25 noviembre 2016

Munnar. India.


Todavía no he asimilado bien el cambio horario y cuando las primeras luces del día se cuelan entre las cortinas de mi habitación me levanto ansioso por ver el paisaje que nos regala la excelente ubicación de nuestro hotel. 
La exuberante vegetación que llega hasta la ventana impide que podamos admirar como se merece el paisaje montañoso tapizado de un verde rabioso. 
Es aún muy pronto por lo que antes de desayunar me doy una vuelta por los alrededores del hotel para hacer un poco de tiempo. 
La vegetación y las flores lo inundan todo y no es fácil encontrar algún acceso por el que adentrarse mínimamente en la densa jungla que se extiende por todos los rincones. Numerosos pajarillos y un extraño animal que no llego a distinguir si es un mono o una ardilla, me acompañan durante mi breve excursión. 
Va siendo hora de regresar al hotel para disfrutar del buffet que tenemos para desayunar. Hay café, tostadas, fruta, zumos y por supuesto, los típicos platos locales. 
Aprovecho también para comentar en recepción que el agua caliente de mi habitación no funciona y sinceramente con las temperaturas que hacen por estos lares, no apetece nada ducharse con agua fría. Me aseguran que me cambiarán de habitación si no consiguen solucionar el problema. 

Hoy tenemos previsto visitar los principales puntos de interés de esta zona: Echo Point, Pothanmedu view Point, Tea Garden, etc



Lo cierto es que ninguno de ellos nos llama especialmente la atención y lo verdaderamente atractivo del lugar es el bello paisaje que nos rodea y que nos ofrece estampas inolvidables. 
Nuestro conductor nos dice que parará donde le digamos y no nos lo tiene que repetir dos veces. 
A pesar de que la carretera es estrecha y hay que buscar dónde parar, apenas salimos del hotel le pedimos que pare para sacar unas fotografías de los preciosos campos de té que nos rodean. 



Curiosamente, me resultan mucho más atractivas las paradas solicitadas por nosotros que los puntos típicos donde paran los turistas locales y que están plagadas de puestecillos donde venden todo tipo de artículos. 
Kisen, nuestro conductor, detiene el vehículo para enseñarnos unos curiosos panales de abejas en lo alto de unos árboles. Cuando hago uso del zoom de mi cámara, impresiona ver la frenética actividad de miles de abejas. 
Abandonamos el lugar cuando empezamos a ver algunas abejas a nuestro alrededor... 




La siguiente parada tiene lugar junto a una presa donde se produce electricidad y que se encuentra repleta de puestecillos donde los locales compran los productos típicos de la zona y practican actividades tan curiosas como el tiro con carabinas de aire comprimido a unos globos de colores. Muy curioso. 
Nos llama mucho más la atención la actividad y colorido de la gente, que un lugar al que no encontramos demasiado encanto así que decidimos hacer lo mismo que ellos, es decir, comprar chocolate, especias, café y cualquier cosa que vemos y no sabemos lo que es. No es fácil comunicarse con la gente así que probamos cosas que aún a día de hoy no sabemos lo que eran. 



Cuando montamos de nuevo en la furgoneta, Kisen nos advierte de que estamos en zona de elefantes salvajes y que en ocasiones se pueden ver cerca de la carretera. No habían transcurrido 5 minutos cuando un montón de coches aparcados en la cuneta nos advierten de que hay algo interesante en los alrededores. 
Allí estaban, a escasos 30 metros un grupo de elefantes con alguna cría incluída, hacían las delicias de todos los asistentes. 
La suerte nos había sonreído y disfrutamos un buen rato haciendo un montón de fotos a los confiados animales. 




Volvemos a la furgoneta para dirigirnos al último punto a visitar, el famoso Echo Point pero al llegar, volvemos a quedarnos sorprendidos. Todo se reduce a un pantano donde hay alguna barca de pedales y una carretera atestada de puestecillos con todo tipo de productos. 


Desde allí comenzamos el camino de vuelta que discurre sin novedad hasta que llegamos a Munnar donde decidimos hacer una parada para echar un vistazo al pueblo. 
Aprovechamos para comprar especias, té, café, jabones naturales y algunas cosillas más que nos llaman la atención. 
El pueblo no tiene nada especial pero personalmente me encanta perderme por las callejuelas y mercados de estos pequeños enclaves que te permiten apreciar el día a día de sus habitantes. 




