05 marzo 2018

Vakona Forest. Andasibe


Eran alrededor de las 6 cuando los inconfundibles gritos de los indri inundaron los bosques que rodeaban el hotel. No había oído nunca antes su canto pero no me cabía ninguna duda de que se trataba de ellos.
Me levanté de la cama sin prisas ya que habíamos quedado a las 7,45 para desayunar, por lo que tenía tiempo de sobra para prepararme y darme una ducha con toda tranquilidad.
Nuestra cabaña estaba inmersa en un bosque que formaba parte del Parque de Andasibe, desde donde llegaban los increibles aullidos de los indris. 

Mientras me duchaba, en medio de aquel concierto animal, no cesaba de mirar por la ventana con la esperanza de poder avistar mis primeros indris ya que sus gritos delataban que cada vez se acercaban más a los alrededores de nuestro hotel. El movimiento de las copas de los árboles delataban su presencia pero la espesura de la vegetación me impedía distinguirlos.
Sobre las 7,30, tras darme una vuelta por el bosque, me acerqué hasta el comedor del hotel dispuesto a esperar al resto del grupo para desayunar. 

Uno a uno fueron llegando aún con signos de cansancio por la larga jornada de ayer. Los traslados por tierra, mar y aire a lo largo de más de 15 horas, nos habían dejado huella.

Mientras desayunábamos, el primer tema a tratar fue el del alojamiento. 

La ubicación de nuestras cabañas nos gustaba mucho pero las instalaciones estaban un tanto abandonadas y ni la limpieza ni los colchones eran del agrado de varios componentes del grupo por lo que decidimos cambiar de hotel para los próximos días.




 

 














Incluso en la parte de arriba de nuestra habitación, en el marco de madera de la ventana que se encontraba sobre la cama, había un nido de algún tipo de insecto que nadie se había molestado en quitar.


 








Así pues, una vez que desayunamos todos, tres integrantes del grupo se fueron con Erik en la furgoneta en busca de un nuevo alojamiento. Mientras tanto, el resto iríamos preparando todos los equipajes para salir en cuanto volvieran nuestros compañeros.

Pagamos 366.000 ariaris ( unos 105€ ) por el alojamiento de los 7 y los desayunos, antes de dar una vuelta por los alrededores y descubrir unas cabañas más nuevas y con mejor pinta que las que nos habían dado a nosotros. Desgraciadamente estaban ocupadas, al igual que algún que otro hotel al que llamamos ayer y que también se encontraban completos. 

A pesar de que esta zona cuenta con bastantes alojamientos, parece claro que la demanda es alta y  puedes encontrar problemas a la hora de buscar una habitación si no has reservado con antelación.

Nuestros compañeros no tardan en llegar para comentarnos que no ha sido nada fácil encontrar alojamiento ya que los que teníamos mirados se encontraban completos pero que finalmente iríamos al Indri Lodge Andasibe.
La habitación doble costaba 105.000 ariaris (unos 30€) y la triple 120.000 (unos 34€). El desayunos estaba incluido.

Una vez resuelto el tema alojamiento, pasamos a decidir nuestro plan para hoy. La gente está todavía un poco cansada por el viaje de ayer así que empezaremos con visitas tranquilas para el día de hoy. Visitaremos el Hotel Vakona que dispone de una pequeña reserva de lemures y una interesante muestra de camaleones, gecos, cocodrilos, una fossa, etc.
Tras comunicar a Erik nuestros planes, montamos en la furgoneta y nos dirigimos hacia el mencionado hotel, uno de los más caros de la zona.
Desde nuestro hotel apenas deberemos desplazarnos 10 kilómetros hasta llegar al Hotel Vakona.


Nuestro recorrido de la jornada:



A nuestra llegada, sacamos los tickets de entrada en la recepción por los que pagaremos 25.000 ariaris ( unos 7€ ) por persona.
Comenzamos nuestra visita desplazándonos a pie a través de un tupido bosque hasta donde comienza la primera parte de la visita dedicada al avistamiento de varias especies de lemures.
Un guía nos espera para, tras atravesar un pequeño canal en una canoa, pasar a una isla donde viven los lemures. 

Según nos comenta, todos los días se hace un recuento de todos los lemures que habitan la zona para llevar un control estricto del número de ejemplares existentes. Para facilitar el recuento les ofrecen comida por lo que los animales están bastante habituados a la presencia humana hasta el punto de que permiten el acercamiento de éstos e incluso frecuentemente se suben a los hombros y cabezas de los visitantes en busca de comida. 

Recepción Hotel Vakona

Siempre he preferido descubrir a los animales salvajes en su medio natural y este tipo de espectáculos no es muy de mi agrado pero al fin y al cabo los animales están en libertad y hay que reconocer que todos aquellos que no están dispuestos a internarse en los parques y sobre todo los niños, disfrutarán enormemente con la experiencia.
En cuanto nuestro guía sacó unos plátanos y colocó pequeños trozos en las ramas, varios lemures del bambú y marrones acudieron a nuestro encuentro. 

Un par de ejemplares de lemur marrón no dudaron en subirse a nuestras cabezas provocando la sorpresa y risas de todo el grupo.

Hapalemur griseus

Hapalemur griseus

Hapalemur griseus
Hapalemur griseus

 















Hapalemur griseus
Hapalemur griseus
















Hapalemur griseus
Hapalemur griseus

















Eulemur fulvus

Eulemur fulvus

Eulemur fulvus

Un poco más adelante, avistamos un ejemplar de lemur blanquinegro que inmediatamente bajó de las copas de los árboles para recibir su ración de fruta.
Mientras tanto, otros turistas navegaban por los canales tratando de avistar los animales desde el agua.


