Una plácida noche dio paso al último día del viaje.
Nos despertamos sin prisas, con la idea de disfrutar del hotel relajadamente pero no pudimos resistirnos a visitar un parque cercano, el Parque Estadual Zé Bolo Flô.
Habíamos leído que había bastantes aves e incluso algún mamífero que otro.
Nuestros cuerpos se habían ya acostumbrado a madrugar así que muy prontito estábamos ya todos desayunando plácidamente. El abundante buffet nos entretuvo más de lo previsto pero sin duda, después del atracón nos iba a venir bien el paseo matutino.