A pesar de que no hemos visto ningún turista extranjero durante todo el día, vemos alguna oficina de turismo donde ofrecen excursiones y traslados a otras ciudades; parece claro que nos encontramos en una zona con importante demanda turística
Pasamos también un buen rato paseando por su bullicioso y colorido mercado donde compramos algo de fruta y algunas guindillas para los más osados del grupo. 




Comienza a llover y volvemos a nuestro coche para hacer la última visita de la jornada, el Té Garden
Pensábamos que se trataba de algún campo de té donde nos explicarían su cultivo y proceso de elaboración pero realmente se trata de los preciosos campos de té que hemos cruzado  esta mañana, cuando veníamos de nuestro hotel. 
En efecto, se trata de una zona espectacular donde las plantas de té parecen estar esculpidas en el paisaje. No dudamos en bajar del coche para hacer un pequeño recorrido a pie por los caminos que atraviesan las plantaciones. 




Parece que las nubes han decidido concedernos una tregua y lo que en principio iba a ser un pequeño paseo, se convierte en una caminata de unos 5 kms hasta el hotel. 
Hablamos con Kisen y le decimos que se puede ir al hotel porque nosotros iremos andando. 
El paseo es muy agradable y nos permite admirar la belleza de sus paisajes con calma absoluta. Tan solo algún tuk tuk y alguna moto interrumpe la paz que se respira en el lugar. Los cantos de las coloridas aves y los colores de las abundantes plantas y flores nos acompañan durante todo el trayecto. 






Eran alrededor de las 5 de la tarde cuando llegamos a nuestro hotel donde nos esperaban para decirnos que nos habían cambiado la habitación para que dispusiéramos de agua caliente. Ya se habían hecho cargo ellos de cambiar nuestro equipaje a nuestra nueva habitación así que no nos tenemos que preocupar de nada y nos limitamos a descansar un poco antes de salir a cenar. 
Algunos integrantes del grupo acuerdan con un guía del hotel, dar una vuelta mañana a primera hora por las montañas que nos rodean desde donde aseguran hay unas excelentes vistas. Yo estoy tentado de apuntarme pero las excelencias gastronómicas del país han afectado a mi sistema digestivo y me encuentro un poco flojo por lo que decido quedarme descansando en esta ocasión. 

Sobre las 7 de la tarde bajamos al pequeño cobertizo donde nos han hecho fuego de nuevo para dar ambiente al lugar. 
Unas pocas bombillas de colores y los enormes altavoces donde conectamos nuestros móviles para escuchar música son suficientes alicientes para pasar un rato muy agradable en la compañía de un empleado del hotel que se esfuerza en mostrarnos sus dotes de bailarín. 
No podemos evitar las risas cuando le vemos bailar al más puro estilo "Bollywoodiense". De cualquier manera, la simpatía del chaval nos conquista por completo; todo el personal del hotel se está mostrando muy agradable y atentos con nosotros y eso desde luego, se agradece. Además han accedido a enfriarnos las cervezas que hemos comprado en Munnar ya que en el hotel no tienen ninguna bebida alcohólica. No es fácil tomarse una cerveza en esta parte de India. 
Hoy disfrutaremos de una cena con cerveza, algo que no será habitual de aquí en adelante. 




Las potentes y picantes comidas locales han afectado ya a más de uno y les rogamos que se apiaden de nosotros y no echen nada de picante a nuestros platos. Aún así, parte del grupo demuestra tener el estómago a prueba de bombas y siguen comiendo los típicos platos locales. 
Son ya más de las 10 y nos vamos a dormir. Algunos se tienen que levantar al amanecer. 

Capítulo siguiente: De Munnar a Madurai. Ceremonia Aarti.

1 comentario :

Tawaki dijo...

A veces no encuentras lo que esperas, sino cosas mejores, o al menos diferentes. Me suena eso de que las paradas establecidas no son las mejores. Me encanta el picante, pero he de tener cuidado cuando viajo, ya que suele afectarme. Un paisaje precioso el que nos muestras.