25 julio 2015

El Volcán Sinabung y Berastagi. Sumatra.

 

El "jet lag" se dejó sentir durante nuestra primera noche en Indonesia pero no fue únicamente este conocido fenómeno el que nos alteró el sueño. Un extraño temblor del colchón donde me hallaba tumbado, me sobresaltó en plena noche mientras dormía. En un primer momento pensé que algún camión de gran tonelaje había pasado por la contigua carretera pero no tardé en comprobar que los temblores no se correspondían con el paso de los camiones. Cuando te encuentras en plena noche, sin sueño y en medio de extraños fenómenos que no te resultan familiares, el cerebro no tarda en ponerse a funcionar buscando una explicación lógica. ¿Habrá algún animal entre las sábanas de mi colchón? ¿Serán pequeños seísmos? ¿Será la actividad volcánica de la zona?
No fui el único que sintió aquella extraña sensación durante la noche y cuando al día siguiente se lo comenté a Mery, su respuesta me sonó más a una excusa tranquilizadora que a una respuesta mínimamente veraz. En un principio se limitó a decirme que no me preocupara, que no había ningún riesgo pero ante mi insistencia y curiosidad, apuntó que todo se debía al intenso tráfico de la zona.  Yo no la creí y creo que ella fue plenamente consciente de ello pero lo dejamos ahí...
Como pudimos comprobar posteriormente, hay mucha gente que teme acercarse a esta zona debido a  la intensa actividad del volcán Sinabung y pienso que desde allí tratan de quitarle importancia al asunto para no perder el escaso turismo que se acerca hasta el lugar. De cualquier forma, personalmente considero que la seguridad está garantizada y que el lugar ofrece en la actualidad un espectáculo que nadie debería perderse.

Aguantamos en la cama hasta las 10 y lo primero que hicimos fue subir a la terraza para descubrir a plena luz del día, las excelentes vistas a Berastagi y sus alrededores hasta que a lo lejos, en el horizonte, lo descubrimos. Soberbio, amenazador y sospechosamente humeante, se encontraba frente a nosotros  el famoso volcán Sinabung, al que trataríamos de acercarnos hasta donde fuera posible en las próximas horas. Desde la terraza también se podía ver el volcán Sibayak y el vergel de huertas y jungla que rodeaban al pueblo.


Hablamos con Mery para ver si nos podía cambiar algo de dinero y a pesar de que tampoco nos ofrecía un buen cambio, al menos sí era bastante mejor que el que nos habían ofrecido en la casa de cambio la noche anterior. Cambiamos unos euros y bajamos al supermercado que había al lado de casa a comprar algo para desayunar que acompañara al café que nos preparaba Mery y que merece una mención especial ya que era de los que se podía cortar con cuchillo y, como no podía ser de otra forma, nos mantenía con los ojos bien abiertos todo el día.
Ya estábamos preparados para nuestra primera incursión por Berastagi. Abdy nos esperaba con su furgoneta para acercarnos hasta los límites de seguridad permitidos pero antes, Mery nos llevó a ver el nuevo local que estaban levantando no muy lejos de allí para dar alojamiento a los viajeros que se acercaban a la ciudad. 
Con evidente ilusión, hizo que subiéramos por aquel edificio en obras para enseñarnos cómo sería su interior, a partir de Julio, cuando esperaban abrir sus puertas. Habría que destacar una de las habitaciones hábilmente orientada para poder ver perfectamente el Sinabung por un costado y el Sibayak por el otro; todo un lujo !!!

Ya a bordo del coche y en compañía de Abdy, nos bastaron unos minutos para dejar atrás el pueblo y adentrarnos en una carretera que atravesaba numerosos cafetales, árboles frutales y cultivos de todo tipo. Todo resulta insultantemente verde.
Y fue entonces cuando de pronto, una gran explosión me sacó de mi letargo para instintivamente dirigir mis ojos al volcán y descubrir una densa cortina de humo negro que repentinamente lo había ocultado. 
Abdy comenzó a gritar "¡¡ eruption, eruption !!". Inmediatamente detuvo el coche y salimos al exterior para fotografíar y ver en directo el estallido del Sinabung
Aquello parecía irreal, ante nuestro desconcierto nos encontrábamos a escasos kilómetros de un volcán que ahora mismo parecía haber explotado en mil pedazos. 
Durante unos minutos, la nube de humo continuó alzándose al cielo hasta que poco a poco se fue diluyendo dejando ver de nuevo la silueta del volcán. 



Parecía que el riesgo había pasado y montamos de nuevo en el coche para acercarnos un poco más hasta un alto donde nos encontrábamos a salvo y desde donde pudimos hacer decenas de fotografías hasta que emprendimos el viaje de vuelta.

Tras 400 años inactivo, el volcán Sinabung de 2400 metros de altitud, entró en erupción en agosto del 2010. Tras una serie de erupciones volvió a quedarse en calma hasta que el pasado año 2014 volvió a despertar. 
Durante el 2015, violentas erupciones han provocado la evacuación de miles de campesinos que se resisten a abandonar sus fértiles tierras, lo que a más de uno les ha llegado a costar la vida.

