25 enero 2018

Anakao ( II ). Nosy Ve.


Hoy hemos quedado a las 7,30 con unos chicos del pueblo para pasar toda la jornada con ellos en una barca de pescadores. Pretendemos salir en busca de ballenas ya que nos aseguran que una hembra con su cría se deja ver a menudo por la zona. También nos acercaremos a la isla de Nosy Ve donde nos prepararán una comida a base de pescado y finalizaremos el día acercándonos hasta el arrecife para hacer snorkelling.
A las 7, todo el grupo está reunido para desayunar antes de embarcar y comenzar la aventura.
Una vez reponemos fuerzas, salimos a la playa donde ya se encontraban esperándonos a pesar de que nuestra embarcación no había llegado aún. 

Con diez minutos de retraso hizo aparición nuestra flamante barca de pescadores. Las miradas recelosas se entremezclaban con las risas nerviosas ante las serias dudas de que aquel cascarón de madera se mantuviera a flote con todo el grupo, tripulación incluida, y fuera capaz de devolvernos a tierra sanos y salvos. 
¿ Pero quien dijo miedo ? 




El estado del mar era bastante aceptable y la barca no se movía excesivamente mientras todos nos esforzábamos en otear el horizonte en busca de las ansiadas ballenas

No estamos en la mejor época para verlas ya que éstas se dejan ver por la costa malgache entre los meses de Junio y Setiembre y precisamente hoy, es el último día de Setiembre. A pesar de todo nos aseguran que una hembra y su cría se están moviendo por esta zona los últimos días.
Se trata de la ballena jorobada, también conocida como yubarta.






LA BALLENA JOROBADA

La Ballena Jorobada 

Conocida como yubarta (Megaptera novaeangliae), esta ballena ronda los 15 metros de longitud y puede llegar a pesar cerca de 40 toneladas. 
Se caracteriza por poseer unas aletas pectorales muy largas y un potente canto que puede prolongarse hasta por 20 minutos. 
Son habituales también, sus típicos saltos fuera del agua que hacen las delicias de todos aquellos que tienen el privilegio de admirarlas. 
Se pueden encontrar por todos los mares del mundo, realizando migraciones de hasta 25.000 kms al año.
Como otros grandes cetáceos, fueron objetos de la caza masiva llegando a reducirse su población hasta un 90%. En la actualidad se estima que existen más de 80.000 ejemplares.
Su dorso es de color negro y el vientre puede ser blanco, moteado o negro. 

Son muy características también, unas curiosas protuberancias que poseen en la cabeza y unos pliegues ventrales que se extienden desde sus mandíbulas hasta la zona umbilical.
Se aparean cada dos años, dando a luz una cría que pesará cerca de 700 kgs.


Durante dos horas permanecemos recorriendo la zona que se encuentra entre la costa de Anakao y la isla de Nosy Ve, en busca de la esquiva yubarta.
Llegamos a parar la embarcación tratando de descubrir en la lejanía sus típicos chorros de aire pero el balanceo que provocan las olas comienzan a hacer mella en algunos compañeros por lo que decidimos abandonar el lugar para dirigirnos a Nosy Ve donde comeremos.
Numerosos pescadores se cruzan con nosotros, dejándose llevar por el viento en sus pequeñas embarcaciones de vela, mientras nos saludan alegremente a nuestro paso.




La isla de Nosy Ve
Nosy Ve se encuentra a menos de 5 kilómetros de la costa de Anakao y se trata de una isla coralina de unos 300 metros de ancho por 1.400 de largo donde no hay ninguna infraestructura.
La isla ha servido en el pasado, tanto como nido de piratas como de punto de partida para los barcos esclavistas pero en la actualidad se reduce a un pequeño enclave de playas blancas desiertas y aguas cristalinas donde sus únicos habitantes son una importante colonia de rabijuncos colirrojos, una peculiar ave que anida a lo largo de toda la isla. Curiosamente, en Madagascar sólo podrás ver estos rabijuncos (Phaethon rubricauda), en esta minúscula isla.
El hecho de que Nosy Ve sea una especie de lugar sagrado para la etnia Vezo, donde todos los años sacrifican un cebú siguiendo los ritos tradicionales, ha favorecido la nidificación de estas aves.



A nuestra llegada están ya preparando nuestra comida a base de arroz y pescado a la brasa. El sol calienta con ganas y no hay dónde guarecerse por lo que han montado un toldo sobre unos palos para que tuviéramos una sombra bajo la que cobijarnos.
El capitán de la expedición nos dice que se va a acercar hasta una pequeña colina cercana desde donde vigilará por si aparecen las ballenas y salir tras ellas. 
Decidimos acompañarle y así ver un poco la isla que tampoco parece albergar demasiados atractivos a excepción de sus playas de arena blanca. 
Numerosas parejas de rabijuncos sobrevuelan sobre nosotros y pronto comenzamos a descubrir los nidos que se suceden a lo largo del camino. Algunos pollos nos miran con curiosidad mientras en otros nidos, los adultos se encuentran incubando los huevos sin prestarnos demasiada atención.
Nos encontramos con el vigilante de la isla con el que estamos charlando un rato antes de volver a la playa para degustar unos pescaditos a la brasa.









