26 noviembre 2018

Mindo.


Hoy la jornada comenzaba temprano. A las 5 ya estábamos en pie dispuestos a encontrar al escurridizo Gallito de las Rocas (Rupicola peruviana) y para ello debíamos salir temprano para llegar con las primeras luces del día al sitio idóneo para verlo.
Nos vestimos apresuradamente y bajamos a comprobar si nos han dejado el almuerzo en la nevera como ayer nos prometieron. Efectivamente, allí teníamos tres coquetas bolsas de tela con nuestro almuerzo.

Nos encontramos en Mindo, una pequeña población ubicada a 1250 metros de altitud, a menos de 100 kms al oeste de Quito que cuenta con numerosos alojamientos y restaurantes para recibir a los viajeros que se acercan hasta allí en busca de sus atractivos naturales. 
Y es que si Mindo se distingue por algo, es precisamente por su bosque húmedo, su Reserva Ecológica conocida como Mindo-Nambillo y por las variadas actividades que se pueden realizar en plena naturaleza. Senderismo, paseos a caballo, ciclismo de montaña, rafting, observación de fauna y cualquier otra actividad que esté relacionada con la Naturaleza, tiene su lugar en Mindo.
Las temperaturas son bastante agradables durante todo el año y aunque las lluvias son también habituales, de junio a noviembre el clima es más seco.
Si no dispones de coche propio, puedes llegar desde Quito tomando un autobús de la compañía Flor del Valle, en la estación norte del Metrobus (La Ofelia). El precio es de 3$ y la duración del viaje ronda las dos horas.


En nuestros viajes siempre buscamos zonas rurales con claro encanto y riqueza natural y por eso en este caso, Mindo pronto se convirtió en un punto fijo a incluir en nuestra ruta. Además como aficionados a la ornitología, la Reserva de Mindo-Nambillo era un privilegiado lugar para observar algunas especies emblemáticas de esta parte del mundo.
Y justo en estos precisos instantes íbamos a intentar ver una de estas especies, el Gallito de las Rocas.



Gallito de las Rocas

Esta llamativa ave puede ser vista volando por los bosques de Mindo en cualquier momento y lugar pero existen unos lugares denominados "leks" donde las posibilidades de verlos aumentan de manera ostensible.
Estos leks no son otra cosa que zonas concretas donde se reúnen varios machos con el único objetivo de aparearse, defendiendo cada uno de ellos un reducido territorio y tratando de atraer a las hembras a través de curiosas e inverosímiles exhibiciones de cantos y danzas.

Precisamente nos dirigimos hacia uno de esos leks y para ello recorremos totalmente a oscuras el camino que separa nuestro alojamiento del centro del pueblo donde hemos quedado con Roberto y con Santos, el guía que nos acompañará en nuestro coche.
Tomamos rumbo a Quito, desandando el camino realizado ayer, hasta llegar media hora después a un cruce donde existía un cartel con una fotografía de un Gallito y donde una pista te lleva hasta las cercanías del mirador desde donde intentaríamos avistar al pajarillo.
Cuando pasamos una pequeña puertecilla que da acceso a un sendero, comenzamos a oir unos estridentes sonidos que parecen ser cantos de aves. Efectivamente, no tardamos en llegar a un pequeño mirador techado donde un buen grupo de personas se encuentra ya disfrutando del espectáculo.
Hay poca luz y mucha vegetación por lo que las fotos no son buenas pero vemos muchos gallitos peleándose para atraer a las hembras en medio de un griterío ensordecedor. Ha merecido la pena el madrugón.
Permanecemos en el lek, más de una hora realizando fotos, videos y disfrutando de los nerviosos pajarillos a través de los telescopios que los guías ornitólogos han plantado en el refugio. 

También tenemos oportunidad de ver un tucán verde.



Al salir de allí pagamos 10$ por persona ya que este lek se encuentra en una propiedad privada y el dueño no pierde la oportunidad de embolsarse una buena cantidad de dólares todos los días. Y todo porque los famosos pajarillos han decidido establecer allí el escenario de su obra teatral. Que suerte tienen algunos...


