06 marzo 2017

Llegada a la isla de Gulhi. Maldivas.





Había llegado el momento de abandonar India para desplazarnos hasta nuestro siguiente destino: Maldivas.
Nos levantamos a las 7,30 para preparar el equipaje antes de bajar a desayunar. A las 8,30 ya estamos a bordo de nuestra furgoneta dispuestos a acercarnos hasta el aeropuerto de Kochi desde donde volaremos a Male, capital de Maldivas.
El trayecto discurre sin incidentes y a las 9,45, nos despedimos de Kisen tras darle una propinilla por la buena labor realizada. Una última foto para inmortalizar el momento y entramos al aeropuerto dispuestos a facturar y sacar las tarjetas de embarque.
Como ya habíamos leído anteriormente y es conveniente saber, nos exijieron mostrar el vuelo de salida de Maldivas, la reserva de nuestro alojamiento y la tarjeta de crédito con la que hicimos la reserva del vuelo.


Una vez solucionados todos los trámites y antes de pasar a la zona de embarque, decidimos que era el momento apropiado para dar buena cuenta de unos sobres de embutido y unas cervezas que nos quedaban en la mochila. A partir de ahora y durante los próximos 5 días, estos productos se convertirían en artículos prohibidos.
Sobre las 12,30, con puntualidad inglesa, despegamos dispuestos a disfrutar al máximo de nuestra estancia en la minúscula isla de Gulhi.


Las vistas aéreas al divisar las primeras islas resultan espectaculares a pesar de que no volamos excesivamente bajos. Los pequeños islotes con sus lagunas de rabioso color azul y los arrecifes que se adivinan bajo las transparentes aguas consiguen arrancarnos las primeras exclamaciones de admiración.




Con 15 minutos de retraso, a las 14,10, aterrizamos en el aeropuerto de Male.
Comenzaba nuestra aventura maldiva.
Habíamos negociado con la agencia icom tours para que nos vinieran a buscar al aeropuerto para llevarnos hasta la isla de Gulhi por 180$. De esta forma nos asegurábamos llegar ese mismo día a nuestra isla ya que si teníamos que coger el ferry público, íbamos a andar muy justos de tiempo.
Antes de nada cambiamos 100€
a la moneda local, la rupia maldiva más conocida como rufiyaa, en un banco del aeropuerto. Nunca solemos cambiar en los aeropuertos porque el cambio suele ser bastante malo pero en Maldivas no hay muchos sitios para hacerlo y desde luego, en nuestra isla, imposible. Nos dan 16,6 rufiyaas por euro.
Una vez salimos al exterior, comprobamos que nos estaban esperando. Sin perder ni un minuto fuimos hasta la lancha que se encontraba muy cerca de la terminal aereoportuaria y cargamos todo nuestro equipaje.
Algo más de media hora de viaje nos sirvió para darnos cuenta de dos cosas:
por un lado, del precioso color turquesa de las aguas en las que navegamos y por otro, de que el estado del mar no era tan relajado como esperábamos.
Efectivamente, fueron 33 minutos de botes y saltos en el interior de la pequeña embarcación.

Al llegar a Gulhi, unos chicos nos esperaban en el pequeño puerto con un carro donde cargaron todo nuestro equipaje y se lo llevaron mientras nosotros tratábamos de pagar los 180$ correspondientes al traslado privado en lancha rápida, tarea nada sencilla ya que exigen billetes en perfecto estado y no demasiado viejos. Nos llevó un rato reunir entre todos, los billetes necesarios y que resultaran de su agrado.
Solucionado el pago del traslado, nos dimos cuenta de que nuestro equipaje había desaparecido pero afortunadamente, un chico del Tropic Tree nos acompañó hasta el hotel donde nos esperaban con unos zumos de bienvenida.
Les dejamos los pasaportes para hacer el registro y sin perder un segundo subimos a nuestras habitaciones para ponernos el traje de baño, coger nuestras máscaras y tubos y salir disparados hacia la playa.
Al salir nos dieron una toalla a cada uno y nos indicaron por dónde se encontraba la bikini beach.
En unos minutos llegamos a una playa de fina arena blanca con un puñado de tumbonas con su correspondiente sombrilla de paja. El agua, de un precioso color turquesa que nos invitaba a sumergirnos sin más dilacción, no tuvo que esperarnos ni un minuto.




Un buen trecho separa la orilla del arrecife y es aconsejable llevar algún tipo de calzado para protegerse de los corales y las rocas durante ese trayecto.
Unos compañeros ven una pequeña raya muy cerca de la orilla y a medida que vamos avanzando, empiezan a aparecer los corales y los peces. Una especie de anguila o quizás fuese una serpiente marina, me sorprende al poco de sumergirme.
Al llegar al borde del arrecife, nos encontramos con muchos peces de llamativos colores pero nos llama la atención el estado en el que se encuentran las formaciones coralinas. La mayoría de ellos carecen de color e incluso hay muchos que están muertos.
También nos sorprende las fuertes corrientes que en determinadas zonas nos lleva de un sitio a otro con el consiguiente riesgo de producirte cortes con los corales.



Durante una hora estuvimos explorando el arrecife de nuestra isla hasta que salimos a la playa bastante cansados a cusa de las corrientes.
Tras relajarnos un poco cerca de la orilla disfrutando de aquellas maravillosas aguas y secarnos un poco, nos dedicamos a explorar los límites de nuestra isla. 

El sol se estaba ya poniendo sobre el horizonte y nuestro primer atardecer en Gulhi, lo pasamos en el café Surfer, un pequeño local de madera desde donde vimos teñirse el cielo de naranja mientras saboreamos unos estupendos batidos de fresa y chocolate. 


Ya sin luz, nos acercamos hasta el hotel donde negociamos para mañana una excursión en lancha para hacer snorkel en tres puntos diferentes. Dedicaremos toda la mañana y pagaremos 25$ por persona.

Estábamos cansados y decidimos cenar en el hotel para probar. 

Unas ensaladas, arroz, pescados y algún plato de carne supuso nuestra primera cena en Maldivas.
La cuenta ascendió a 850 rufiyaas, unos 50€ a pagar entre 7 personas, algo muy aceptable teniendo en cuenta la calidad de los platos.
El hotel acepta moneda local y dólares aunque imagino que también aceptarían euros en caso de que fuera necesario.

Era hora de retirarse a dormir. La noche en Gulhi, no ofrece demasiados atractivos...

La ruta de la jornada:

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