Tras la comida llegó el tiempo para el relax. 
Mientras unos se tumbaron a la sombra, otros se dedicaron a recorrer la pequeña isla y otros a bucear un rato con las gafas y tubos que llevábamos en el barco. 
Desgraciadamente, el arrecife estaba bastante alejado de la playa y por los alrededores de la costa no se veían peces ni corales por lo que sugerimos al capitán que nos acercara hasta los arrecifes en la barca.
Así lo hacemos y pese a que podemos ver algunos corales y peces, la fuerte corriente y la ausencia de aletas, hacen que el snorkelling se convierta en una actividad demasiado fatigosa.  







En menos de una hora volvimos a subir al bote para intentar de nuevo dar con la ballena antes de emprender el regreso a nuestro hotel.
Estuvimos aproximadamente una hora intentando avistar la ballena hasta que la pequeña barca amenazó con desarmarse en plena navegación. La barra lateral de madera que daba estabilidad a la embarcación se soltó y costó un buen rato volverla a ajustar pero apenas unos minutos más tarde volvió a soltarse sin que ya fuera posible solucionarlo. 

Notablemente ladeados hacia un costado, la tripulación decidió aminorar la marcha y tomar rumbo a casa. 
La ballena nos había dado esquinazo.

Son las 15,30 cuando llegamos a tierra, justo enfrente de nuestro hotel. 

Pagamos los 30.000 ariaris por persona que habíamos pactado en el caso de no ver ballenas y nos despedimos de la tripulación no sin que antes nos ofrecieran otra excursión para mañana a otra isla cercana. Les comentamos que lo tenemos que pensar y como iremos a cenar al pueblo, allí hablaremos con ellos.
Habíamos quedado a las 7 para cenar así que disponíamos de tiempo para asearnos y descansar un poco antes de salir hacia el pueblo.
Subimos a nuestra cabañita donde un simpático geko nos esperaba  y nos dispusimos a disfrutar de un merecido descanso antes de ducharnos.







No teníamos agua caliente a estas horas pero con el calor que hacía, a nadie le importó  ducharse con agua fresquita. Bueno, más que ducharse debería decir baldearse ya que como he comentado anteriormente, el hotel no dispone de agua y sólo contamos con unos bidones de agua y unos pequeños baldes para asearnos.




Una vez aseados y relajados era hora de disfrutar de otro de los grandes espectáculos que ofrece Anakao: sus puestas de sol.
Bajamos al bar y pedimos unas cervezas mientras nos acomodamos para ver descender el sol hasta ocultarse tras la  vecina
isla de Nosy Ve
El silencio y la paz envuelven el mágico momento. Espectacular.







Ahora sí, tocaba recorrer la playa con las últimas luces del día hasta llegar al pequeño local donde nos iban a preparar unas langostas y unos pescados a la plancha.
Nuestros anfitriones ya nos estaban esperando cuando llegamos y nos preguntaron si queríamos beber algo mientras preparaban la cena. Nos dijeron que en lugar de 4 langostas, nos habían traído 6 ya que no eran demasiado grandes y que en 15 minutos tendriamos todo listo.
Las langostas resultaron muy sabrosas y aunque el pescado estaba un pelín seco, la relación calidad precio resultaba irrisorio:

  • 60.000 ariaris ( 17€ ) por 6 langostas, 
  • 15.000 ariaris ( 4€ ) por cada pescado para dos
  •  y 4.000 ( 1,15€ ) ariaris por cada cerveza de 600 cl. 




Tras la comida estuvimos negociando la excursión del día siguiente pero no nos convencían demasiado las opciones que nos ofrecían. 

Otra visita a una isla similar a la visitada hoy, con otro intento de buscar ballenas, era una opción que no seducía demasiado al grupo. La posibilidad de mareos, la inexistencia de una sombra ni una silla donde sentarse una vez en la isla y las serias dudas de que una ballena y su cría continuaran en la zona, provocaron que tan sólo un valiente se animara al día siguiente a embarcarse de nuevo.
Finalmente llegaron al acuerdo de que si consrguían ver la ballena, pagaría 100.000 ariaris ( 28€ ) ; de lo contrario 60.000 ( 17€ ). 

La excursión incluía la visita a la isla Nosy Satrana, búsqueda de la ballena, comida a base de pulpo, agua y snorkel.
Lo cierto es que si supiera que era cierto que había una ballena por los alrededores, seguramente me hubiera unido a la excursión pero comenzaba a pensar que al vernos tan interesados en verlas, lo estaban utilizando como gancho para vendernos las excursiones. Veremos qué pasa mañana...



Ruta de la jornada:



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