03 noviembre 2014

Hacia Las Vegas por la ruta 66. De Arizona a Nevada.



Durante la jornada de hoy abandonaremos el Gran Cañón para dirigirnos a Las Vegas a través de la mítica “ruta 66”, una carretera que originalmente unía Chicago con Los Angeles recorriendo casi 4000 kilómetros. 
Con la llegada de las autopistas fue perdiendo protagonismo hasta ser oficialmente eliminada. A día de hoy aún sigue manteniendo algunos puntos que recuerdan con añoranza los años más brillantes de su histórico pasado. 
Poblaciones como Williams, Seligman y una curiosa gasolinera-tienda perdida en el espacio, Hackberry General Store, mantienen vestigios de lo que un día llegó a significar la ruta 66
En total recorreremos 460 kms, no todos por esta ruta.



Ver Tusayan-Ruta 66-Las Vegas. en un mapa más grande


Nuestra toma de contacto con la 66 tuvo lugar en la población de Williams donde paramos a desayunar. La casualidad nos llevó hasta un rincón donde se recreaba la vida del lejano y viejo oeste. No faltaban la cantina, ni la oficina del sheriff, ni el calabozo ni otras muchas construcciones a las que tan acostumbrados estamos a ver en las famosas películas que recreaban la salvaje vida del oeste americano.





Tras las fotos de rigor y con el estómago preparado para el viaje, nos dispusimos a recorrer una pequeña parte de la ruta 66
Nuestro GPS nos mandaba continuamente por la autopista por lo que tuvimos que apagarlo para continuar nuestro camino a nuestro aire. 
Seligman es otra de las localidades que atravesamos y que se esfuerza por mantener vivo el espíritu “66”; numerosos carteles y establecimientos hacían referencia a la antigua ruta.





Otro punto curioso y que es todo un museo evocador de la época dorada, es Hackberry General Store
La localidad de Hackberry vivió su época de esplendor allá por el siglo XIX cuando sus minas de oro y plata atrajeron a numerosos buscadores de fortuna. 
A principios del XX las minas se agotaron y el pueblo quedó abandonado en medio de la nada; la misma suerte corrió la gasolinera Hackberry hasta que un artista, Bob Waldmire, decidió restaurarla convirtiéndola en una parada obligada para todos aquellos que quieran revivir los viejos tiempos de gloria que se vivieron por aquellos lares en tiempos pasados no muy lejanos.



Aparte de estos puntos, la ruta 66 no ofrece muchos más atractivos por lo que si se tiene tiempo, es conveniente no saltarse ninguno de los mencionados. 
Nuestro paso por la ruta finalizó en Kingman, otra localidad que posee numerosos establecimientos que hacen alusión a la “66” y donde nos despedimos de ésta.


Ya no pararemos hasta llegar a Las Vegas, la ciudad más grande del estado de Nevada y también conocida como “la ciudad del pecado”.

Siempre me he definido como muy poco “urbanita” y son muy pocas las ciudades que me han conquistado a lo largo de mis viajes pero no puedo dejar de reconocer que Las Vegas no te deja indiferente. 
En mi caso no puedo decir que me gustara, más bien mis sensaciones se movían por las antípodas a este sentimiento. Tampoco tengo demasiados argumentos para describir esta ciudad ya que mi estancia se limitó a unas 8 horas pero para mí fueron más que suficientes!!

Llegamos a mediodía y tras acomodarnos en el Gold Coast Hotel, nos acercamos andando hasta el meollo de la ciudad para comer algo. El calor era agobiante y las distancias se hacen largas a pesar de parecer estar todo cerca.

Todo me resultaba desmedido, recargado, quimérico, un derroche y despilfarro de medios que no lograba llegar a entender. 
No conseguía quitarme de la cabeza cuánto costaría llevar hasta allí, en pleno desierto, tal cantidad de agua; cuánto costaría al día, el aire acondicionado de aquellos inmensos hoteles que invadían incluso los exteriores de la calle; aquellas luces que iluminaban la noche hasta hacerla desaparecer, todas aquellas personas que surcaban las calles disfrazadas o apenas sin ropa que esperaban una moneda por hacerse una fotografía con ellos…. 
Quizás las mesas de los casinos repletas con jugadores que pierden (o ganan) miles de dólares en unos minutos guarden muchas de las respuestas.

Es posible que hace algunos años, con otra edad, no me hubiera hecho tantas preguntas y me hubiera dedicado a disfrutar de las variadas ofertas que ofrece “la ciudad del pecado” pero en estos momentos de mi vida, no podía evitar que vinieran a mi mente imágenes y vivencias de otros países cuyas poblaciones podrían vivir con lo que aquí se gasta en electricidad en un solo día. En fin, imagino que serán cosas de la edad…..

Pasear en verano por Las Vegas a plena luz del día, significa poco menos que practicar un deporte de riesgo; el calor es insoportable y las distancias infinitas así que lo más socorrido es adentrarte en los hoteles y admirar sus lujosos decorados y montajes al abrigo del calor exterior.

The Venetian, el Caesars Palace, el Harrah´s, el Casino Royale, el Flamingo, el Circus Circus, el Excalibur, el Luxor, The Mirage y muchos otros, se convierten en las principales atracciones de la ciudad. 
Las variadas actuaciones y la animada Fremont Street servirán de entretenimiento a aquellos que decidan permanecer en la ciudad durante varios días.


 










 



















Para nosotros, unas horas en Las Vegas Strip fueron suficientes. Seguramente se pueda considerar a Las Vegas como otro de esos lugares que de vez en cuando encontramos en nuestro pequeño planeta y que despierta sentimientos encontrados; o te conquista o la detestas. 
En mi caso, y creo que por primera vez en mi vida, aquel lugar me produjo un rechazo total. Nunca pensé que una ciudad denominada "ciudad del pecado" podría producir en mí tales sensaciones pero debo confesar, respetando todas las opiniones, que para mí constituye todo un monumento a la estupidez humana.
Mañana prontito saldremos hacia Death Valley, el Valle de la Muerte.

2 comentarios :

Tawaki dijo...

Se me hace la boca agua. Yo también prefiero ver naturaleza antes que ciudades, pero supongo que Las Vegas es tan diferente que bien podemos dedicarle un día. Espero poder conocerla.

aitor aitor aitor dijo...

Las Vegas despierta sensaciones muy diferentes entre sus visitantes pero lo que está claro es que no deja indiferente a nadie.
Desde luego, se puede asegurar que es "peculiar y diferente".