05 abril 2018

De Andasibe a Tana. Reserva de Peyrieras y Tana.


Hoy es nuestro último día en Andasibe ya que mañana por la noche sale nuestro vuelo de regreso a casa y preferimos pasar la última noche en la capital para evitar sorpresas.
A las 7 ya estábamos todos despiertos. Eso de estar a las 10 de la noche dormidos, tiene sus ventajas y te permite levantarte a las 6 de la mañana sin excesivos esfuerzos.
A las 7,30 disfrutamos de nuestro último desayuno en el Indri Lodge Andasibe antes de comenzar el camino de regreso a donde todo empezó : Antananarivo.
En principio nos separan unas 3 horas de viaje pero todo dependerá de los camiones que encontremos en la ruta y del tráfico de la caótica capital; no olvidamos el pesado viaje que sufrimos hace unos días cuando tardamos más de 5 horas en llegar a Andasibe desde el aeropuerto de Tana.


Tras pagar las habitaciones del hotel, volvimos a montar en nuestro vehículo para tomar dirección a la capital. 

La carretera nos vuelve a regalar las típicas escenas malgaches donde los carros tirados por tracción animal ( bien en forma de hombres o de cebús ) sirven para el transporte de todo tipo de materiales y que nos muestran las duras condiciones de trabajo en los embarrados campos de arroz.









Algún integrante del grupo había decidido dejar la mayor parte del contenido de su mochila en Madagascar y aquella parecía una buena zona para hacerlo. Cuando vimos a un grupo de mujeres hundidas hasta la cintura en los lodazales donde se encontraban sembrando arroz, le pedimos a Erik que parara y les dijera que se acercaran para entregarles todo lo que teníamos. Una joven malgache con una gran sonrisa dibujada en su rostro se acercó hasta nosotros para llevarse consigo el pequeño obsequio. Rápidamente se lo llevó al resto del grupo que inmediatamente salió del fango para descubrir con indisimulada ilusión, el contenido del paquete.
Sus efusivas muestras de agradecimiento y sus emotivos saludos, sin duda valían mucho más que todo lo que les dimos.





Una vez aligerados de peso, continuamos nuestro viaje rumbo a una pequeña reserva donde queríamos hacer una pequeña parada para ver su colección de geckos, camaleones, reptiles, anfibios, etc...

Reserva de Peyrieras.

También conocida como Madagascar exótico, Granja de reptiles de Mandraka o Granja de mariposas de Peyrieras, debe su nombre a su fundador, el entomólogo y naturalista frances André Peyriéras.
Realmente se trata de una especie de zoo donde se pueden admirar en primer plano, gran número de camaleones, geckos, insectos, anfibios y reptiles además de lemures.
Especialmente interesante me pareció su colección de camaleones originarios de todos los puntos del país, que difícilmente podrás admirar, si no pasas por sus instalaciones.
A pesar de que todos preferimos descubrir los animales en su propio hábitat, yo personalmente recomendaría una visita a este lugar para poder admirar los preciosos y extraños animales que con toda seguridad tendrás oportunidad de ver.
La reserva se encuentra en la carretera nacional N2, entre Antanarivo y Moramanga, más concretamente a unos 75 kms de la capital.

Cuando llegamos a Peyrieras el día estaba bastante gris y llovía,  lo que no invitaba demasiado a salir del coche para pillar una buena caladura. 
Después de 15 días en Madagascar buscando animales y recorriendo junglas, parte del grupo decidió quedarse en el coche para guarecerse del chaparrón que comenzó a caer en ese momento.
Pese a todo, algunos valientes decidimos salir en busca de bichos.
La entrada costaba 20.000 ariaris ( 6€ ), 30.000 si se incluía la visita a los lemures pero decidimos prescindir de ellos para no hacer esperar demasiado a nuestros compañeros y también, por qué no decirlo, para intentar evitar una caladura aún mayor.
La guía que nos acompañó, cobraba 5000 ariaris. 
La visita comenzó con la entrada a unos extensos recintos protegidos por una malla que contaban con un gran número de camaleones. Nos quedamos impresionados con la belleza y colorido de aquellos animales. Además, como por arte de magia, la lluvia cesó por completo y nos concedió una agradable tregua durante toda la visita.









