05 septiembre 2013

El Transiberiano. 4 días ininterrumpidos de tren.


Si algo me quedó claro tras permanecer 4 días y 4 noches sin salir prácticamente de un tren, es que se trata de una experiencia difícil de olvidar.
Establecer el grado de satisfacción de tal experiencia dependerá de múltiples variables.




Por supuesto, comenzaría diciendo que cada viaje es una experiencia personal, única y diferente ya que el tipo de tren, la compañía, los eventuales compañeros de viaje y la clase de vagón elegido, entre otras muchas cosas, influirán decisivamente en el devenir de tu aventura.
Quizás por eso, no es extraño encontrar opiniones muy variopintas de gente que en alguna ocasión vivió esta singular experiencia. Es habitual encontrar gente que no quiere ni recordarlo mientras otra lo recuerda como algo entrañable.... 



  • La ruta inicial de esta vía ferrea conectaba Moscú con la lejana Vladivostok, en la costa pacífica rusa, a través de más de 9000 kms.
  • Otro ramal, el Transmanchuriano, cambia su ruta en la ciudad de Társkaya para dirigirse hacia China y llegar a Pekín.
  • Por último, el Transmongoliano, se desviará en la ciudad rusa de Ulan Ude para dirigirse hacia el sur hasta penetrar en Mongolia y llegar a su capital Ulan Bator. Finalmente entrará en China para desembocar una vez más en Pekín.
Nosotros haremos uso de este último para desplazarnos hasta Irkutsk en primer lugar y de allí a Ulan Ude, ya cerca de la frontera mongola. 


En primer lugar diré que soy consciente de que la mayoría de la gente que hace el transiberiano, lo hace en etapas y va parando para conocer algunas poblaciones cercanas a esta mítica vía férrea pero en nuestro caso decidimos ganar tiempo para llegar cuanto antes a Mongolia, país que nos atraía bastante más que la fría e inhóspita Siberia


Todo lo que habíamos visto y leído sobre las poblaciones rusas, no nos llamaba demasiado la atención así que la decisión estaba tomada. Íbamos a “mamar el Transiberiano" con máxima intensidad: 4 días y 4 noches ininterrumpidas!!!
Todo aquel que vaya a iniciar su particular andadura en el Transiberiano, desde Moscú, deberá acudir a la estación de tren de Yaroslavskiy (Яросла́вский). Si deseas ir en metro hasta allí, deberás bajarte en la estación de Komsomólskaya (Комсомóльская).

El 1 de julio al mediodía, estábamos preparados para comenzar la aventura. Tras localizar el andén desde donde salía nuestro tren y confirmar que podíamos embarcar con el billete obtenido por internet desde su página oficial http://eng.rzd.ru , acudimos a un supermercado cercano para hacer acopio de víveres, cervezas y….vodka!!


Como ya he comentado, en esta ocasión viajaba con 10 amigos más, cuatro parejas y tres hombres sólos. Habíamos reservado dos compartimentos en cada uno de los cuales dormiríamos cuatro personas (Купе) y tres camas en un vagón colectivo (Плацкартный). Hay que señalar que mientras viajar en el vagón de 2ª costaba 155€, hacerlo en compartimentos para 4 (que en esta ocasión incluían 5 comidas) costaban 345€. La diferencia era importante.
Para todo aquel que quiera hacer la reserva online, recomiendo esta magnífica web donde explican con todo detalle los pasos a seguir: http://www.eduyeriviajes.com/como-comprar-los-billetes-de-tren-moscu-san-petersburgo .
Debemos tener muy claro que las comodidades que ofrece cada tren, son muy diferentes; cuanto más bajo sea el número de tren, más confortable. Nuestro tren era el número 69.


También hay que tener en cuenta, en caso de viajar 4 personas y querer hacerlo en un compartimento de 4, que hay que reservar con bastante antelación ya que la gente que viaja sóla o en pareja, reserva en primer lugar las camas de abajo y por ello es difícil encontrar un compartimento libre por completo. Las camas de abajo son las que posibilitan sentarse a la mesa común y no podrás hacerlo si su “dueño” está tumbado ; por ello, la gente las prefiere.
Así pues, tened muy en cuenta que es conveniente reservar las camas de abajo si están disponibles. A pesar de que la gente es bastante flexible, siempre es mejor "dominar" la mesa. A la hora de comer, jugar a cartas o cualquier otro uso que quieras darla, lo agradecerás.


Otro aspecto a tener en cuenta, es si el vagón tiene aire acondicionado o carece de él. Os aseguro que el calor y los olores que llegan a invadir un vagón atestado de gente pueden llegar a ser con el paso de los días……indescriptibles. 
El problema es que no sé si viene reflejado en algún sitio, a la hora de hacer la reserva, si el vagón dispone o no de aire acondicionado.
También hay vagones que ofrecen comidas; al menos en mi caso, resultó una experiencia bastante decepcionante. Mejor comer lo que compres en los puestos de las estaciones y supermercados. A pesar de ser platos sencillos, no estaban nada mal.





