07 enero 2015

Humedal de Saldropo, cascada de Uguna y el hayedo de Otzarreta.


En un recóndito rincón, al abrigo de las majestuosas Peñas de Atxuri y secretamente protegida por legendarias y centenarias hayas repletas de historias jamás contadas, se encuentra oculta la cascada de Uguna. No se trata de una espectacular caída de cientos de metros ni mucho menos pero la belleza del entorno en el que se encuentra, hace de ella una interesante visita.

No es extraño escuchar de boca de numerosos excursionistas, asegurar que han sido incapaces de dar con la ubicación exacta de esta pequeña cascada a pesar de haber pasado muy cerca de ella. 
En no pocas ocasiones, el cautivador sonido que produce el agua al salvar el desnivel de 35 metros con el que se encuentra en su camino el pequeño arroyo de Uguna, se convertirá en el insolente delator de su existencia.
Pero posiblemente, lo más sorprendente de todo, sea que este desconocido paraje se encuentre a escasos kilómetros del alto de Barázar por donde discurre la carretera nacional N-240 que une Bilbao y Vitoria.

Un lluvioso día de primavera me acerqué hasta el parking de Saldropo, con la intención de descubrir el emplazamiento exacto de Uguna
He de reconocer que, como esperaba, no resultó una tarea sencilla pero gracias a todas las indicaciones que había recabado, finalmente di con ella. 
Unas viejas hayas engalanadas con relucientes musgos fueron mis mejores guías durante el tramo final del trayecto, un corto paseo al alcance de cualquiera dispuesto a explorar los extensos bosques caducifolios cercanos a Saldropo.


A los pies de una robusta haya al pie de la cascada, me senté durante unos minutos disfrutando al máximo de la tranquilidad y serenidad que desprendía aquel diminuto y encantador rincón antes de emprender con calma,el camino de vuelta. 


Al llegar a la parte superior de la cascada y dado que no soy amigo de desandar los caminos previamente andados, me dispuse a buscar una ruta alternativa que me permitiera llegar al coche a través de una ruta circular. Por supuesto, me perdí. 

Debido a las copiosas lluvias de los últimos días, el terreno se encontraba anegado y en algún lugar perdí el rastro del camino. No suponía mayor problema ya que no estaba lejos del coche y además contaba con el apoyo de mi gps que me indicaba el lugar exacto donde me encontraba. Sólo se trataba de atravesar un poblado bosque de robles para volver a la pista que me devolvería a mi lugar de origen.
 

Así fue y siempre tratando de seguir los estrechos senderos generados por el paso de los ciervos y corzos que habitan estos bosques,a la vez que descubría bellos parajes, llegué sin dificultad a Saldropo, un conocido humedal que reúne en su interior la característica riqueza ecológica típica de estos ecosistemas. 



No muy lejos también podemos encontrar la calera de Errekarte, un horno donde se producía cal a partir de las rocas calizas de la zona.

Todo el área del humedal se encuentra sometido a un plan de recuperación debido a la existencia de una gran turbera explotada hasta hace poco por una empresa dedicada a la venta de tierra destinada a jardinería y que prácticamente agotó las ancestrales reservas de turba existentes en esta zona.

Un centro de interpretación y un área recreativa conforman el perfecto punto de partida para hacer numerosas rutas y visitas por el privilegiado entorno del Parque Natural del Gorbea, donde nos encontramos.

Unas flechas amarillas indican el recorrido circular de un kilómetro y medio que rodea el humedal en lo que significará un agradable y sencillo paseo al alcance de cualquiera. Yo tampoco pude resistirme a realizar dicho trazado.


Ya sólo me quedaba acercarme hasta otro punto cercano del que me habían hablado maravillas y aunque en un principio pensaba hacerlo andando, la lluvia que volvía a hacer acto de presencia motivó que me desplazara hasta allí en coche.
 

Se trata de un lugar mágico, de esos que apenas los pisas te transmiten algo difícil de explicar y te envuelven con su innegable belleza y una misteriosa atmósfera que parece anunciar en cualquier momento, la repentina aparición de Basajaun, el entrañable dueño y señor protector de todos estos bosques de nuestra querida tierra .
 

En efecto, es difícil imaginar mejor lugar para esconder la morada de este mitológico personaje, inestimable aliado de los pastores y rebaños de la zona y que se oculta en los bosques más frondosos y recónditos de estas montañas que nos rodean.

Montañas en cuyas cumbres quedan retenidas las sempiternas nubes que en algunas ocasiones se deslizan silenciosamente a través de sus laderas hasta hacerse dueñas de estos bosques y confiriéndoles, aún más si cabe, un halo de misterio que podría desbordar la imaginación del más sensato. Cualquiera que haya experimentado en soledad, la travesía de un hayedo invadido por la niebla podría dar fe de ello.




Me encuentro en el hayedo de Otzarreta, en plena calzada real que en tiempos lejanos ( o quizás no tanto), unía Bilbao y Vitoria y de la que aún quedan vestigios que se esfuerzan en recordar la importancia que un día tuvo esta ruta. 
No se trata de un hayedo convencional ya que se trata de un pequeño bosque que apenas reúne cien ejemplares de hayas trasmochas o lo que es lo mismo, árboles modificados por la acción del hombre. Podría entenderse como un claro ejemplo de lo que significa el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. 

Durante el auge de las ferrerías, el carbón vegetal era un producto muy demandado y nuestros sabios antepasados supieron cómo aprovechar la madera de estas hayas sin poner fin a su existencia. 
Con el paso del tiempo y el abandono de la producción de carbón, estas prácticas desaparecieron dando lugar a los llamados “trasmochos interrumpidos”, enormes hayas en forma de candelabros cuyas ramas crecían verticalmente en busca de insondables tesoros escondidos en algún lugar del lejano cielo que las cobijaba.
El arroyo Zubizabala atraviesa a la vez que alimenta, este peculiar bosque de hayas trasmochas contribuyendo a añadir encanto a un lugar ya de por sí soberbio. 

La climatología no me ha acompañado todo lo que hubiera deseado pero a pesar de todo he disfrutado de la jornada con estos pequeños paseos que me han permitido conocer rincones hasta ahora desconocidos. 
Quedan pendientes para otra ocasión, rutas más largas y exigentes que a buen seguro me depararán otros muchos parajes inolvidables….


COMO LLEGAR  

 Para acceder a estos lugares hay que tomar una pista que sale a la derecha (viniendo de Bilbao) justo al lado del bar Bengoetxea, en el alto del puerto de Barázar. Tres kilómetros más adelante llegaremos al pequeño parking de Saldropo desde donde podremos visitar los puntos descritos.

Junto al hayedo de Otzarreta, hay otro pequeño parking señalado en los mapas y donde podremos dejar nuestro coche aunque lo ideal es hacer la ruta andando.

UGUNA


SALDROPO


OTZARRETA




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