Tras los camaleones, nuestra guía se acercó a una jaulas más pequeñas de donde extrajo unas preciosas ranas para dejarlas en el suelo frente a nosotros. 
Murciélagos, cocodrilos, insectos, serpientes y unos increibles geckos pusieron final a una visita que nos sorprendió agradablemente.












Ya no paramos hasta llegar a Tana donde nuestra primera tarea será buscar alojamiento. Durante el viaje hemos llamado por teléfono al hotel Sakamanga pero no tenían sitio por lo que Erik nos lleva hasta esa zona para intentar buscar un hotel de nuestro gusto.
Al tercer intento, conseguimos encontrar algo que se ajustaba a lo que buscábamos. Ubicado en una zona céntrica de la capital, según nos aseguró Erik, el Palm Hotel fue el elegido. Dos habitaciones dobles y una triple por 370.000 ariaris ( unos 105€ ).




Con el alojamiento resuelto, decidimos ir a comer al hotel Sakamanga de cuyo restaurante tenemos excelentes referencias. El legado culinario francés ha dejado el foie como una de las delicias que se ha fusionado con la gastronomía malgache. Así pues, decidimos probar unas raciones de ese famoso foie además de ensaladas, pescado, carne y pasta regados con vinos africanos. Pagamos 15€ por persona y fue una de las mejores, si no la mejor, comida en Madagascar. Desde luego, nos llevamos una impresión muy favorable de la gastronomía malgache en general.

Tras la agradable comida, pedimos a Erik que nos lleve a algún sitio donde podamos comprar artesanía malgache y los productos típicos del país. Erik nos lleva hasta el cercano mercado de Porchad. Allí permanecemos un buen rato comprando algún recuerdo del país para llevar a casa y a familiares y amigos. Es un buen lugar para todos aquellos que quieran hacer las típicas compras antes de regresar a casa y donde puedes encontrar desde los artículos más habituales hasta artesanías locales mucho más originales.

De allí, pedimos a nuestro conductor que nos acercara a las famosas escaleras de Lastelle
A través del caótico trafico de Tana, nuestro conductor Erik, nos dejó en el punto donde las escaleras descendían hasta el antiguo mercado de Zoma, hoy más conocido como Analakely. 
Unas escaleras repletas de puestecillos y tenderetes descienden hasta el mercado de Analakely desde donde otras escaleras ascienden hasta la Plaza de la Independencia donde hemos quedado con Erik para que nos recoja de nuevo.
El lugar rebosa de ambiente y colorido y te ofrece la posibilidad de comprar todo tipo de artículos y productos genuinamente malgaches, ocasión que no desaprovecharon los más valientes del grupo para hacerse con una importante cantidad de los picantes más potentes del país. Todo un clásico de nuestros viajes...







La cara más triste del lugar la presentan el gran número de indigentes, muchos bajo los efectos del alcohol, que no dudarán en acosarte para intentar sacarte unas monedas. Es conveniente extremar las precauciones con tus pertenencias ya que la multitud favorece los intentos de robos en bolsos y bolsillos. A un compañero le llegaron a abrir la riñonera sin que se percatara aunque afortunadamente no les dio tiempo a llevarse nada.

Una vez en la Plaza de la Independencia, ya con las últimas luces del día, nos acercamos hasta un animado bar ( Le Buffer du Jardin ) donde tuvimos la ocasión de saborear el animado ambiente de ocio malgache.
Unas cervezas más tarde, volvemos al coche para dejarnos guíar por Erik hasta un afamado restaurante local donde le invitamos a compartir con nosotros la última cena en Madagascar.
Se trata del restaurante L´Orion, un coqueto local que se encuentra prácticamente lleno. 
Nos metieron en un pequeño salón privado donde degustamos unos ricos platos a base de pescado, pollo, gambas y varios platos locales que acompañamos con vino, agua, más algun postre y unos rones gentileza de la casa. 
Pagamos 244000 ariaris ( 70€ ) por otra gran comida para los 8.


 
No había tiempo para mucho más. Mañana disponíamos del día completo en Tana, antes de que Erik nos llevara al aeropuerto al anochecer y queríamos descansar para levantarnos pronto y aprovechar el día al máximo.

Nuestro recorrido 




Capítulo anterior: Parque Nacional Mantadia.
Próximo capítulo: Antananarivo, el final de un viaje.

No hay comentarios :