25 septiembre 2018

De Burgas a Durankulak. Cabo Kaliakra.


A las 7 nos levantamos y bajamos a desayunar algo antes de abandonar la ciudad de Burgas
Hoy pretendemos seguir la costa hacia el norte y llegar hasta el lago Durankulak, haciendo antes alguna parada.
Pagamos 120 levs por el alojamiento durante dos noches en una habitación triple y los 12 levs por los dos desayunos correspondientes antes de abandonar el hotel Avenue que nos ha servido de alojamiento, en nuestro paso por Burgas.


Varna.
A unos 130kms al norte, se encuentra Varna ( Варна ), la ciudad búlgara más grande en la costa del Mar Negro y la tercera más poblada del país. Destaca por ser un importante destino turístico y es comunmente conocida como " la capital marina" o "de verano" de Bulgaria.
Famosa por el oro de Varna, un conjunto de joyas tracias con más de 6.000 años de antigüedad, descubiertas en una necrópolis y mostradas en el museo arqueólogico, también cuenta con un rico legado histórico donde milesios, romanos, hunos, eslavos, otomanos y rusos, entre muchos otros, dejaron evidentes huellas de su paso por la zona.
A pesar de ser uno de los enclaves más turísticos del país, nosotros nos limitamos a atravesarla siguiendo nuestra ruta hacia el norte. 







Reserva de Baltata.

Unos 30kms al norte de Varna queríamos hacer una parada en una Reserva llamada Baltata pero al llegar a la zona fuimos incapaces de encontrar el acceso a la misma. La carretera atravesaba la Reserva y algunos carteles informativos indicaban que nos encontrábamos en ella pero ninguno explicaba cómo llegar hasta su entrada.
Baltata fue declarado como Reserva en 1962 y abarca la cuenca baja del río Batova donde se concentran especies arbóreas como el álamo blanco, el arce, el aliso negro, etc. También es hogar de 36 especies de mamíferos, anfibios, peces y casi 200 especies de aves entre las que destacan los pájaros carpinteros.
La entrada es gratuita pero desgraciadamente nos resultó imposible acceder a ella porque fuimos incapaces de encontrar su entrada. Llegamos a desviarnos a la derecha por una carretera que suponíamos debería llevarnos hasta allí pero nos dimos la vuelta al llegar a una barrera que daba acceso a un enorme parking que parecía pertenecer a una especie de resort vacacional o algo parecido.
Decidimos seguir nuestra ruta y recabar información de la zona, vía internet, para volver a intentarlo cuando regresaríamos días después.


Cabo Kaliakra
Nuestro próximo objetivo sería el cabo de Kaliakra, una larga y estrecha lengua de tierra de dos kilómetros que se adentra en el mar encerrando leyendas, historia y riqueza natural a partes iguales.
Lo primero que llama la atención al llegar al final de la carretera son las murallas de la fortaleza
que se remontan a la segunda mitad del siglo IV a.C. cuando los colonos tracios construyeron la primera muralla


 
Allí tuvo lugar también la batalla de Kaliakra, un enfrentamiento naval acontecido en noviembre de 1912 entre Bulgaria y el Imperio otomano en el contexto de la primera guerra de los Balcanes.
También podemos encontrar una pequella capilla en el lugar donde se asegura que S.Nicolás fue apresado y ejecutado por los turcos. Incluso cuentan las leyendas que hace más de seis siglos en este mágico lugar, cuarenta mujeres entrelazaron sus cabellos y se arrojaron al mar, prefiriendo morir antes de caer en manos de los turcos que avanzaban por tierras búlgaras. 


