25 noviembre 2017

Un día en el Parque Nacional de Ranomafana.



He pasado mala noche e incluso creo que he tenido fiebre pero no quiero perderme la incursión en uno de los parques más importantes de Madagascar por lo que no dudo en bajar a desayunar algo para intentar coger fuerzas ante la dura jornada que se presenta. 
Son poco más de las 7 cuando estamos en las puertas del parque negociando con los guías una excursión de 8 horas. 
Queremos adentrarnos todo lo posible hasta llegar al bosque primario y no quedarnos en las inmediaciones de la entrada al parque donde se concentran la mayoría de los visitantes. 
Ayer hicimos un pequeño recorrido por esa zona y hoy nuestro objetivo es otro muy distinto. 


Parque Nacional de Ranomafana.

Nos encontramos en el Parque nacional de Ranomafana creado en el año 1991, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2007 e incluido en la Lista de Patrimonios de la Humanidad en peligro, en 2010. 

Con sus más de 41.000 hectáreas de extensión, alberga  hábitats tan variados como el bosque húmedo de baja altitud ( 600-800m ), la selva tropical de altitud media ( 800-1400m ), bosques de bambú, zonas pantanosas, etc. 

Goza de un clima tropical húmedo con temperaturas medias de 14 a 20ºC, pudiendo bajar hasta 3ºC y soportar hasta casi 40ºC. 
La precipitación media anual es de unos 4.000mm y la humedad puede alcanzar entre el 90 y el 97%. 

Son numerosas las especies que viven en este parque  pero para no hacer una lista demasiado larga, destacaremos 12 especies de lemures, 115 de aves, 16 de camaleones, 22 de serpientes, 7 de carnívoros.... etc, etc.


Lo primero que hacemos es aprovisionarnos de agua en abundancia, algo que se puede hacer en los puestecillos que hay junto a la oficina del parque. Allí mismo compramos también pan para hacernos unos bocadillos con el embutido que nos hemos traído de casa. 

Promete ser una jornada dura ya que el perfil montañoso de la zona donde nos encontramos, amenaza con regalarnos un sinfín de subidas y bajadas a lo largo de todo nuestro recorrido. Todo ésto, unido al elevado porcentaje de humedad existente, parece que convertirá nuestra excursión en una exigente experiencia. 

En la misma puerta de la oficina negociamos con un guía un circuito que recorra durante 8 horas el parque. 
Como somos 6 personas, nos vuelven a decir que deberemos pagar dos guías. 
Ayer pagamos 75.000 MGA por cada guía por un circuito de tres horas y hoy nos piden 100.000 por cada guía por un circuito de 8 horas. 
Finalmente nos cobrarán 90.000 por ser seis personas. 
Al igual que sucedió ayer, uno de los presuntos guías desapareció para buscar los animales. 

Tras pagar los 2.000 MGA por persona en la cabaña situada a la entrada del parque, comenzamos la incursión por el parque de Ranomafana
Justo antes de cruzar el puente, vemos una especie de camaleón endémico de Madagascar, el calomma nasitum, el camaleón más pequeño que existe. 
Una rana cuyo nombre no recuerdo, es el siguiente animalillo que vemos. 



calomma nasitum



Poco después tuvimos oportunidad de ver uno de los carnívoros que puebla el parque y nada sencillo de avistar debido a sus hábitos nocturnos. 
Se trata de una civeta de Madagascar ( Fossa fossana ) que descubre un componente del grupo, apenas a un metro de distancia. Nuestro guía se apresura a asegurarnos que estamos viendo la esquiva fossa, el mayor depredador de Madagascar. 
Más tarde, cuando consultamos nuestros libros, confirmamos que lo que habíamos visto era una civeta conocida como fanaloka. 


By Joaquín Romero Redondo - Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=31994601


Hemos comenzado bien aunque no conseguimos sacar una buena foto a la inquieta y escurridiza civeta. La foto que muestro está sacada de wikipedia.

No tardamos en ver los primeros lemures:
  • Milne-Edwards' sifaka (Propithecus edwardsi),  
  • lemures del bambú ( Prolemur simus ) y 
  • lemures blanquinegros ( Varecia variegata ). 







La vegetación es bastante densa y no permite ver cómodamente los animales pero con paciencia, conseguimos ver aceptablemente estas tres especies. 
Todo lo que hemos visto hasta ahora, lo hemos hecho en los alrededores de la entrada al parque donde se concentran la mayoría de visitantes y sus guías. 

Tras una pequeña parada en la zona de descanso, volvemos a ponernos en marcha para adentrarnos en zonas más recónditas y llegar hasta el bosque primario del parque. 
Curiosamente, a partir de aquí ya no veremos ningún animal más y nuestro guía se limitará a comenzar una carrera contrareloj sin pararse a explicarnos ninguna característica ni curiosidad del parque. 
A pesar de todo, vamos parando donde encontramos algún insecto o flor que nos parezca lo suficientemente interesante.








Continuas subidas y bajadas a través del tupido bosque primario, acaban rompiendo el grupo entre aquellos que pueden seguir el fuerte ritmo impuesto y los que no pueden hacerlo. 
Esto nos permite dividir el grupo y mientras uno lleva a Dodo de guía, el otro se queda con Simon, el que hace de rastreador de los animales. 

