15 marzo 2013

Información sobre Etiopía.

 

Etiopía, la antigua Abisinia enclavada en el denominado cuerno africano al este del continente, aguardaba en calma nuestra llegada, dispuesta a mostrarnos algunos de sus secretos mejor guardados. 
No iba a ser el nuestro, un viaje turístico convencional puesto que íbamos a centrarnos en visitar exclusivamente alguno de sus parques naturales en busca de su fauna y más concretamente de sus variadas y espectaculares especies ornitológicas. 
El país de los burros, de las caravanas de camellos, de las tribus ancestrales, de arcaicas iglesias talladas en la piedra, de elevadas montañas, de profundos lagos y de vastas formaciones volcánicas se disponía a desvelarnos algunas de las numerosas singularidades que la distinguen de cualquier otro país africano conocido por mí hasta el momento. 
Lo primero que deberemos tener muy en cuenta es su particular calendario y el peculiar sistema horario por el que se rigen. Sus años constan de 12 meses de 30 días y un 13º de 5 días. 
En los años bisiestos, este 13º mes dispondrá de 6 días. 
También deberemos tener en cuenta que celebran el fin de año el 11 de Setiembre y que van con más de 6 años de retraso respecto a nuestro calendario. Para intentar dejarlo claro, el 12 de setiembre de este año (2013) , ellos comenzarán el 2007. 
Más importante aún es conocer sus hábitos horarios para tratar de evitar sorpresas desagradables ya que no nos servirá de mucho saber que su huso horario está comprendido en el GMT+3, es decir dos horas más que en España en invierno. Y es que los etíopes son mucho más lógicos que todo eso y para ellos el día empieza con las primeras luces del alba. Así pues, consideran que a las 6 A.M serán realmente las 0.00. 
No lo olvides.


Cuando ya tengamos claro en qué día y a qué hora vivimos, estaremos casi preparados para comenzar a descubrir todas las sorpresas que este curioso y entrañable país africano nos tiene reservadas.
Apenas salir de Adis Abeba, las típicas estampas africanas representadas por auténticas mareas humanas cargando con todo tipo de artículos que pudieran serles útiles para sus subsistencia, se agolpan en las orillas de las carreteras buscando un piso firme que les facilite sus agotadoras caminatas. 
Agua, madera y alimentos son las cargas más comunes que acarrean de un lado para otro, ayudados los más privilegiados, de carros tirados por caballos o por los omnipresentes burros tan amenazados en otros rincones del mundo.

Los poblados que vamos encontrando a nuestro paso, se limitan a grupos de chozas construídas con palos de madera, en ocasiones revestidos con adobe o excrementos del ganado y cubiertas por rudimentarios techos de paja. Hablar de agua corriente y energía eléctrica supone en la mayoría de los casos, hablar de lujos inalcanzables para la inmensa mayoría de la población etíope.

Con alrededor de 80 millones de habitantes y una historia que se remonta a más de 3000 años, es el único país africano que no ha sido sometido por el colonialismo a pesar de haber sufrido la ocupación italiana desde 1936 a 1941.
Poseedora de una riqueza cultural inestimable, cuenta con casi un centenar de etnias con sus correspondientes lenguas, costumbres y tradiciones.


Resulta asombroso observar hasta donde llegan los asentamientos humanos a lo largo de estas tierras africanas. Independientemente de que te encuentres a altitudes superiores a los 4000m, en inhóspitos desiertos o en la selva más intrincada, la presencia humana no tardará en sorprenderte, casi siempre de improviso.
Será inútil tratar de comprender cómo es posible encontrar casi siempre alguien en tu camino.
Religiosamente hablando, comparte con Armenia el honor de ser el estado cristiano más antiguo del mundo. La iglesia ortodoxa etíope, una de las más antiguas del mundo cristiano, es predominante en la zona norte del país mientras que en el sur predomina el islam. Los cultos animistas también tienen su hueco en el mosaico religioso.

Otro dato importante a tener en cuenta es el alto índice de siniestralidad en carretera que padece Etiopía por lo que deberemos extremar las precauciones una vez nos veamos inmersos en la locura que supone circular por aquellas tierras. No deja de ser curioso ver cómo los propietarios de los vehículos accidentados, siempre que salgan airosos del incidente, acampan junto a su automóvil o camión para proteger sus pertenencias en espera de que llegue la ayuda necesaria en forma de grúa o mecánico. Llegamos a ver durante varios días a gente esperando pacientemente esa ayuda sentados bajo una acacia. 
Esto es Africa!!!

La pobreza inunda cada rincón de estas tierras por lo que resulta frecuente que allá donde estemos, numerosos niños se acerquen en busca de cualquier cosa que los “farangis” puedan darles.
A título personal, siempre dudé de que estas prácticas fueran beneficiosas para estos niños necesitados de todo y acostumbrados a subsistir con lo mínimo ya que en cierta manera estamos incentivando el hecho de encontrarse en la calle en lugar del colegio. 

Pero en definitiva, quién se puede negar a dar algo de lo que nos sobra a alguien, y más tratándose de un niño, que lo necesita todo?
De cualquier manera, siempre he pensado que es mejor canalizar todo tipo de ayuda a través de colegios u organizaciones dedicadas a tales menesteres.
 

