y siempre nos ofrecían la leche en polvo a pesar de contar con 5 animales que producen carne y leche: vacas, ovejas, cabras, yaks y yeguas? Misterio.


Continuábamos penetrando en Mongolia mientras veíamos cómo se agrupaban en las laderas cercanas, grupos de jinetes que se dirigían a la capital para competir en el Naadam, un festival nacional donde se celebran tres competiciones deportivas que levantan auténticas pasiones: las carreras de caballos, el tiro con arco y la lucha mongola. 


Numerosos clanes familiares se reunían alrededor de las yurtas que les acompañaban rumbo a la capital. 
Fuimos testigos de interminables carreras a caballo, agotadores combates de lucha mongola y de un apasionado público que no perdía detalle bien en directo o bien a través de los televisores. 
Pero si había alguien realmente sorprendido, esos éramos nosotros. Aquello era todo un espectáculo para nuestros ávidos ojos occidentales.





En un país con una extensión equivalente a tres veces España y una población de unos 3.000.000 de habitantes (de los cuales,la mitad viven en la capital), es fácil entender que el ganado y los exuberantes paisajes se erigieron en los protagonistas principales del viaje a pesar de que los rudos rostros curtidos por las duras condiciones de vida de sus escasos habitantes, siempre fueron objeto de nuestra admiración.
Rostros que reflejaban,como en tantas otras partes del mundo, una singularidad que parece luchar contra la maldita globalización que arrasa con todo lo diferente y lo minoritario.
Todo un ejemplo de supervivencia y orgullo que nunca nos dejaron indiferentes.





La climatología fue bastante benévola durante nuestra estancia en el país (Julio) ya que a pesar de que refrescaba cuando el día amanecía nublado, el sol se dejaba sentir cuando asomaba. Las lluvias son también frecuentes en el verano por lo que hay que ir preparados.
Las temperaturas invernales llegan hasta los -45ºC y realmente resulta difícil imaginar cómo se puede vivir allí en esas condiciones.
El idioma oficial de Mongolia es el Khalkh Mongol aunque su alfabeto se está perdiendo ya que desde 1944 utilizan el cirílico ruso al que han añadido dos caracteres para escribir el mongol. 
Otra víctima de esta maldita globalización que amenaza con acabar con tantas singularidades de la Humanidad....
Su moneda, el tugrik o tögrög (MNT), se cambiaba a unos 1850 por euro. 
Dormir y comer son necesidades que se pueden cubrir con unos pocos euros,si no eres demasiado exigente.


En un país en el que apenas existen las carreteras asfaltadas y las señalizaciones brillan por su ausencia, no es aconsejable moverte en un vehículo por tu cuenta. No era extraño que incluso nuestros guías se perdieran en más de una ocasión cuando abandonábamos la carretera principal.
Resultaba gracioso ver cómo nuestros conductores paraban en cada yurta que encontrábamos para preguntar cómo se llegaba a nuestro destino. 
La respuesta siempre era la misma: levantaban el brazo y señalaban hacia algún punto lejano en el horizonte.   POR ALLI!!


En el aspecto gastronómico nunca olvidaremos el omnipresente airag, una bebida consistente en leche de yegua fermentada, difícil de tolerar por los refinados estómagos occidentales.
El olor de esta leche invade los gers donde viven, una especie de tiendas circulares y en cuyo centro se encuentra una estufa donde queman los excrementos de sus animales ya que en la estepa, la madera brilla por su ausencia.
Es curioso ver cómo apilan y secan los excrementos del ganado durante el verano para poder usarlos en el crudo invierno.


Tampoco podemos olvidar el papel estelar del que gozan los caballos.
Es difícil imaginar un mongol sin un caballo entre sus piernas e imperdonable no disfrutar de la experiencia de trotar por la estepa, aunque sólo sea durante unos minutos.
Pero nunca olvides las 3 reglas de oro:
1-no acariciar su cabeza (muerden),
2-no pasar por detrás (cocean) y 
3-montar y desmontar siempre por la izquierda (para evitar sorpresas desagradables).


Y para aquellos que prefieren perderse a su aire, siempre les quedará la bicicleta. 
Pocos sitios ofrecen paseos en bicicleta tan maravillosos e infinitos como Mongolia. 
La sensación de soledad y libertad que experimentas mientras ruedas por la interminable estepa mongola, únicamente perturbada por el trote de alguna manada de caballos salvajes, alguna marmota o la sombra de algún águila real en busca de comida, es algo que nadie que no lo haya vivido, podría explicar.
Sinceramente, si hay algún sitio ideal para perderse y no querer encontrarse, ese lugar está sin duda en Mongolia.

Compruébalo antes de que sea demasiado tarde!!!


4 comentarios :

Surfing the Planet dijo...

Genial el post! Mongolia siempre me ha llamado la atención y leer posts como este solo da mas ganas de ir a verlo! Saludos!

aitor dijo...

Muchas gracias por el comentario.
Verdaderamente Mongolia no es un país para todos los públicos y seguro que mucha gente consideraría que no tiene nada pero para mí ha sido un gran descubrimiento en el que me he sentido transportado en el tiempo.
Un saludo!!

Antonio Ruiz dijo...

Genial Post Aitor!!!

Menudos paisajes mongolos. Lo que me hubiese gustado vivirlo con ese pedazo de grupo con quienes ibas.

Un abrazo desde el sur.

aitor dijo...

Hola Antonio!!

Pues sí,lo disfrutamos intensamente a pesar de ser un grupo muy heterógeneo y todavía nos reímos un montón cuando recordamos las anécdotas vividas durante esos días.

Ya sabes que cuento contigo para la próxima....

Un abrazo!!!