16 febrero 2016

El Bosque de los Monos. Ubud. Bali.


Hoy vamos a dedicar todo el día a Ubud. Llevamos tres días durmiendo aquí pero apenas hemos tenido oportunidad de visitarla a plena luz del día ya que hasta ahora siempre la hemos abandonado a primeras horas de la mañana y hemos vuelto al atardecer.
Pero hoy hemos quedado a las 9 para desayunar en nuestro hotel para posteriormente perdernos por las calles de Ubud.

Considerado como uno de los principales reductos artísticos y culturales de Bali, recibe gran número de turistas gracias entre otras cosas, a su privilegiada ubicación en el centro de la isla. Son muchas las personas que utilizan esta localidad como centro de operaciones desde donde visitar el resto de la isla.
A pesar del gran número de negocios enfocados al turismo que inundan este pueblo de aproximadamente 30.000 habitantes, los arrozales y la jungla que se resisten a abandonar la zona, le confiere aún un encanto especial que resulta irresistible para muchos viajeros.
Sus numerosos y variados museos, el gran palacio Puri Saren Agung ocupado hasta finales del siglo pasado por Tjokorda Gede Agung Sukawati, el último rey de Ubud, el Bosque de los Monos y las múltiples actividades de ocio que ofrece esta ciudad, tiene como resultado el gran auge turístico que está sufriendo Ubud.


Tras el relajado desayuno en los jardines de nuestro hotel, decidimos tomar un atajo para llegar hasta el famoso Bosque de los Monos. Hoy no saldremos hacia el centro del pueblo sino que tomaremos otro camino que nos llevará hasta el bosque por el lado opuesto. Esta ruta es mucho más tranquila y directa y además casualmente, encontraremos una confortable furgoneta con cuyo dueño quedamos para mañana para que nos lleve al aeropuerto por unos 20€. Sin pretenderlo, hemos solucionado ya nuestro último traslado en Bali.

No tardamos en llegar a una de las entradas al bosque y tras pagar las 30.000 rupias de rigor (2€) nos disponemos a recorrer el enorme parque que se muestra ante nosotros. En su interior también podemos encontrar algún templo pero en esta ocasión su importancia queda relegada a un segundo plano ya que la verdadera atracción del lugar reside en los cientos de monos que habitan este lugar.



He de decir que no soy partidario de muchas de las prácticas que se observan con total normalidad en este parque, principalmente la de alimentar a los monos ya que acostumbramos a olvidar con demasiada facilidad que se tratan de animales salvajes cuyo comportamiento es siempre imprevisible. Cuidado.
Obviando estos "pequeños" detalles, hay que reconocer que resulta un paseo agradable caminar a la sombra de multitud de especies botánicas diferentes mientras los macacos de cola larga se exhiben ante los visitantes mostrando todo tipo de comportamientos.


 


Si quieres evitar sorpresas desagradables será conveniente que tomes algunas medidas antes de entrar al parque: 
  • si llevas mochila o bolso, asegúrate de llevarlos bien cerrados,
  •  evita llevar gorras o gafas sobre la cabeza 
  • y no lleves alimentos a la vista si no estás dispuesto a dárselos. Cualquier cosa valdrá a los monos para comer, beber o simplemente jugar con ellas.
Dicho y aclarado todo lo anterior, hay que reconocer que el comportamiento de los monos te sorprenderá a cada paso. Sus peleas, sus juegos, sus poses y sus pillerías, sin duda nos provocarán más de una carcajada.


Durante nuestro recorrido nos encontramos con ejemplares que nos sacaron la lengua, otros nos mostraron sus poderosos colmillos, otros parecían estar orando y algún otro intentó robarnos del interior de nuestras mochilas y tiraron con fuerza para tratar de llevarse unas bolsas con unas camisetas que habíamos comprado poco antes. 

También fuimos testigos de cómo robaron unas gafas a un turista, cómo perseguían agresivamente a un aterrado chico que había guardado unos plátanos en su mochila e incluso cómo robaron un frasco de colonia de un bolso para posteriormente bebérselo en lo alto de un poste de la luz. 





Están habituados a ser los reyes del bosque y no permiten que nadie lo ponga en duda. Sólo los guardas y comerciantes del parque, bien pertrechados con cervatanas y tiragomas, hacen valer sus derechos ante semejante pandilla de gamberros.
 