Cuando accedimos a nuestro compartimento en el vagón número 10 cargados con nuestras mochilas a través de su estrecho pasillo, apenas cabíamos en él. Con una sensación un tanto claustrofóbica, fuimos haciendo sitio a medida que íbamos guardando el equipaje. 
Sinceramente resultó un poco traumático pensar que íbamos a pasar 4 días y 4 noches en aquel espacio tan reducido.
Mucho peor fue, según nos comentaron posteriormente, las sensaciones vividas por los 3 compañeros que se alojaron en el vagón colectivo número 6. 
Un vagón atestado de gente, sin aire acondicionado y donde muy pronto toda clase de olores invadieron cada rincón de su nuevo hogar. 
Seguramente por todo ello, cuando conocieron nuestros aposentos, quedaron maravillados, algo que nos sorprendió bastante. 
Más tarde lo entenderíamos perfectamente.
Lo cierto es que nuestros compartimentos se convirtieron en el centro de reunión y donde pasamos la mayor parte del tiempo. Nuestros compañeros sólo iban a su vagón a dormir. Y según nos comentaron, esta tarea no resultaba sencilla en unos vagones donde el ruido y la luz estaban presentes casi toda la noche.
Repito que las condiciones de cada tren son muy diferentes y hay algunos que cuentan con aire acondicionado en todos sus vagones por lo que hay que tener muy claro que mi relato se refiere a nuestro tren en particular.


Otra sutil diferencia entre nuestro vagón (con compartimentos de 4) y el de nuestros compañeros (vagón lleno de camas) es que en nuestros baños, el material de deshecho no iba directamente a las vías. Entendereís inmediatamente la diferencia si sufrís un “apretón” durante una parada de 50 minutos. Mientras nuestros baños permanecían abiertos, los suyos se cerraban hasta que el tren emprendía de nuevo la marcha.
No era extraño observar cómo gente proveniente de otros vagones, acudían a nuestros servicios para hacer sus necesidades cuando el tren estaba parado durante un tiempo prolongado.
La verdad, es que en ocasiones nos impedían hacer uso de él pero honestamente quién les podía decir algo?
También es justo destacar la limpieza de los servicios gracias al empeño demostrado por nuestras provodnitsas.  


Y así, entre la lectura, las películas que veíamos en nuestras tabletas, las cervezas en el vagón-restaurante, las carreras por las estaciones para hacer compras y no perder el tren y un montón de anécdotas y muchas risas, discurrieron las horas…..y los días.
Sinceramente y aunque no resulte fácil de explicar, debo reconocer que no tuvimos demasiado tiempo para aburrirnos.
Continuamente cambiábamos compañeros de viaje (la mayoría turistas) ya que casi todos hacían paradas intermedias antes de llegar a sus destinos finales. Por ello no era extraño que los nuevos pasajeros nos consideraran en cierta medida "los veteranos" y expertos del vagón.
Si alguien tenía una duda o algún pequeño problema, solía consultarlo con nosotros. 


La puntualidad del tren, al menos en nuestro caso, era milimétrica. 
En el vagón había un cartel que indicaba todas las paradas de nuestro tren, la hora de llegada y la hora de salida. 
El primer día hicimos un par de copias para colgar en nuestros compartimentos y así tener siempre visibles todas las paradas del tren. Tus necesidades deberán ajustarse a estas paradas y tendrás que aprovechar las más largas para salir de la estación en busca de supermercados donde hacer las compras necesarias. Para los menos aventureros, temerosos de perder el tren, también existen muchos puestos ambulantes y pequeños kioskos donde venden de casi todo en muchas estaciones.
La extrema puntualidad del tren te permite controlar en todo momento el tiempo del que dispones para hacer alguna compra o estirar las piernas en las estaciones donde encontrarás puestos y gente que venden de todo. 
También hay supermercados cercanos donde comprar todo tipo de artículos.
Aunque no llegamos a comprobarlo, también nos aseguraron que algunas estaciones disponían de duchas públicas; o al menos eso es lo que entendimos. 


Nos resultó muy útil llevar una regleta eléctrica con 8 enchufes donde pudimos recargar nuestros dispositivos eléctricos; nosotros.... y gran parte del vagón. Son escasos los enchufes disponibles en los vagones por lo que con el tiempo, casi todo el vagón acudía a nosotros para cargar sus baterías.


Las cervezas en el bar no eran excesivamente caras ya que eran de medio litro y valían 130 rublos (unos 3€) pero para los que vayan con un presupuesto ajustado, deben saber que en el super se pueden conseguir por 30 rublos. Una diferencia importante si eres de los que pasan sed....