A pesar de que en los sitios más visitados por los farangi es habitual que los niños pidan dinero por las fotografías, en la mayoría de los lugares visitados durante nuestro recorrido, eran los propios críos quienes te pedían que les hicieras una foto para posteriormente partirse de risa cuando se veían reflejados en ellas. Incluso te quitaban la cámara y te hacían ellos a tí y a sus amigos, multitud de fotografías para deleite de todo el grupo. 
Otra actividad que les llamaba poderosamente la atención era mirar a través de nuestros prismáticos. Era digna de ver su cara de asombro mientras llamaban a familiares y amigos para que probaran semejante experiencia.
Gastronómicamente, destaca el injera, una especie de pan ácido que te sirven enrrollado como si de una venda se tratara. Se fabrica con un cereal llamado teff y una vez conseguida la masa, se deja fermentar con estiércol durante tres días antes de ponerla en una cazuela de barro previamente calentada en el fuego.
Se acostumbra a comer con las manos y los platos más habituales son las ensaladas, la carne de vaca, el arroz y la pasta, todo ello acompañado de las características salsas etíopes. Olvidaros de encontrar cerdo a lo largo del país ya que tanto ortodoxos como musulmanes, tienen prohibida su ingesta.
Las cervezas son por lo general suaves y los vinos, a mi juicio,no son imbebibles a pesar de carecer de calidad.
Mención aparte merece el excelente café que preparan, como no podía ser de otro modo, en el país donde por primera vez se cultivó esta planta; más concretamente en Kafa.


Otra de las singularidades que esconde Etiopía es la que le lleva a ser conocida como el techo de Africa debido a la gran altitud a la que se encuentra la mayor parte del territorio etíope, por encima de los 1500m sobre el nivel del mar casi en su totalidad. 
Destacan el macizo del Harar al sudeste del país y el de Abisinia al noroeste, con cotas máximas que casi alcanzan los 5.000m.
Su capital Addis Abeba ya se encuentra a una altitud que ronda los 2.500m y si tenemos pensado realizar alguna ruta por los macizos del noroeste o el sudeste deberemos tener muy presente que caminar a más de 4000m, se puede convertir en una tarea dificultosa. Intentar llenar nuestros pulmones de aire ante el más mínimo esfuerzo, no resultará sencillo.

Tampoco nos deberá sorprender cruzarnos con más de un “rastafari” en nuestra ruta ya que una curiosa profecía jamaicana aseguraba que el rey que encabezaría la liberación del pueblo africano nacería en Etiopía
La coronación de Haile Selassie (Tafari Makonnen) fue la culminación de esta profecía y muchos “rastafaris” se asentaron en las tierras privadas que éste tenía en Shashamane
Verles pasear por sus calles o escuchar reggae a toda pastilla no debe pillarnos por sorpresa.

El chat, qat o khat (Catha edulis) circula con naturalidad por todos los rincones del país. Esta planta, emparentada químicamente con las anfetaminas, es mascada con fines estimulantes y al parecer sus efectos son menos nocivos que el de otro tipo de drogas hasta el punto de que su consumo está legalizado en países como Reino Unido. 
Las partes más apreciadas son los brotes más tiernos, su sabor es amargo y produce cierto adormecimiento de la zona de la boca con la que lo masticas.

Climatológicamente hablando, la temporada de lluvias tiene lugar entre mediados de Junio y Setiembre mientras que la estación seca se prolongará durante el resto del año, sólo interrumpida por las cortas lluvias que suelen producirse en los meses de Febrero o Marzo. A pesar de todo, deberemos ser conscientes de que la considerable altitud a la que nos encontraremos en muchas ocasiones, provocará que las temperturas no sean todo lo calurosas que en un principio pudiéramos imaginar, sobre todo durante las primeras y últimas horas del día.
 
A lo largo de dos semanas, recorrimos la zona central del país, llegando a contabilizar más de 300 especies de aves y unas 30 de mamíferos. 
Dejaremos para otra ocasión una incursión por el norte para sumergirnos en su rica historia y otra por el sur en busca de sus ancestrales tribus, principales acaparadoras del turismo en Etiopía.
 
 














 Pero no quisiera finalizar este modesto artículo sobre Etiopía sin hacer una mención especial a la encomiable labor que viene desempeñando una joven oscense, Teresa, a favor de uno de los sectores más vulnerable de la capital y que no son otros que niños con alto riesgo de caer en el pozo de la delincuencia y la prostitución.
En su mayoría, hijos de madres solteras que llegaron a la capital huyendo de la miseria rural o de los malos tratos, son recogidos en unas instalaciones salesianas (Don Bosco) donde les ofrecen comida, atención sanitaria, higiene y preparación escolar, además de espacios para practicar deporte e incluso disfrutar del cine.

Fue allí donde hicimos entrega de las medicinas que llevamos con nosotros con la esperanza de aportar nuestro granito de arena, así como algo de ropa y la comida que nos sobró durante el viaje.
Cuando conseguimos quitarnos de encima a los entusiasmados niños que no dejaban de agarrarse a nosotros y disparar nuestras cámaras hacia todos lados, llegó el inevitable momento de despedirse de todos.
Nuestro guía Elías y los tres conductores, Abraham, McConell y Amro (que me perdonen si no he escrito bien sus nombres) nos acompañaban durante la que iba a ser una de nuestras últimas visitas. Llegaba la hora de la despedida.
Tres besos y un leve toque de afecto entre los hombros derechos, venía a significar nuestro agradecimiento y reconocimiento a los esfuerzos realizados por todos aquellos que hicieron del viaje, una agradable experiencia para estos locos farangi que volaron hasta sus tierras en busca de pájaros.
Ameseginalew. Dehna hunu .



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