16 marzo 2017

Maldivas II. Snorkelling por los alrededores.



Me levanto alrededor de las 7 tras pasar nuestra primera noche en Maldivas. Las típicas llamadas a oración me han despertado a no sé qué hora pero me he vuelto a dormir sin problemas.
Me visto y salgo dispuesto a dar una vuelta de exploración por la isla pero me encuentro con otros integrantes del grupo que están ya desayunando y me quedo con ellos.
Hemos quedado a las 10 en el puerto para salir en lancha a hacer snorkelling pero como todavía queda bastante tiempo, me voy a conocer la isla a fondo; después de todo, no creo que tarde más de 30 minutos en dar una vuelta completa.

Unos curiosos lagartos me reciben nada más salir del hotel. Son de los pocos animales terrestres que se pueden encontrar en la isla.







Tras sacar unas fotos vuelvo al puerto a las 9,45 con las gafas, el tubo y la pequeña cámara acuática que espero estrenar en estos bellos fondos marinos.
A las 10 salimos a toda máquina acompañados de dos guías que nos acompañarán en la excursión.
Vamos muy rápido y la lancha comienza a dar unos botes espectaculares. Al principio resulta divertido pero pronto comienza a resultar incómodo y algunos notan los primeros síntomas de mareo.
Por suerte, llegamos por fin al primer punto de buceo. Nos encontramos en un arrecife cercano a un resort que creo entender se trata del Biyadhoo.
Permanecemos bajo el agua cerca de una hora y tenemos ocasión de ver gran cantidad de peces diferentes aunque los corales siguen mostrando un deterioro importante. No es que no haya zonas bonitas pero sí notamos que les faltan los intensos colores que hemos visto en otras zonas del mundo.






Subimos de nuevo a la lancha y nos dirigimos a otro punto, esta vez en medio del océano y con muchas olas que aunque pequeñas, molestan bastante ya que entra agua por el tubo y además te dificulta ver la embarcación y al resto del grupo.
La zona es muy rica en peces y permanezco varios minutos absorto concentrado en el maravilloso fondo marino pero cuando levanto la cabeza advierto que la corriente me ha llevado muy lejos y no veo la lancha ni a ninguno de mis compañeros. 

Me agobio un poco hasta que veo otro tubo de una compañera que le ha pasado lo mismo que a mí. La zona es bastante profunda y no podemos hacer pie en ningún sitio para descansar así que tratamos de localizar la lancha para intentar acercarnos a ella.
Creo que a nuestros guías se les ha ido un poco el tema de las manos ya que no han anclado la embarcación y la corriente también les aleja del grupo.
Nos encontramos 7 personas a mucha distancia unas de otras, en aguas profundas y en medio de un mar movidillo. Y para colmo, no resulta sencillo aproximarse a la lancha ya que cada vez que ésta para el motor, es arrastrada rápidamente por la corriente.
Por fin logramos subir a la lancha mi compañera y yo y una vez arriba, nos dedicamos a buscar al resto del grupo, una tarea nada sencilla ya que las olas impiden localizar los tubos de los demás compañeros.
Afortunadamente conseguimos subir todos a bordo sanos y salvos pero por momentos, temí por la seguridad de mis amigos.
El lugar estaba bien pero las fuertes corrientes y las abundantes olas no nos dejaron disfrutarlo como hubiésemos deseado.






Las olas mueven la lancha mientras la gente trata de quitarse las aletas y secarse un poco pero el hecho de permanecer parados, a merced de las olas, provoca que los mareos empiecen a dejarse sentir y algunos acaban vomitando. Hay que arrancar cuanto antes.
Al ver que algunos están bastante mareados nos preguntan si queremos ir al tercer punto de buceo. Por unanimidad decidimos que sí y nos acercaron hasta otro punto cercano a nuestra isla donde a pesar de que había menos corriente, también se deja sentir.
En esta zona tenemos ocasión de ver una tortuga y un compañero ve dos mantas-raya a lo lejos en las profundidades.






Mientras tanto, la lancha ha vuelto a desaparecer y
de nuevo nos cuesta bastante subir a bordo .
Nuestro primer snorkel en Maldivas no ha resultado tan plácido y relajado como esperábamos y todavía no acabo de entender por qué el capitán no anclaba la lancha para al menos, tener un punto de referencia fijo. En fin, creo que no repetiremos con estos chicos....

Llegamos al hotel a la hora de comer pero un par de compañeros suben directamente a la habitación para tratar de calmar sus revueltas tripas descansando un poco. 

Yo también he acusado el viaje y tengo las tripas un poco revueltas pero prefiero comer algo antes de subir a la habitación a tumbarme un rato.
Tras la comida, con el sol en lo más alto y calentando de lo lindo, era el momento idóneo para retirarse en busca de la comodidad de nuestras habitaciones.
Una horita fue suficiente para que todos bajáramos a la playa totalmente recuperados dispuestos a darnos un baño en aquellas aguas turquesas antes de dar una vuelta por la isla y tomar algo mientras vemos atardecer de nuevo.





Encontramos un local que tiene cerveza sin alcohol y que nos saca una especie de tapas variadas que no dudamos en probar. Los sabores dulces y salados se entremezclan y hay que reconocer que algunos estaban muy buenos.
La noche se ha adueñado ya de la isla y volvemos al hotel decididos a cenar y a intentar negociar la vuelta de dos integrantes del grupo que necesitan salir de la isla antes que el resto para tomar su vuelo de regreso dentro de 4 días.
Finalmente en el hotel les consiguen dos plazas en una lancha compartida que por 25$, les acercará hasta el aeropuerto.
Resuelto el tema, cenamos en nuestro hotel antes de retirarnos a nuestros aposentos un poco cansados tras el ajetreado día de snorkel.
A descansar.


Nuestro recorrido de la jornada:


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