Simon parece mucho más abierto que Dodo y aunque no habla mucho inglés conseguimos que nos confiese que él realmente no es guía sino un ayudante de Dodo, nuestro único guía. Cuando le decimos que hemos pagado por dos guías, se limita a encogerse de hombros y a asegurarnos que él sólo cobra lo que Dodo esté dispuesto a pagarle. 
Ante nuestra insistencia y tras rogarnos que no se lo dijéramos a Dodo, nos confiesa lo que le pagará por las 8 horas de trabajo. 
Recuerdo que para comenzar el circuito hemos pagado 180.000 MGA por dos guías, más de 50€. 
Nos quedamos de piedra cuando Simon nos dice que Dodo, el guía, le ha pagado a él 5.000 MGA ( 1,5€ ). 

Seguimos nuestra caminata que hace ya mucho tiempo que se ha convertido en eso, una simple caminata a través de la jungla, hasta llegar a una especie de torreta de vigilancia en lo alto de una colina donde paramos a comer. 
Unos preciosos geckos diurnos ocelados (phelsuma quadriocellata), son nuestros únicos compañeros. 

Bastante cansados, sacamos el pan y unos sobres de embutido del que damos buena cuenta en lo alto de la torreta. 
Las vistas a la ciudad y a una cascada, ponen el telón de fondo perfecto a la comida. 
Incluso si aplicamos todo el zoom de nuestras cámaras, podemos distinguir perfectamente nuestro hotel en la lejanía.







Ya sólo queda iniciar el camino de vuelta que se desarrolla sin más incidencias, hasta llegar al puente que delimita el parque. 
Allí decidimos dar una propina a Simon antes de salir del parque pero aún nos quedaba algo por descubrir. 
En el pequeño puesto de control donde los guías entregan al iniciar su recorrido, el itinerario previsto y el grupo que lleva a su cargo, podemos leer las reglas del parque y de sus guías, donde especifica que los grupos de hasta 7 personas deben ir acompañados de un guía y un rastreador. Nada de dos guías. 
Se lo decimos abiertamente a nuestro guía pero éste se limita a agradecernos nuestra visita y a desaparecer sin ningún disimulo. 




Ante su huida, nos vamos a la oficina del parque y les enseñamos la foto que hemos sacado, donde queda claramente  reflejado que no deberíamos haber pagado dos guías porque éramos un grupo de 6 personas pero la recepcionista insiste en que nos han acompañado dos guías. 
Cuando le decimos que eso no era cierto y que uno de los dos era un simple rastreador que no cobra como guía, la sorpresa quedó reflejada en su rostro. 
No esperábamos que nos devolvieran el dinero pero al menos queríamos dejar claro que los turistas no somos tontos y que al final su comportamiento acabaría volviéndose contra ellos. 

Personalmente considero que el futuro medioambiental de Madagascar está seriamente comprometido. 
O nuestro dinero revierte directamente y de manera justa en la población local o el futuro de sus bosques tiene los días contados.
Por contra, siempre bajo mi punto de vista, ésto se está convirtiendo en un gran negocio para unos pocos privilegiados mientras el grueso de la población, se debe conformar con las migajas.


bosque de bambú



De cualquier forma no quisiera que se me malinterpretara ni que diera la impresión de que mi paso por el país y sus parques  me defraudara, por lo que insisto en repetir que Madagascar resulta un destino fascinante
Los guías se esforzarán por mostrarte la fauna local y seguramente conseguirán satisfacer todos tus deseos. 
Otra cosa es la mafia que rodea a todo este turbio mundillo de parques y guías pero sin ninguna duda, la visita merece la pena. 


Nuestra ruta por el Parque.





Son las 3 de la tarde cuando salimos del parque y como hemos quedado con nuestro conductor para que nos viniera a recoger a las 4, compramos unas cervezas en los puestecillos cercanos mientras le esperamos. 
Tenemos el cuerpo dolorido tras las continuas subidas y bajadas a través de una jungla donde la humedad llega a ser asfixiante.
Este ratito de descanso mientras nos hidratamos y recordamos los momentos vividos durante la jornada, nos ayuda a recuperar las fuerzas perdidas.

Mientras tanto, un integrante del grupo ha dedicado la jornada a visitar con el conductor, el pueblo de Ranomafana y sus alrededores ; es hora de reunirnos todos, intercambiar experiencias y decidir lo que haremos mañana.


 
Una vez en nuestro hotel, le proponemos a Gael nuestro plan de ruta para mañana. 
Queremos visitar el Parque de Andringitra pero cuando se lo decimos, su rostro nos revela que algo no le gusta. 
No tarda en decirnos que la zona no es nada segura debido a los asaltos que se han producido durante las últimas semanas. 
Además nos asegura que la carretera está cerrada y que no está en buenas condiciones por lo que no es aconsejable circular por ella en nuestro vehículo, debido al gran peso que llevamos ( 8 personas y equipaje ). 

Cuando nos quedamos sólos, dudamos de cual de las dos razones tendría más peso para que Gael no quiera llevarnos a Andringitra : la inseguridad de la zona o el mal estado de la pista pero finalmente acordamos seguir sus consejos y cambiar de planes.  
Gael nos aseguró que había habido robos armados a turistas, agresiones a guías e incluso habían violado a una viajera y aunque no teníamos muy claro que todo esto fuera cierto, sí éramos conscientes de que nuestro coche iba muy cargado y podía ser problemático meterse por pistas complicadas. 

Decididamente visitaríamos la Reserva de Anja y dormiríamos en Ambalavao
Decidido el plan de ruta para mañana, pedimos para cenar unas pizzas, pollo, sopa , pasta y pescado, con una botella de vino para beber, dos postres y tres tes. 
Pagamos 229000 MGA ( unos 65€ ) y nos retiramos a nuestras habitaciones. 
Mañana hemos quedado a las 6,30 para desayunar y salir a las 7. 

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