10 diciembre 2018

De Banff a Jasper. Icefield Parkway.


Hoy abandonamos Banff para desplazarnos hasta otro de los grandes parques del oeste canadiense: Jasper National Park. 
Ya podemos decir que, aunque no hemos tenido demasiada suerte a la hora de poder visitar alguno de sus puntos más emblemáticos ya que aún permanecían cerrados a causa de la nieve y el hielo, Banff no nos ha decepcionado en absoluto. 
Por otro lado, también esperábamos más en cuanto al avistamiento de fauna se refiere aunque posiblemente el hecho de visitar este parque durante fin de semana, haya provocado que los animales se hayan mantenido más ocultos debido al gran número de visitantes que aglutinaba el parque.
De cualquier manera, los imponentes paisajes, las cascadas y los lagos que hemos tenido ocasión de disfrutar, nos han hecho olvidar los aspectos menos brillantes.

Son las 7 cuando abandonamos nuestro hotel para acercarnos a la gasolinera más próxima donde desayunaremos para perder el menor tiempo posible. Mientras unos llenamos el depósito de nuestro coche, otros van pidiendo los cafés y algo para picar antes de comenzar la jornada. Ya somos todo unos expertos en el arte de elegir el vaso y la máquina de café apropiado; llenamos el vaso, ponemos la tapa e introducimos la pajita. De esta manera podemos llevar nuestros cafés al coche sin riesgo de que éstos se derramen con el movimiento.


Ruta de la jornada: 

Nos hubiera gustado tomar de nuevo la Bow Valley Road para intentar avistar fauna ya que es un punto caliente a pesar de que nosotros no hemos tenido ocasión de comprobarlo pero como aún no son las 8, la barrera está cerrada e impide el paso. Aún así, vemos que varios coches esperan a que se abran las barreras para ser los primeros en recorrerla. Puede ser una buena opción pero tras unos instantes de dudas, decidimos continuar por la autopista. 
Más adelante nos espera otra carretera, la Icefield Parkway, que constituye otro punto álgido de nuestro viaje debido a su grandeza paisajística y la alta posibilidad de encontrar todo tipo de fauna en sus márgenes.

En efecto, los 232 kms con los que cuenta la Icefield Parkway, atravesando las Montañas Rocosas y uniendo las localidades de Jasper y Lake Louise, son considerados por muchos como los más bellos del mundo.
La grandeza paisajística no tarda en mostrarse ante nuestros ojos sin tapujos. La majestuosidad del paisaje es de tal magnitud que resulta imposible abarcar todo lo que tenemos frente a nosotros. Es difícil explicar con palabras esa sensación que producen estas vastas extensiones salpicadas de montañas, lagos y hielo. A excepción de la citada Icefield Parkway, ni una señal de asentamientos ni signos humanos, naturaleza salvaje en estado puro.




Llevo varios puntos señalados en el gps y la primera parada tendrá lugar en Bow Lake. El lago permanece aún helado y el paisaje resulta sobrecogedor. 



 
La siguiente parada apuntada en la agenda es Peyto Lake pero voy tan embobado con el paisaje que nos lo saltamos. 
En su lugar, añadiremos una parada no contemplada para admirar los maravillosos reflejos que se producen en las calmadas aguas de un lago que discurre paralelo a la carretera. Los bosques y las paredes de roca se reflejan en el agua como si de un espejo se tratara mientras los patos nadan plácidamente sin prestarnos atención.




Mistanya Canyon era el siguiente punto a tener en cuenta pero cuando llegamos al desvío que permitía su acceso nos llevamos la desagradable sorpresa de que está cerrado por obras.

Saskatchewan River Crossing cuenta con un bonito mirador que ofrece bellas vistas al río Saskatchewan, por donde los comerciantes de pieles lo cruzaban para dirigirse hacia la Columbia Británica, allá por el siglo XIX. 



Tampoco desaprovechábamos los lugares que ofrecían buen campo de visión por si podíamos descubrir algún oso o alce, dado que parecía un terreno bastante favorable para su avistamiento pero nos teníamos que conformar de momento, con la belleza de los paisajes.



Pero de pronto, el grito más esperado entre el grupo se hizo dueño del interior del coche: " ¡¡¡ para,para....ahí al lado.....un oso, un oso!!!"
Nuestro primer oso apareció de improviso a nuestra derecha y tuvimos que retroceder unos metros para situarnos frente a él ya que no pudimos frenar a tiempo. 

Durante unos minutos disfrutamos a solas del avistamiento de un precioso oso negro que se encontraba pastando tranquilamente a orillas de la carretera. Pero los coches no tardaron en percatarse de nuestro coche parado y en pocos minutos ya teníamos varios de ellos delante y otros muchos detrás. 
Es habitual que los conductores vayan atentos por si hay coches parados y animales cerca así que si ves coches parados, ya sabes....





Nuestro primer avistamiento de osos nos sirvió también para percatarnos de la inconsciencia de la gente que no duda en bajarse de los coches para hacerse selfies y fotografíar al oso con sus móviles. No me podía creer que una señora de más de 70 años bajara de su coche y se situara a unos 4 metros del animal para sacar su móvil y hacerle fotografías. 

La mayoría de osos se asustan con la gente y desaparecen en el bosque pero parece increible que la gente no se dé cuenta de que son animales salvajes y sus reacciones imposibles de adivinar. Cuidado.