Nosotros ahora seguiremos pajareando unas horas con nuestro guía, Santos pero para ello volveremos de nuevo a los alrededores de Mindo

Hasta las 10 de la mañana continuamos con Santos viendo numerosas especies de aves con vistosos y coloridos plumajes.
Tras casi cinco horas con Santos, nos despedimos de él y le pagamos los 15$ por persona acordados ayer. Roberto le lleva hasta el pueblo mientras nosotros nos quedamos en El Edén Treehouse donde nos aseguran que veremos un buen número de colibríes. Cuenta con una confortable terraza repleta de comederos para colibríes y otros con frutas para otras especies de aves.











El espectáculo que nos brindan los colibríes nos mantiene entretenidos durante un buen rato mientras pedimos algo para picar y unas cervezas. De nuevo dedicamos un buen número de fotografías y videos a estos revolucionados pajarillos que no paran de aletear ni un segundo. Algunos pasan casi desapercibidos debido a su ínfimo tamaño y apenas somos conscientes de su presencia al oir el zumbido que producen al pasar junto a nosotros.





Roberto y Melissa se reúnen allí con nosotros, permaneciendo juntos un buen rato hasta que decidimos bajar poco a poco andando hasta el pueblo para reunirnos de nuevo y comer todos juntos.
Cuando llegamos al pueblo nos vamos hasta la estación de autobuses para reservar tres billetes a Quito para el día siguiente a las 17 horas. 

Pagamos los 9$ correspondientes por los tres y nos tomamos unas cervezas en un bar cercano donde esperaremos a Melissa y Roberto.
Es hora de satisfacer nuestras necesidades gastronómicas y para ello nos desplazamos hasta un coqueto lodge que cuenta con un restaurante que nos recomiendan nuestros amigos así que no lo pensamos más, Mindo Garden será el elegido en esta ocasión.
Probamos el ceviche, unas chuletas de cerdo y otra de las especialidades de este lugar: la trucha. 

A pesar de que se trata de un pescado que no me hace mucha gracia, la fama con la que cuenta por estos lares y la insistencia de mis amigos para probarla, provocan que mi elección de hoy sea pescado. Tengo que reconocer que la forma de prepararla me sorprendió gratamente, al presentármela acompañada de bacon y langostinos. Muy rica. 
La comida de los cinco acompañada de zumos y cerveza ascendió a 95$.
Mientras comíamos ha empezado a llover y parece que no tiene intención de parar por lo que nos planteamos volver a la terraza del Treehouse, que está cubierta, para ver si aparecen los tucanes ya que los propietarios nos han dicho que suelen dejarse ver todas las tardes.
Pero como tenemos su teléfono, decidimos llamarles antes de ir hasta allí por si acaso ya han pasado. Efectivamente, nos dicen que se acaban de ir hace 15 minutos así que declinamos ir hasta allí y cambiamos los planes para acercarnos hasta nuestro alojamiento desde donde también tenemos buenas vistas para intentar ver la fauna del lugar y además contamos con hamacas y sillones.



Nuestros amigos vuelven hoy a Quito y les vendrá bien tumbarse un poco y descansar antes de emprender la vuelta a casa así que nos vamos todos a la hacienda y mientras unos descansan, otros nos entretenemos con los pajarillos que visitan nuestro jardín y algún que otro agoutí que se deja ver fugazmente.


Llevamos en pie desde las 5 y el cansancio empieza a dejarse notar. Sobre las 6 nos despedimos de nuestros amigos que vuelven a Quito y quedamos para vernos al día siguiente ya que dormiremos de nuevo en su casa y pasado mañana nos acompañarán hasta nuestro nuevo destino: el Parque de Antisana.
 

Nos quedamos los tres sólos tumbados en las hamacas del porche mientras continúa lloviendo. 
Teníamos pensado bajar al pueblo a cenar algo pero la pereza se está adueñando de nosotros y finalmente el sueño y el cansancio provocan que decidamos quedarnos en las habitaciones y recuperar horas de sueño perdidas durante las últimas jornadas.
Además, nuestra hacienda cuenta con varios senderos que se adentran en el bosque húmedo y son muy propicias para el avistamiento de fauna y aves por lo que no nos queremos ir sin realizar alguna caminata por ellos. 

Mañana queremos levantarnos con las primeras luces del día y aprovechar hasta las 9 o 9,30, hora a la que tenemos previsto volver a la hacienda a desayunar, para recorrer todas las rutas que nos dé tiempo.
A las 8 de la tarde me acosté en la cama y creo que caí dormido al instante. No me vendrá nada mal el descanso....


Ruta de la jornada:

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