05 octubre 2017

Carcassonne.



A menudo comento con mis amigos y conocidos, lo mucho que ha cambiado en apenas unas décadas, la forma de preparar un viaje hacia territorios más o menos desconocidos.
Basta retroceder 20 años para darte cuenta de ello, cuando armado de un buen mapa y en el mejor de los casos de alguna guía de la zona, trazabas la mejor ruta posible para llegar a tu destino sin excesivos problemas y sin tener muy claro lo que te ibas a encontrar. No hablo ya de viajes de largas distancias sino de un paseo por la Europa más cercana o incluso por la península ibérica.
Hoy en día, con la ventana al mundo que representa Internet, todo ha cambiado de forma radical.
Y si traigo todo esto a colación es porque todavía recuerdo la forma en que descubrimos el destino del que hablaremos a continuación.

Un amigo y yo, habíamos preparado un viaje en coche hasta los Alpes italianos con la única ayuda de un buen mapa de carreteras de Europa. No teníamos claro a qué hora saldríamos de Bilbao así que pararíamos a dormir donde nos pillara la noche.
Llevábamos ya un rato conduciendo de noche a través de la monótona autopista francesa que nos llevaba dirección este, hacia el Mediterráneo, cuando un resplandor a mi izquierda llamó nuestra atención. 
Un imponente enclave amurallado en lo alto de una colina, espectacularmente iluminado, destacaba poderosamente a lo lejos. Habíamos decidido parar a dormir un poco más adelante, en la localidad de Narbona pero mi compañero se apresuró a buscar en el mapa dónde estábamos y de qué ciudad se trataba.
Se estaba haciendo tarde y queríamos avanzar un poco más en nuestra ruta hacia Italia pero tuvimos claro que a la vuelta, visitaríamos Carcassonne.
Así, de esta forma tan fortuita y peculiar, conocimos esta famosa villa medieval a la que posteriormente he vuelto en repetidas ocasiones.


Situada al sur de Francia, entre Toulouse y Perpiñán, Carcassonne aún no gozaba de la fama que le proporcionó el ser declarada Patrimonio de la Humanidad, cuando la visité por primera vez en los años 90. Sería en 1997 cuando recibió esta distinción y su fama se extendió como la pólvora, a lo largo de todo el mundo.
La importancia adquirida por su estratégica ubicación como punto intermedio en las antiguas rutas que conectaban el Atlántico con el Mediterráneo, se remonta a fechas prehistóricas.

CUANDO VISITARLA
Con veranos moderadamente calurosos e inviernos no demasiados fríos, el clima no suele suponer un hándicap para visitar esta ciudad aunque a veces el viento puede llegar a resultar un poco molesto.
Debido a su gran afluencia turística yo aconsejaría visitarla fuera de fechas vacacionales y a ser posible entre semana pero ya sabemos que eso no es tan sencillo...


LA CITÉ
Como es fácil adivinar, esta localidad de apenas 50.000 habitantes cuenta con un importante bagaje histórico. 
Se dice que ya en el año 800 A.C, la ciudad gozaba de gran importancia como centro de transacciones comerciales.
No voy a ahondar en los datos históricos de Carcasona ya que hay multitud de páginas dedicadas a ello pero este pequeño enclave fue testigo de numerosas disputas en las que intervinieron  romanos, visigodos, musulmanes, francos, cátaros y españoles, entre otros muchos.
En 1659, a raiz de perder protagonismo militar, sus fortificaciones fueron abandonadas y su estado se deterioró ostensiblemente hasta el punto de estar a punto de ser derribadas por completo .

En la actualidad, la importancia que ha adquirido el turismo en la ciudad se ve reflejada en la numerosa oferta de alojamientos y lugares de ocio que se reparten por los cuatro costados de la ciudadela.
Sentarse en alguna de las numerosas terrazas con las que cuenta y saborear alguna de sus especialidades gastronómicas como el Cassoulet, los estofados de caza o los caracoles mientras te dejas transportar por la música medieval hasta épocas feudales, es un placer difícilmente resistible.
También es un buen lugar para degustar vino francés ya que su larga tradicción vinícola le ha hecho acreedor de numerosos reconocimientos. El conocido como vin de pays de Cité de Carcassonne, fue declarado en 1981 como vino de Indicación Geográfica protegida.



LUGARES DE INTERES

La Ciudadela, conocida como la Cité, es uno de los lugares turísticos más visitados de Francia. 
A pesar de que sus murallas estuvieron a punto de ser derruidas debido a su gran deterioro, fueron restauradas por Eugène Viollet-le-Duc en el siglo XIX, consiguiendo que a día de hoy esta fortaleza sea considerada como una de las más importantes de Europa.


Castillo Condal
Construido en el siglo XII y reformado en varias ocasiones, albergaba a los vizcondes de Carcassonne.


Basílica Saint-Nazaire
De origen románico y construída en el siglo XI, fue la catedral de Carcassonne hasta 1801.


Catedral de Carcassonne
De origen gótico y construída en el siglo XIII, fue reconstruída y fortificada en el siglo XIV. En 1803 tomó el relevo a la Basílica Saint-Nazaire y pasó a ser la catedral de la ciudad.

Debemos saber que la entrada al castillo es de pago y conviene, si lo visitas en temporada alta de turismo, madrugar un poco para no tener que soportar colas interminables.
También hay visitas guiadas por la Cité o puedes hacerlo a tu aire con una audioguía. 

La música medieval y las numerosas actuaciones que tienen lugar por todos los rincones de la Cité, colaboran a crear una atmósfera muy especial que automáticamente nos trasladará a tiempos pasados cuando los caballeros elegantemente embutidos en sus armaduras se erijían en auténticos protagonistas del lugar.




Durante nuestra última visita pudimos disfrutar de sus extraordinarias vistas tanto diurnas como nocturnas a pesar de que al no llevar trípode, las fotos realizadas no tienen gran valor.
Descubrir los recovecos ocultos, las coquetas tiendas de souvenirs donde abundan los trabajos artesanales o las numerosas tiendas donde ofrecen sus delicias gastronómicas entre las que destacan el foie, los vinos o los dulces artesanales, son experiencias que tienes que descubrir en persona.









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