Pasamos gran parte de la mañana en el Bosque de los Monos y cuando por fin salimos, nos dirigimos al mercado de Ubud no sin antes comprobar que el territorio de los macacos no se reduce al bosque sino que salen al exterior siempre atentos a cualquier cosa que no esté vigilada, extendiendo sus pillajes a todas las calles aledañas al parque.

El mercado de Ubud es muy frecuentado por los turistas y consta de dos plantas atiborradas de los habituales puestecillos minúsculos que venden todo tipo de artículos. Aprovechamos para hacer alguna compra ya que nuestro viaje está llegando a su fin y siempre nos llevamos algún recuerdo del país entre los que nunca faltan los condimentos típicos de la zona y ante todos, los picantes. Una extensa y variada muestra de especias y picantes van a parar a mi mochila tras el habitual regateo.
El agotamiento que produce estos regateos y un sol que ya se encuentra en lo más alto, nos obliga a tomar cobijo en un bar para refrescarnos a la sombra.


Casualmente nos encontramos con una amiga viajera con la que habíamos quedado para cenar esta noche y que llegó a Ubud ayer por la noche. La típica expresión de que "el mundo es un pañuelo" toma más significado que nunca y tras intercambiar algunas aventuras y desventuras de nuestros viajes, dejamos la charla para proseguir nuestros caminos.


Sin querer, nos ha dado la hora de comer y como disponemos de bastantes rupias y muy poco tiempo para gastarlas, decidimos darnos un homenaje por lo que entramos en un elegante restaurante especializado en pescados y mariscos.
El menú comienza con una sabrosa sopa a la que le sigue un gran plato con gambas, langostinos, cangrejos, langosta, calamares y pescado a la brasa. Para que no falte de nada, pedimos dos botellas de vino blanco chileno, unos riquísimos postres y cafés. La cuenta asciende a 2.300.000 IDR, unos 160€. Con ese dinero podríamos comer los 5 durante una semana pero la experiencia ha merecido la pena.




Estamos en la calle principal de Ubud y a estas horas se encuentra bastante animada por lo que aprovechamos para tomar algo por la zona antes de volver al hotel para darnos el último baño en la piscina y preparar el equipaje por última vez.
Son los típicos momentos finales de los viajes en los que ya piensas más en los trámites de vuelta que en las horas que te quedan por disfrutar aún del viaje. 

Pero bueno, al menos nos queda el aliciente de que esta noche cenaremos con una vieja amiga y su pequeño grupo y seguro que haremos unas risas recordando viejas historias y muchas aventuras vividas en los últimos días por Indonesia.

Es nuestra despedida de Ubud y prácticamente de Indonesia ya que mañana saldremos a las 9 de Bali para dirigirnos a Kuala Lumpur desde donde tomaremos el vuelo que nos llevará a casa de nuevo.
Paseamos por las ya conocidas calles del pueblo con esa amarga sensación de que ésto se acaba y la rutina nos espera a la vuelta de la esquina y aunque desde luego no son los mejores momentos de un viaje, todos nos esforzamos en llevarlo lo mejor posible. Unas cervezas en buena compañía y un ambiente agradable siempre son de gran ayuda y nuestro reencuentro con amigos viajeros pronto nos hace olvidar las malas sensaciones.


Entre cervezas, los inevitables platos de arroz picantes, las numerosas aventuras vividas y sobre todo muchas risas y confesiones, la velada se alargó para convertir nuestras últimas horas en Indonesia en unos momentos entrañables y divertidos.
Ha llegado la hora de retirarse para intentar descansar lo mejor posible ante la larga jornada de viaje que nos espera mañana cuando a las 9 nos recogerá una furgoneta para llevarnos al aeropuerto. Una vez más, el viaje ha llegado a su fin.




2 comentarios :

Tawaki dijo...

Siempre digo lo mismo, pero es que hay que ir a estos lugares. a pesar de que el turismo pueda desvirtuarlos, siguen siendo fantásticos.

aitor aitor aitor dijo...

El secreto radica en intentar llegar un poquito más allá y no quedarse en lo superficial.
Saludos