17 enero 2014

Islas de Carabane e Hitou, territorio animista. Senegal




Hoy dedicaremos el día a desplazarnos hasta la isla de Carabane. Para ello nos acercamos hasta la localidad de Elínkine donde embarcamos en una rústica canoa en la que llegaremos hasta una isla ubicada en la desembocadura del río Casamance y cubierta de una frondosa vegetación compuesta por mangos, palmeras, ceibas, baobabs, cocoteros y otras muchas especies.
La isla transmite una profunda calma y una tranquilidad encomiable. Su población se reduce a unos cientos de personas que viven de una agricultura y ganadería de subsistencia.

Tras desembarcar, nos adentramos en un bosque tropical a través de un estrecho sendero que nos conduce hasta unas pocas edificaciones entre las que se encuentra una antigua misión católica que recientemente habían transformado en hotel para alojar a los turistas que comenzábamos a llegar, allá por la década de los 90. No disponía de agua potable y la electricidad, generada por un grupo electrógeno, estaba limitada a unas pocas horas al día.
Muchos años después y tras haberme alojado en lugares que rayaban lo inhabitable a lo largo de muchos países, aún recuerdo esa noche como una de las más duras de mis viajes. Un calor húmedo y sofocante que rozaba lo insoportable, provocaba la imposibilidad de conciliar un sueño que necesitaba imperiosamente.
La noche discurrió entre interminables viajes desde una cama empapada por el sudor a una ducha de agua fría que aliviaba temporalmente las altas temperaturas que estaba sufriendo mi maltrecho organismo. Nunca podré olvidar esa larga noche…


Por fortuna, el relajado ambiente y el ritmo sosegado de la isla, consiguió que el día siguiente no fuera especialmente duro. Los paseos por la isla y las cervezas saboreadas en agradable compañía al son de la inconfundible y alegre música africana, contribuyeron a que olvidara de inmediato la dura noche sufrida.
Antes de abandonar la isla, aún tuve ocasión de contemplar un triste espectáculo que me causó un profundo impacto. 
Estando paseando por la isla, observé cómo numerosos isleños aguardaban en la playa con sus frutas recién recolectadas, preparadas y cuidadosamente guardadas. 
Me preguntaba para quién serían todos esos productos ya que la población local ya disponía de ellos y apenas había turistas a quien vendérselos. La respuesta estaba próxima a llegar….

A su vez, una fina lluvia comenzó a caer sobre todos nosotros. De pronto el cielo se puso negro, un fuerte viento se levantó de repente y una densa niebla lo invadió todo en cuestión de minutos. Una lluvia torrencial se adueñó de todo.


Súbitamente, entre la densa niebla, la silueta de un gran barco se adivinaba a unos cientos de metros de donde nos encontrábamos. Tras hacer sonar su estruendosa bocina, en signo de aviso, todos los allí presentes se lanzaron a sus pequeñas canoas cargados con sus productos para dirigirse hasta la gran nave.


El fuerte viento, el mar embravecido y la torrencial lluvia iban provocando el hundimiento de numerosas canoas que desaparecían bajo las olas llevándose consigo el fruto de su trabajo.
Apenas dos o tres embarcaciones llegaron hasta el barco donde intentaban vender sus productos o subir a bordo para tratar de venderlos en Dakar, destino final del buque. 
Mientras tanto, resultaba desolador ver llegar a la costa completamente empapados y con la cara desencajada a todos aquellos que habían perdido todo durante la corta travesía. Un duro castigo para una gente cuyos escasos ingresos dependían en gran manera de aquel barco que solamente llegaba a la isla, una vez por semana.

Abandonamos la isla con cierto sabor agridulce para dirigirnos a la cercana isla de Hitou donde, según nuestro guía, habitaba un afamado hechicero al que acudían importantes personalidades de todo Africa para hacerle todo tipo de consultas.
A nuestra llegada a la pequeña isla, un grupo de niños pequeños salieron corriendo despavoridos buscando el refugio de los brazos de sus padres. Me sorprendió ver a nuestro guía riéndose por lo que no dudé en preguntarle qué pasaba. No me podía creer su respuesta: “los niños han comenzado a llorar y a correr mientras gritaban ¡¡que vienen los blancos!!”
Por fortuna, no tardaron en acercarse y comenzaron a tocar cautelosamente y con curiosidad, nuestras descoloridas pieles. 
Seguramente, en la actualidad, esos comportamientos ya estarán totalmente superados.





Tras un paseo por un territorio con evidentes signos de cultos animistas (desde altares para sacrificios de animales a fetiches de todo tipo), visitamos la choza donde vivía el “brujo”. 
Personalmente, me pareció un simple montaje por lo que decidí salir al exterior y jugar un rato con los numerosos niños que una vez perdidos los temores iniciales, nos seguían por toda la isla.
Así finalizaba nuestra visita a estas dos pequeñas islas en las que vivimos experiencias difícilmente olvidables.
Era hora de volver al continente para dirigirnos a las playas de Cap Skirring.

4 comentarios :

Antonio Ruiz dijo...

¡Hola Joven!

No conocía el lugar que presentas, parece bastante especial. Cuando estuve en Senegal, o más bien en Niokolo Koba, me ocurrió algo parecido a lo que a tí, un calor húmedo, sofocante e insoportable no nos dejaba dormir.

Preciosa foto la última.

Un abrazote enorme!!!

aitor aitor aitor dijo...

Gracias por lo de joven, Antonio :-)))

Guardo imborrables recuerdos de mi paso por aquellas islas casi vírgenes en aquellos tiempos...

El calor que pasé por las noches,tampoco lo olvidaré fácilmente.

Abrazos!!!!

Anónimo dijo...

Viajé recientemente a esta región maravillosa de paisajes de ensueño. También padecí el calor este. Tremendo, tremendo... Pero ya me pareció que estaban todos muy acostumbrados a los visitantes blancos y muy especialmente a las blancas, que viajan en grupos numerosos por la zona, de todas o casi todas mujeres, y se hacen "acompañar" cada una de ellas por un senegalés veinte o treinta años más joven, los comentarios de entre ellas son pavorosos... que si el de Mari la tiene más larga que si el de Aranchi la tiene más gorda y la monta más veces... no sé si lo creerán pero todas ellas participaban o eso decían en un viaje de "cooperación", eran voluntarias de una ong española cuyo nombre prefiero no acordarme. Vaya gentuza. Ya pueden hacerse una idea de la opinión que allí se tiene ahora de las españolas... PEPA J.

aitor aitor aitor dijo...

Delicado tema el del turismo sexual.
Durante mi visita, en las zonas más turísticas como Saly o Cap Skirring, ya se veían hombres con chicas mucho más jóvenes.
Ahora, según parece por tu comentario, las mujeres se han unido al asunto.

De cualquier forma, me quedo con los maravillosos paisajes del país y su encantandora gente.

Un saludo!!!