15 junio 2013

De Wondo Genet a Awash national Park.


Hoy nos espera un largo trayecto dirección noreste hasta el parque de Awash. De camino tenemos programadas varias paradas para visitar los lagos que se encuentran al oeste. Hace unos días hicimos sendas paradas en los lagos Ziway y Langano, ambos situados al este. 
La carretera discurre entre los cuatro lagos dejando dos de ellos a cada lado . Según subimos hacia el norte, tomamos una pista a la izquierda que nos introduce en el parque Abyata-Shala y que está formado por los lagos con el mismo nombre.

Mientras el más sureño, el Shala, está ubicado en un cráter de más de 250 metros de profundidad y posee varios manantiales de agua caliente, el Abyata se encuentra al norte apenas separado del Shala por una estrecha franja de tierra y su profundidad no supera los 14 metros. 
La alcalinidad de sus aguas atrae a numerosas especies de aves que acuden en busca de las algas que colonizan el lago. 
Flamencos, cormoranes, ibis, águilas, espátulas, patos y otras muchas especies acuáticas son fáciles de observar por sus alrededores. Por algo es este lago el más afamado ornitológicamente hablando, habiéndose censado más de 300 especies en el parque.

Nos acercamos en primer lugar hasta un estratégico mirador sitúado en lo alto de una colina desde donde podemos observar la extensión de los dos lagos prácticamente contiguos.
A pesar de la distancia a la que nos encontramos, podemos distinguir una gran mancha rosa a orillas del lago Abyata que delata la presencia de miles de flamencos. Elías nos indica que tras la comida trataremos de acercarnos hasta ellos.



Abandonamos esta zona salpicada de paupérrimos poblados para acercarnos hasta un lodge-spa en el lago Langano donde comeremos en un curioso local que imita el interior de un barco y que se adentra en las aguas del lago. 
Los jardines del lodge también albergan una gran riqueza ornitológica que descubriremos tras la comida.



Entre todos ellos destacaría la presencia de dos chotacabras que descansan tumbados en la hierba perfectamente camuflados.
Tras recorrer los jardines del lodge durante un buen rato, procedemos a acercarnos hasta el lago Abyata para tratar de observar su rica vida avícola. Debemos dejar el coche alejado de sus orillas porque de lo contrario, éstos se hundirían en la extraña pasta salina que queda al retroceder las aguas del lago.




Nos espera otra caminata bajo los rayos del sol hasta acercarnos hasta donde las aves nos permiten.
Sin acercarnos demasiado, sacamos los telescopios para descubrir todas las especies que se camuflan entre los numerosos y llamativos flamencos. 
Por supuesto, niños y mayores nos rodean sorprendidos por nuestra presencia en aquel pequeño desierto que rodea las orillas del lago.






Es hora de partir de nuevo ya que nos queda un gran trecho hasta nuestro destino por lo que volvemos a los coches dispuestos a seguir nuestra ruta. El viaje se hace largo, sobre todo cuando se hace de noche y lo único que podemos ver son las escasas luces del intenso tráfico que nos rodea. Es habitual encontrarte con coches y camiones que no disponen de luces con el consiguiente susto que te provocan. Incluso vimos un gran camión que circulaba en la oscuridad con la única ayuda de la linterna de su copiloto. Esto es Africa !!!
Varias sorpresas más nos esperaban ya que nos encontramos con un buen tramo de la carretera en obras debiendo circular por pistas impracticables.  Por si esto no fuera suficiente, una gran tormenta de viento y arena amenazaba con devorarnos en medio de una densa niebla de polvo. Un poco más adelante, las desbordadas aguas de otro lago anegaban la carretera provocando que nuestros vehículos parecieran un bote atravesando el ancho océano. 
Finalmente y casi a las 10 de la noche, a través de una pesada pista de tierra, llegamos a nuestro destino: el Awash Falls Lodge.
Aleluya!!!


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