16 marzo 2014

Oktoberfest.La genuina fiesta de la cerveza.


Desembarcamos en el aeropuerto de Munich con el exclusivo objetivo de conocer in situ la  fiesta más famosa dedicada a la cerveza.
Conocida como Oktoberfest, la ciudad bávara celebra esta fiesta desde 1810 y durante su celebración acoge a millones de visitantes de todas las partes del mundo. 

Cerca de la Estación Central, en el área conocida como Theresienwiese, se acota un recinto donde se concentran atracciones y cervecerías durante más de dos semanas.



A pesar de que la primera Oktoberfest, celebrada en 1810 para celebrar el matrimonio del príncipe Luis I de Baviera con la princesa Teresa de Sajonia-Altenburgo, solamente se prolongó durante cinco días entre el 12 y el 17 de Octubre, en la actualidad se celebra desde el penúltimo sábado de Setiembre hasta el primer domingo de Octubre.
Sólo las cervezas que cumplen determinados requisitos, entre los que se encuentra tener que estar fabricada en Munich, pueden ser servidas en el Oktoberfest.
Las cerveceras que pueden producir Cerveza Oktoberfest son :
¤ Augustiner-Bräu 
¤ Hacker-Pschorr-Bräu
¤ Löwenbräu
¤ Paulaner-Bräu
¤ Spatenbräu
¤ Staaliches Hofbräu-Munchen
Tenderetes de souvenirs y numerosos puestos donde se venden salchichas, cerveza, bocadillos y el inevitable Pretzel, un típico pan de la zona, invaden el recinto ferial.


                                        MI EXPERIENCIA

En mi opinión, la Oktoberfest es una experiencia que ningún amante de la cerveza y de la fiesta debiera perderse.
He de reconocer que a pesar de permanecer en la ciudad bávara durante dos días, los dediqué en exclusiva a  recorrer el recinto ferial y perdí la oprtunidad de conocer mínimamente la ciudad pero no me arrepiento en absoluto.
Tras nuestra llegada por la mañana a la ciudad y tras recorrer numerosos establecimientos en busca de alojamiento, tarea harto difícil en estas fechas, encontramos una habitación para 6 en un youth hostel.
A pesar de pagar 50€ por cabeza por dormir en una habitación con literas, nos encontrábamos muy cerca del recinto ferial, factor muy importante porque adivinábamos un regreso complicado tras la ingesta de abundante cerveza.
A las 11 de la mañana, sin saber muy bien dónde era la fiesta, tomamos la decisión de seguir a un grupo ataviado con las típicas vestimentas tradicionales. No nos equivocamos y en 10 minutos nos encontrábamos sumergidos en pleno festejo. 
Las cervezas comenzaron a sucederse una tras otra con la particularidad que eran de litro.
Las carpas de las cervecerías se encontraban medio vacías por la mañana y no resultaba difícil encontrar mesas donde sentarse tranquilamente para beber y comer así que decidimos comenzar a degustar los sabrosos codillos y salchichas que ofrecían las amables camareras.





Y así, sin darnos apenas cuenta, absorvidos por un ambiente que iba in crescendo según avanzaba el día, nos vimos envueltos en un espectáculo donde la música, el alcohol y la fiesta se convertían en los auténticos protagonistas del momento.
La gente que en un principio parecía seria y comedida no tardó en subirse a las mesas para comenzar a bailar y cantar sin cesar hasta el anochecer.
Las mesas estaban todas abarrotadas y conseguir un hueco, se convirtió en una misión imposible.
Aún así, lo conseguimos!!!.





A las 11 de la noche, el personal de seguridad desaloja las cervecerías y es de admirar que a pesar del abuso de alcohol entre todos los presentes, apenas vimos ningún incidente y la gente se retira sin protestar.
Durante todo el día, a pesar de las barreras idiomáticas, conocimos y nos reimos con un montón de gente. El idioma internacional de los gestos con la inestimable ayuda de los efluvios del alcohol, nos permitían entendernos con casi todo el mundo; o al menos esa era nuestra impresión...
Y aunque debo confesar que los momentos vividos sólo perduran con claridad hasta el octavo litro de cerveza, puedo asegurar que la Oktoberfest se convirtió en una fiesta de gratos e inolvidables recuerdos.




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