Varecia variegata

Varecia variegata

Varecia variegata

Finalizada esta primera parte de la visita, nos dirigimos a otra zona donde podremos ver camaleones, cocodrilos, gecos, una fossa y algún bichejo más.
Otro guía nos acompaña en esta zona. Se nota que disfruta con su trabajo y todos agradecemos su dedicación y esfuerzo para mostrarnos todos los animales que habitan en la zona.
Unos enormes cocodrilos que descansan a las orillas de un río, son los encargados de darnos la bienvenida. El tamaño de los reptiles impresiona.




Más adelante nuestro guía nos mete en unos recintos cerrados donde nos muestra varias especies de camaleones, geckos, tortugas, patos, etc.

Uno de los animales que más nos sorprende es un gecko endémico de Madagascar, el Uroplatus sikorae, al que nos resulta imposible descubrir gracias a su extraordinaria técnica de camuflaje. Nuestro guía se ríe a carcajadas mientras tratamos de encontrarlos en vano.
También tenemos oportunidad de ver una fossa, el mayor depredador de la isla, y los curiosos insectos jirafa.


Uroplatus sikorae
Uroplatus sikorae


Calumma brevicorne

Calumma parsoni

Calumma parsoni

Trachelophorus giraffa
Trachelophorus giraffa


Cryptoprocta ferox

Hemos disfrutado enormemente viendo un montón de animales extraños que nunca antes habíamos visto, con la compañía de un entusiasta guía que ha contribuido de manera importante a hacernos pasar un rato muy agradable.

Son ya las 14,15 y nuestros estómagos comienzan a pedir una tregua por lo que volvemos al coche para acercarnos hasta la zona donde se concentran la mayoría de hoteles y restaurantes para buscar un sitio para comer.
El sitio elegido en esta ocasión será el feon ny ala, un hotel que teníamos entre nuestros favoritos pero que se encontraba completo.
Tiene un bonito comedor
que se encuentra bastante animado cuando llegamos y dispone de unas relajantes vistas al bosque y a un río donde una garza agazapada aguarda su ocasión para capturar algún pez despistado .
Lo primero que hacemos es pedir la comida para que la vayan preparando mientras nos tomamos unas cervezas.
En esta ocasión no tenemos que esperar demasiado ya que 40 minutos más tarde, pudimos dar buena cuenta de unos platos a base de pollo, cebú, arroz cantonés, cervezas, agua, algun postre y unos rones. La cuenta ascendió a 133000 ariaris, unos 38€.




Tras la comida volvemos al hotel donde nuestro guía, Erik, nos presenta un guía que nos ofrece hacer un tour nocturno por los alrededores del parque.
Finalmente, cuatro componentes del grupo acordamos hacer el tour nocturno por 20.000 ariaris cada uno, unos 6€.
Tras quedar a las 18,30 con el guía, le pedimos a Erik que nos lleve al pueblo, que se encuentra a menos de 5 kilómetros, para aprovechar las pocas horas de luz que nos quedan.
Andasibe es un pueblo pequeño pero bastante animado. Sus numerosos campos de arroz, los puestos que se suceden a lo largo del pueblo vendiendo todo tipo de artículos y sus simpáticos habitantes, nos tuvieron entretenidos hasta que el sol se ocultó por el horizonte.












Era hora de volver al hotel, pillar las linternas y esperar a nuestro guía en el coche para probar suerte con el tour nocturno. 
El parque está cerrado a la noche por lo que los recorridos suelen realizarse por la carretera aledaña y en nuestro caso, por el parque de orquideas que en estas fechas se encuentra cerrado.
Durante aproximadamente hora y media estuvimos recorriendo una zona en la que los grupos de turistas se entrecruzan en busca de la fauna nocturna. 

Me da la impresión de que tienen a los animales muy localizados y los guías intercambian información cuando se cruzan para confirmar qué animales se pueden ver y dónde.
En nuestro caso comenzamos con un gran insecto palo al que siguieron un par de camaleones y dos lemures nocturnos. 

Nos sorprende mucho que nuestro guía coja los camaleones para que podamos sacarles buenas fotos, algo que a nosotros no nos hace demasiada gracia.
Los camaleones son preciosos y la fortuna de poder ver dos especies de lemures nocturnos nos sorprende positivamente.
La experiencia nocturna no ha estado nada mal.









Volvemos al hotel en compañía de nuestro guía con el que pactamos hacer
mañana un recorrido de 4 horas por el Parque de Andasibe. Nos dice que al ser 7 personas, deberemos hacer dos grupos y cada grupo debe pagar 60.000 ariaris. 
El tema de los guías me sigue sorprendiendo y no acabo de entender que cuanta más gente seamos, más debamos pagar . Entiendo que si los grupos deben de ser de 4 personas como máximo, cada grupo debe llevar un guía. Sigo pensando que la gestión de los parques y sobre todo de los guías, es un auténtico desastre sin ningún tipo de control.

Cerrado el trato, decidimos quedarnos en el hotel para cenar un poco de cebú y pollo antes de irnos a dormir.

Mañana tenemos una cita con los indris. 
Esperamos que no nos fallen...

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Próximo capítulo: Parque Nacional de Mantadia

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