Mención aparte merece el papel desempeñado por las jefas de vagón también llamadas “provodnitsa”. Fiel reflejo del carácter ruso, imponen su ley sin condiciones y resulta prácticamente imposible arrancarles una sonrisa. A pesar de todo, creo poder afirmar que en alguna ocasión pude atisbar en ella algún gesto que asemejaba una sonrisa. No en vano, durante 4 días fuimos su mayor quebradero de cabeza.  
Todos los días nos reuníamos 11 personas en un compartimento para comer, cenar y sobre todo, hacer muchas risas. Cada vez que nos veía subir a todos tras una parada, cargados de comida, cervezas y vodka, se echaba las manos a la cabeza y el semblante se le cambiaba. Incluso, en alguna ocasión, negó el permiso para subir al vagón a los que no pertenecían a éste. 
Sin embargo, con el tiempo, acabó aceptando la situación y nuestra relación se fue "dulcificando", incluso permitió que nuestros tres compañeros del otro vagón, ocuparan durante un día entero un compartimento que quedó libre.

Otro dato curioso del tren, es la transformación de éste en una especie de espacio atemporal donde el reloj y los horarios siempre se rigen por la hora moscovita a pesar de que la realidad va cambiando día a día. 
A nuestra llegada a Irkutsk, eran 5 horas más que la que indicaba el reloj de nuestro tren. 
El paisaje es bastante monótono y se reduce a bosques de pinos y abedules, prados, algún pequeño lago, típicas poblaciones rusas (escasas y pequeñas) y algún río caudaloso. 
A pesar de recorrer miles de kilómetros, era sorprendente la similitud de los paisajes durante todo el recorrido, algo impensable en la Europa occidental.


 










 
















Resumiendo, y tal  como decía al principio del post, una experiencia inolvidable.  Y aunque algunos decían que no les importaría seguir hasta China, la mayoría coincidíamos en asegurar que como experiencia había estado bien pero no la repetiríamos. La barrera idiomática dificulta la comunicación con los rusos, ya de por sí fríos y serios. Y con aquellos dispuestos a intercambiar opiniones, que también los encontramos, suponía un esfuerzo inconmensurable llegar a alguna conclusión. Además resulta obvia la diferencia que supone el viaje para ellos y para nosotros. No es lo mismo realizar esos largos desplazamientos en tren por obligación que por diversión; y eso se nota.

En más de una ocasión nos repitieron la misma pregunta: "cómo es posible que vengaís de un lugar con buen tiempo y gente amable a un lugar como éste, desapacible y con gente poco amistosa….y además pasando días encerrados en un tren? Sabeís que hay aviones?"
La respuesta realmente no tenía una respuesta sencilla pero en el fondo de la cuestión creo que prevalece la continua necesidad de vivir nuevas experiencias; así al menos lo entendimos nosotros. 
Pero no sólo eso sino que además lo vivimos con intensidad y creo que en todos nosotros quedará un recuerdo imborrable de esos 4 días y 4 noches que pasamos en el mítico tren que partiendo de Europa, entra en Asia, cruza Siberia, se adentra en Mongolia y muere en China cinco días más tarde. 

Las anécdotas vividas con nuestra simpática compañera de viaje, Galia, el grupo de militares que compartió viaje con nuestros chicos, el borracho que todos los días se caía en nuestro vagón, las nerviosas carreras en la estación para no perder el tren, las frases lapidarias, los chistes malos, las reprimendas de nuestra provodnitsa, su emotiva despedida …. 
Todo eso formará parte para siempre de nuestra particular experiencia en el tren que nos dejó a las puertas de la salvaje y sorprendente Mongolia...


4 comentarios :

Antonio Ruiz dijo...

Hola Aitor.

Menuda aventura en el tren. A pesar de todo lo vivido, no podrás olvidarlo en tu vida. Habría que ver las caras de algunos de vosotros en algunos momentos del día...

No sé si aguantaría 4 días encerrados. Seguro que sí, y la verdad, en buena compañía como la vuestra el tiempo vuela.

Un abrazo enorme.

aitor dijo...

Pues sí Antonio,toda una experiencia la de vivir 4 días en un tren.

El hecho de viajar tanta gente,permitió que las anécdotas y risas se sucedieran constantemente.

El Transiberiano ya es leyenda para nosotros ;-))

Un abrazo!!!

Viajes dijo...

¡Genial relato! Nos quedamos con la reflexión que haces sobre cómo cambia una experiencia poco confortable según se haga por obligación o por gusto. Nosotros lo pensamos muchas veces; incluso, a veces, valoramos el hecho de que el viaje haya dejado de ser, para millones de personas, un desplazamiento necesario pero peligroso e incómodo a una búsqueda de motivaciones, experiencias, respuestas...

aitor dijo...

Gracias por tu visita,viajes.
Efectivamente,el viaje ha pasado a ser para muchos de nosotros,algo más que un mero desplazamiento sin demasiadas pretensiones.

La magia del viaje esconde tantos alicientes,que casi siempre nos acaba transformando...