A pesar de que nos hubiera gustado acercarnos al volcán de noche para admirar mucho mejor el espectáculo, la falta de tiempo nos impidió hacer algo que sin duda alguna recomiendo a todo aquel que se acerque a la zona; las fotos que nos enseñó Abdy  revelaban la belleza de la exhibición nocturna que el Sinabung regalaba prácticamente cada noche. 


Foto de Abdy

Cuando volvíamos al pueblo, Abdy nos habló de un festival cultural que se estaba celebrando ese día y que mostraba  diversas actuaciones representativas de la cultura local, Karo
Hasta allí nos dirijimos para ver los típicos trajes ceremoniales Karo así como su música y sus bailes. 
En un principio comenzamos enfocando tímidamente sus rostros hasta que fuimos conscientes de que ellos hacían lo mismo con nosotros. Aquello resultaba ridículo así que ambos bandos decidimos hacernos cientos de fotografías sin ningún pudor; al fin y al cabo, ni a ellos ni a nosotros nos importaba. 


En unos minutos nos vimos envueltos entre decenas de chavales que querían hacerse fotos y salir junto a nosotros en ellas. Fue un momento muy simpático y divertido aunque al final nos costó un poco huir de aquel tumulto sin rechazar las abundantes solicitudes de los simpáticos, educados y agradecidos sumatrinos. 
Incluso tuvimos que acceder a ser entrevistados por unas chicas que decían hacerlo para un trabajo estudiantil. 
Mientras tanto, Abdy se partía de risa e insistia en afirmar que deberíamos sentirnos como auténticas estrellas de Hollywood!!
Abrumados por el cálido recibimiento, nos fuimos a recorrer los alrededores del pueblo para ver las magníficas vistas que ofrecían los puntos elevados donde Abdy nos llevó con su coche. Verdaderamente aquello era un auténtico vergel donde se producían todo tipo de productos agrícolas.


Las visitas panorámicas dieron paso al Taman Alam Lumbini, un templo budista inaugurado en Octubre del 2010 con una fastuosa ceremonia a la que asistieron más de 1300 monjes de todo el mundo. El templo es una réplica del Shwedagon en Myanmar y está situado en una especie de parque donde se respira una calma total. Un puente salva un desnivel donde podemos encontrar esculturas, flores y jardines exquisitamente cuidados. 
En la entrada al templo, muy cerca de los abundantes cultivos de fresas que dominan la zona, hemos tenido la ocasión de ver también, los primeros macacos del viaje.


Volvemos al coche para hacer la última visita del día y ésta no será otra que el mercado local de Berastagi
Abdy nos dice que hay otro mercado para los turistas pero nosotros preferimos ir al que van los locales a hacer la compra diaria. 
Como no hemos comido, aunque tampoco tenemos demasiada hambre, aprovecharemos nuestro paso por el mercado para probar las frutas más extrañas que encontremos. 
Entre las calles embarradas, numerosos puestos de verduras, frutas, especias, carnes y pescados, inundaban el ambiente con esa mezcla de olores, no siempre agradables, tan típicos de estos singulares escenarios y capaces de ejercer sobre mí, una irresistible e irracional atracción.
Allí descubrimos, de la sabia mano de Abdy, los sabrosos plátanos fritos que vendían en los puestos callejeros. Recién hechos y cubiertos de una fina tempura, fueron devorados con unánime entusiasmo  por el grupo. A partir de hoy se convertirían en nuestro aperitivo favorito y los bautizaremos con el nombre de "rabas".


El cielo se ha cubierto y las primeras gotas de lluvia comienzan a caer sobre nosotros por lo que decidimos volver a casa para comernos la fruta que hemos comprado en el mercado, asearnos un poco y charlar un rato con Mery
Hoy sábado, es fiesta en Sumatra por lo que tampoco hemos podido cambiar dinero en el banco y mañana domingo tampoco podremos hacerlo así que nos vemos obligados a pedir a Mery que nos cambiara algo más de dinero ya que no tenemos claro si la isla Samosir, nuestro próximo destino, cuenta con algún banco donde cambiar durante los próximos días.

Mercado agrícola
Tras un breve reposo, decidimos bajar a un mercado que se encuentra justo al lado de casa y donde diariamente, los campesinos venden todos los productos recolectados durante el día. 
La lluvia ha embarrado toda la zona y se hace difícil andar con sandalias por lo que decidimos abandonar el mercado para ir hasta el pueblo a cenar algo. 
Nos han dicho que hay unos 20 minutos andando hasta el centro así que nos ponemos manos a la obra y comenzamos a caminar por el arcén de la carretera. De pronto un coche se detiene frente a nosotros y nos ofrece llevarnos; se trata de Mery, Abdy y sus hijas que iban hacia el pueblo. 
Cuando les dijimos que queríamos cenar algo, se apresuraron a preguntarnos qué tipo de comida buscábamos y nos acompañaron hasta la misma puerta del restaurante Europa que servía comida local y que nos aseguraron se trataba de uno de los mejores del pueblo.
Allí, tras comernos un delicioso pollo con las correspondientes cervezas, dimos por finalizada la agradable jornada y volvimos a casa para echarnos a dormir cuanto antes; mañana saldremos a las 4,30 de la madrugada hacia el volcán Sibayak con la intención de ver amanecer desde su cima.

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