27 enero 2014

Cap Skirring. Senegal.


Tras nuestro paso por la isla de Caravane y la de Hitou, procedemos a regresar a tierras continentales a través de los bellos manglares que nos ofrece el río Casamance
Una corta navegación que nos llevó de nuevo a la carretera donde esperaba nuestro coche para retomar la ajetreada ruta por carretera esquivando al ganado, los numerosos y enormes socavones y al resto de vehículos que parecen circular ajenos a cualquier norma establecida. A raíz del pequeño incidente que tuvimos días atrás en un control militar, no volvieron a pararnos en ningún otro, tal como era habitual para los turistas según nos aseguró nuestro guía. A pesar de que los controles seguían siendo numerosos y entre la exuberante vegetación veíamos tanques semiescondidos, nunca más volvieron a pararnos. 
Los problemas, en esta ocasión, vendrían producidos por las espectaculares y repentinas tormentas que convertían las carreteras en auténticos ríos de agua marrón mientras los rayos y truenos se sucedían sin tregua amenazando con hacernos desaparecer en cualquier momento. Los cortes de luz eran habituales y era frecuente atravesar pueblos y ciudades que llevaban sin luz varios días. 
Aún peor fue cuando encontramos una gran ceiba caída en medio de la carretera y que impedía el paso a cualquier tipo de vehículo. 
Estábamos en medio de la nada y nuestro guía nos aseguró que para mover ese gran árbol, que sin duda pesaba varias toneladas, se necesitaba una gran grúa. Y en Senegal, eso suponía varios días de espera.... 
Sin saber de dónde salieron, varias personas con hachas comenzaron la tarea de partir el enorme tronco en trozos más pequeños. Aquel trabajo se hubiera prolongado durante horas de no ser por la maravillosa y mágica aparición de una motosierra que redujo la labor a unos minutos. Salvados!!! 
Curiosamente, se limitaron a cortar un trozo de 3-4 metros que permitía el paso de hasta pequeños camiones. 
Cuando volvimos a pasar por allí, días más tarde, el árbol seguía en el mismo sitio.

 
No tardamos en llegar al que sería nuestro flamante hotel en Cap Skirring.
Después de los básicos alojamientos que hemos tenido hasta el momento, las enormes habitaciones adornadas con elegantes muebles de bambú, nos parecen merecedores de 5 estrellas…o incluso más!
Los cuidados jardines repletos de flores y la bonita piscina que invita al baño, completan las buenas sensaciones que todos percibimos.
Los pequeños lujos siempre se aprecian más y mejor cuando llevas una temporada de penurias.
El simple hecho de sentarse a la sombra en un cómodo sillón de bambú y tomarte una cerveza fría compartiendo animada charla con los amigos mientras la brisa marina acaricia tu rostro, es algo que consideraremos muy cercano a la felicidad absoluta.
Nuestros días en Cap Skirring transcurrieron entre cervezas frías, chapuzones en la piscina y largos paseos por las interminables playas de esta parte del país.


Multitud de niños se agolpaban una vez más a nuestro alrededor durante nuestros relajantes paseos playeros y más aún cuando decidimos comenzar a deshacernos poco a poco de parte de nuestro equipaje.
Allí, en aquella zona de playas sin fin y vegetación abundante, terminaría el viaje para parte del grupo.
A modo de despedida, tras la cena, prolongamos la tertulia hasta bien pasada la media noche mientras los rayos iluminaban por completo la noche y los truenos hacían tintinear nuestros vasos.
Por supuesto, la luz se había ido hace horas y la única iluminación que teníamos era la que nos proporcionaban unas pequeñas velas que nos habían entregado en el hotel, ya acostumbrados a estas incidencias.
Mañana unos irían hacia Dakar mientras otros nos dirigiríamos a Shaly, una de esas zonas típicamente turísticas que nunca me gustaron especialmente.
Pero seguro que me buscaré la vida para seguir disfrutando de este maravilloso país….

2 comentarios :

Carmen O dijo...

Que viaje mas maravilloso. Que envidia mas grande (de la buena ehh).
Un saludo
Carmen

aitor aitor aitor dijo...

Gracias Carmen,
la verdad es que la incursión por Senegal fue un viaje muy especial y el preámbulo de otras muchas visitas a la fascinante Africa Negra.
Un abrazo.