Por fin habíamos visto nuestro primer oso y la moral del grupo estaba por las nubes ya que tras nuestro paso por Banff, comenzamos a pensar que no iba a ser tan sencillo ver osos pero Icefield Parway nos había obsequiado con el mejor regalo posible.
Nuestra siguiente parada la hicimos en un alto, a orillas de la carretera, que permite unas vistas espléndidas a la Icefield Parkway flanqueada por las moles rocosas cubiertas de nieve. Los cuervos nos acompañaron durante la estancia.




Más adelante se encuentra otra de las principales atracciones de esta zona: el Glaciar de Athabasca

Este glaciar es el más visitado de norteámerica y desde el cercano Centro de Interpretación, que se encuentra junto a la carretera, se organizan visitas guiadas en las que te acercan al glaciar en un autobús para hacer trasbordo a un autobús especial conocido como "Snow coach" donde te hacen un recorrido por el glaciar, superando pendientes superiores al 35%, siempre con velocidades por debajo de los 20 Km/h.
Nosotros no haremos esa ruta y nos limitamos a hacer un pequeño recorrido a pie que nos permite admirar la lengua de hielo en primera linea y a sus pies, el lago Sunwapta que da origen al río con el mismo nombre.





Seguimos nuestra ruta hasta que nos topamos con una vistosa cascada a orillas de la carretera llamada Tangle Creek Falls. Como hay un amplio parking a la izquierda, no dudamos en parar para sacar unas fotografías antes de continuar el camino.


 



 










Un poco más adelante pararemos de nuevo para contemplar el pintoresco glaciar de Stutfield que debe su nombre al montañero y explorador británico, Hugh Stutfield. El paraje, una vez más impresionante.




Poco antes de llegar a las Sunwapta Falls nos topamos con un montón de coches parados. No tardamos en percatarnos del motivo: otro precioso oso se encontraba frente a nosotros. Otra buena sesión de fotos y videos hasta que se cansó de nosotros y cruzando la carretera sorteando los coches parados, desapareció en el bosque.




Menos de un kilómetro separa el parking donde dejamos el coche, de las cataratas Sunwapta, nuestro próximo objetivo. El gran caudal de agua que cae en esta época del año, provoca un gran estruendo al salvar los casi 20 metros de desnivel que posee esta cascada. 

Hay dos miradores, uno superior y otro inferior pero nos conformamos con verlas desde arriba. Un cartel anuncia dos kilómetros hasta el mirador inferior.
Es la hora de comer y como vemos que hay un restaurante junto al parking, no desperdiciamos la ocasión. 

Tienen unas grandes cazuelas de las que te puedes servir a tu antojo. Unas sopas y guisado, acompañados de unas cervezas, fueron el mejor colofón a una mañana maravillosa. 
La cuenta ascendió a 109$, unos 18€ por cabeza.




 










Un poco más adelante, de nuevo una fila de coches parados prometía una nueva sorpresa. 
Así fue, unas preciosas cabras blancas también llamadas cabras de las Rocosas (Oreamnos americanus), aparecieron ante nosotros sin que prestaran demasiada atención al alboroto que habían provocado. 
Era éste uno de los animales que más deseábamos ver, dada la singularidad de su aspecto, que en muy poco se parecen a las cabras que conocemos por nuestros lares. Además, no es de los más sencillos de avistar debido a su preferencia por las altas y recónditas montañas.
Desde luego, no íbamos a olvidar tan fácil nuestro paso por esta famosa carretera.






Ya sólo teníamos prevista otra parada más antes de llegar a nuestro hotel aunque viendo todo lo que nos estaba regalando la Icefield, no teníamos muy claro si llegaríamos de día.
Las Atawasca falls se encuentran muy próximas al parking donde se deja el coche por lo que son muy visitadas. 

Sus 23 metros de desnivel y el gran caudal de agua que poseen durante todo el año, atrae a gran número de visitantes.
Hemos visto ya tantas cascadas que cada vez resulta más difícil que nos sorprendan pero de cualquier manera, los paisajes siguen mostrándose espectaculares.




De vuelta en el coche, observamos que hay una estrecha y solitaria carretera a la izquierda que decidimos explorar ya que parece que está mucho menos transitada. 

Llevábamos un rato circulando por ella cuando vimos un cartel que indicaba Jasper así que ya no la abandonaremos hasta llegar al pueblo. 
No vimos más fauna aunque nos vimos obligados a parar varias veces para disfrutar con calma y en total silencio de unos paisajes que seguían maravillándonos. 
Frente a nosotros, reinaba la inmensidad más absoluta.




Una vez llegamos al hotel, el Tonquin Inn, repartimos las tareas y mientras unos se dedicaron a hacer la colada, otros fuimos a comprar provisiones para los próximos días.
No queda mucho para atardecer pero tenía anotado un lugar muy recomendado para ver osos y alces, a últimas horas del día, bastante próximo al pueblo por lo que no lo dudamos y nos acercamos hasta allí en coche para hacer una ruta circular antes de que anocheciera.
Se trata de Cottonwood Slough, una pequeña ruta que rodea varias lagunas que son bastante frecuentadas por la fauna salvaje y que desgraciadamente, en esta ocasión no nos ofrece otra cosa que unos nerviosos wapitíes que huyen nerviosos en cuanto se percatan de nuestra presencia.
Cuando llegamos al coche ya es noche cerrada.







Después de una jornada tan excitante y exigente, estamos un poco cansados por lo que decidimos comprar unas cervezas y comida india en un local cercano a nuestro hotel. 

Cenaremos en la habitación y tras rememorar los momento álgidos de la exitosa jornada, nos retiramos a dormir ya que mañana hemos quedado a las 5,45.
No nos queda demasiado tiempo para descansar....


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