07 enero 2017

De Madurai a Tekkhady. Periyar National Park.



Sobre las 8 de la mañana bajamos al comedor de nuestro hotel en Madurai para desayunar todos juntos antes de partir rumbo a Periyar.
Nos esperan 141kms hasta nuestro próximo destino y todos temíamos que tendríamos que atravesar las tortuosas carreteras de montaña que ya sufrimos hace un par de días cuando llegamos aquí desde Munnar pero afortunadamente en esta ocasión las carreteras fueron bastante aceptables casi hasta llegar a Thekkady. Sólo al final tuvimos que ascender un puerto que nos situaría a unos 800 metros de altitud, siempre según nuestro GPS.

Una vez más, a pesar de que sólo hicimos un par de paradas para sacar alguna foto y en un bar de carretera para realizar nuestras necesidades fisiológicas, hago hincapié en el tiempo utilizado para recorrer esos 140 kilómetros: 4 horas!!!


Al menos podemos pensar que el sosegado viaje nos permite ver como se desarrolla la vida cotidiana de los habitantes del país. Un anciano cortando flores o un grupo de gente haciendo la colada en las aguas de un río nos obsequian con curiosas estampas.




A las 12,30 llegamos a nuestro hotel en Thekkady, el Treetop. Apenas bajamos de la furgoneta vimos un montón de macacos en el bosque que rodeaba el hotel. Cuando dirigimos nuestras cámaras hacia ellos nos percatamos de la presencia de otros monos que no habíamos visto hasta ahora y cuya principal característica era su peculiar pelaje rubio en la zona de la cabeza.
También descubrimos oculto en lo alto de un árbol, el animal que vimos en Munnar y que no llegamos a identificar pero esta vez gracias a una fotografía aceptable pudimos constatar que se trataba de una ardilla gigante (Ratufa indica).
El curioso mono de cabeza rubia se trata de el langur de Nilgiri (Trachypithecus johnii), una especie clasificada como vulnerable que habita en los Ghats occidentales en el sur de India.
Los enormes y dulces frutos de los árboles de Jack, eran un atractivo al que no se podían resistir y sus caras reflejaban el festín que se estaban dando.





Tras el papeleo de rigor y el reparto de habitaciones nos queda más de una hora antes de partir hacia el Parque de Periyar para hacer un recorrido en barco al atardecer. Algunos lo aprovechan para comer algo en el hotel.
El Parque está muy cerca del hotel y en unos 10 minutos llegamos al parking desde donde nos acercaremos andando hasta el punto de embarque. Espectaculares árboles flanquean el camino que nos conduce hasta allí.

Mientras esperamos se nos acercó un empleado del parque que nos comentó que las posibilidades de ver un tigre durante este recorrido en barco son prácticamente nulas pero que ofertan trekkings de tres días con altísimas posibilidades de verlo.
En esta ocasión, a diferencia de nuestra primera visita a India, no figuraba entre nuestras prioridades el avistamiento del felino así que dejaremos el trekking para otra ocasión. También hay posibilidad de hacer otras caminatas por el parque desde tres horas hasta varios días de duración.
Mientras tanto, la gente que habita los alrededores del parque, pescaba relajadamente en las orillas del lago.


Nuestro pequeño safari en barco comenzó a las 15,37 y la primera impresión es que las embarcaciones son demasiado grandes e impiden el adecuado disfrute de la experiencia. Exceptuando las primeras filas con buenas vistas del frente y los pasajeros situados a los lados de la embarcación con buenas vistas a sus respectivas orillas, el resto apenas pueden disfrutar de los avistamientos de la fauna que acude a orillas del lago. 
Nosotros tuvimos la fortuna de que estábamos ubicados en el flanco izquierdo del barco y pudimos ver bastante bien los animales con nuestros prismáticos e incluso tratamos de sacarles algunas fotografías.





Apenas te sientas en tu sitio correspondiente (el número de asiento viene en tu ticket) te obligan a colocarte un incómodo chaleco salvavidas y te recuerdan que está prohibido levantarse.
El barco comienza a moverse entre un atractivo paisaje mientras avanzamos por el Lago Palace y los primeros cormoranes y los coloridos martín pescadores sobrevuelan nuestras cabezas.





Según vamos avanzando comienzan a aparecer los primeros animales. Distintas especies de ciervos, gaures (bisontes indios), tortugas, iguanas y varios jabalíes fueron nuestros avistamientos durante la hora y media que duró el circuito, el último que se realiza antes de que se haga de noche.







Al desembarcar nos dirigimos de nuevo al parking donde nos espera Kisen en la furgoneta. El camino está lleno de macacos acostumbrados a recibir comida de los turistas y no dudan en intentar robarte cualquier tipo de alimento así que no es mala idea armarte con un palo si vas comiendo algo o llevas una mochila o bolso ya que no dudarán en hacerte frente si piensan que pueden conseguir comida. Puedo dar fe de su agresividad y sus afilados dientes, no os confieis nunca y por supuesto nunca les alimenteís.




Ya en la furgoneta, Kisen nos ofrece la posibilidad de ver un espectáculo de luchas y danzas cerca de Thekkady, algo a lo que acceden parte del grupo mientras el resto optamos por ir a descansar un rato al hotel.
Nuestro hotel se encuentra al final del pueblo y cuando bajamos tras el pequeño descanso para acercarnos hasta el centro, observamos que se trata de una localidad claramente enfocada al turismo con gran cantidad de hoteles, restaurantes y todo tipo de tiendas.
Tras una pequeña vuelta por el pueblo buscamos un sitio para cenar y nos decantamos por un restaurante local en cuyo exterior lucían unos apetitosos pollos dorándose a la brasa; la pinta era extraordinaria.




Nos sentamos y preguntamos la que se había convertido en la obligada pregunta a la hora de comer:  "¿pica?..." La respuesta, como casi siempre, fue también la habitual: "nooo."
Ya somos veteranos y por si acaso le pedimos uno para probar...... "ostras, dice que no pica!!!!" fue el comentario del encargado de probarlo.


Finalmente pedimos pollo mesala que nos juran que no pica y aunque no es del todo cierto, al menos lo podemos comer. Unas brochetas que también había en las brasas y unos chapatis, el típico pan indio, pusieron fin a la picante cena.
Tras pagar los 15€ que costó la cena para los 7, emprendimos la vuelta al hotel en medio de la oscuridad de la noche.
Mañana hemos quedado a las 6,45 para hacer de nuevo el recorrido en el barco, esta vez el primero de la mañana.


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