Pero no eran estos interesantes relatos históricos ni los hallazgos arqueológicos los que nos llevaron hasta el cabo Kaliakra, sino el hecho de albergar una Reserva Natural donde delfines, pinnípedos, cormoranes y otras muchas aves migratorias y residentes se dejan ver con frecuencia.
No se puede decir que tuviéramos demasiada fortuna durante nuestra visita a pesar de disfrutar de una bonita jornada de sol aunque azotada por un fuerte viento frío que nos obligaba a abrigarnos.
Algunas rapaces, cormoranes moñudos, somormujos, zambullines y poco mas, fue todo lo que pudimos ver en las inmediaciones.






Aprovechamos para comer algo allí mismo y posteriormente, continuar viaje hacia el norte con el punto de mira fijado en los lagos de Shabla y Durankulak.

Durante el viaje vemos algunos faisanes al borde de la carretera y una garduña atropellada. 




Nos llaman la atención también, los numerosos depósitos existentes en los campos situados a los márgenes de la carretera y que suponemos contienen gas o petróleo.
Investigando sobre el tema, descubrimos que nos encontramos en los alrededores de Tyulenovo donde en 1951 se localizó el primer yacimiento petrolífero de Bulgaria.



 





 








No tardamos mucho en llegar al lago Shabla, al sur de Durankulak pero una vez más, las indicaciones para acceder a zonas de observación brillan por su ausencia. Pese a que nos encontramos en una de las mejores zonas de Europa para el avistamiento de aves, las indicaciones e información son totalmente inexistentes. 
No nos queda más remedio que buscar en el mapa las carreteras que se adentran hacia el lago con la esperanza de encontrar algún sendero que nos lleve a buenos puntos de observación. Tomamos una carretera que llevaba a un camping cercano y aparcamos el coche en un punto donde vimos un cartel y un sendero para hacer una pequeña ruta a pie con la intención de llegar a orillas de un lago que aún no divisábamos.
Llegamos hasta sus orillas y aunque el campo de visión no era demasiado bueno,  nos quedamos por allí hasta el atardecer con la esperanza de que algún grupo de barnaclas cuellirrojas aparecieran por el horizonte, camino a sus dormideros.
Estas aves se reunen en grandes grupos en esta zona provenientes del norte pero parece que aún no han comenzado a llegar.
Nos tuvimos que conformar con los zambullines, somormujos y cisnes que nadaban en el lago hasta que las últimas luces nos regalaron un precioso atardecer antes de que la luna tomara el protagonismo de la noche. 

Bandadas de estorninos, porrones y otros patos que no llegamos a identificar por la falta de luz, llegaban al lago buscando un lugar tranquilo para pasar la noche mientras nosotros abandonamos el lugar para buscar nuestro particular dormidero.








No habíamos reservado nada para dormir porque pensábamos que en estas fechas no íbamos a tener problemas para encontrar alojamiento pero no tardamos en comprobar que estábamos en una zona donde no había mucho para elegir. 

Teníamos mirado el Bantra Birdwatching Lodge pero cuando llegamos, estaba cerrado.
Nos acercamos entonces a la segunda opción, el Goldfish Hotel a orillas del lago Durankulak.
Nos sorprendemos cuando nos dicen que sólo tienen alojamiento para esta noche y que mañana está completo. Al final decidimos quedarnos allí en dos habitaciones por 120 levs, desayuno incluído.
No es fácil comunicarse ya que sólo hablan búlgaro pero a base de señas y del traductor de google, nos vamos arreglando.          
Visto lo desértico de la zona donde nos encontramos, decidimos cenar alli mismo una sopa, unos mejillones rebozados, papas con queso, parrilladas de cerdo y pollo en salsa de queso, vino, cervezas, un postre y dos cafes. 

La cena nos sale por 95 levs en un comedor abarrotado de gente.

           Recorrido de la jornada

Tras la cena nos vamos a la cama. 
Mañana subiremos a la habitación de la planta superior a ver si desde la terraza vemos salir del lago alguna barnacla al amanecer. 
Deberemos tambien buscar otro alojamiento si nos queremos quedar por la zona ya que aquí no hay sitio. 
Ya veremos cómo se desarrolla la jornada... 

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