26 octubre 2018

Durankulak. Ruta a Balchik


Ayer llegamos al pequeño pueblo de Durankulak, un minúsculo enclave de apenas unos cientos de habitantes muy cerca de la frontera rumana. De hecho, estamos en la población búlgara más al norte del país.
Este era el final de nuestra ruta por Bulgaria y la única razón por la que nos habíamos acercado hasta este recóndito rincón, era la existencia de un lago de agua dulce separado del Mar Negro por una estrecha barra de arena, en el que se pueden encontrar hasta 260 especies de aves y que constituye el refugio invernal de prácticamente la totalidad de barnaclas cuellirrojas que existen en el mundo. No sabíamos si habían empezado a llegar pero estábamos dispuestos a comprobarlo.

Nuestro hotel estaba privilegiadamente ubicado a orillas del Lago Durankulak, algo que nos iba a permitir observar si las barnaclas cuellirrojas ( Branta ruficollis ) estaban llegando a la zona.
Decenas de miles de barnaclas se concentran en este lago para pasar el duro invierno pero aún no eran las fechas más propicias para observar el fantástico espectáculo que ofrecen estas aves con sus grandes concentraciones. De cualquier manera, en Burgas nos aseguraron que ya estaban empezando a llegar a estas latitudes.
Las primeras y últimas horas del día, suponen los mejores momentos para verlas salir o entrar al lago respectivamente mientras que a lo largo del día se les suele ver alimentándose en las vastas extensiones que se encuentran en los alrededores.




A las 6 de la mañana habíamos quedado en la habitación de nuestro compañero, ubicada encima de la nuestra y que disponía de un amplio balcón desde donde se dominaba el lago.
La temperatura era más que fría y los primeros indicios de luz comenzaban a iluminar el día permitiéndonos observar gran cantidad de aves nadando en el lago, inmersos en una nieblina que sólo de verla provocaba escalofríos.
Grandes bandadas de acuáticas comenzaron a surcar el cielo pero aunque la poca luz existente a esas horas no nos permitía identificarlas con seguridad, las barnaclas no hicieron acto de presencia.





Disfrutamos del bonito amanecer y de las impresionantes formaciones de aves que salían de las aguas del lago en busca del sustento diario hasta que ya bien entrado el día, la actividad fue cesando.






Era todavía pronto y decidimos acercarnos a los lagos para buscar algún acceso que nos permitiera ver las aves que aún permanecían en sus aguas pero fuimos incapaces de lograrlo.
El coche tenía una importante capa de hielo que nos costó eliminar y los típicos paisajes invernales mostraban una fina capa de niebla que flotaba a unos metros del suelo y que nos hacían estremecer desde el interior del coche.





Tras el recorrido, volvimos al hotel para desayunar y recoger nuestros equipajes ya que no disponían de alojamiento para nosotros en el día de hoy.
Una vez repuestas las energías y preparados para hacer frente a las heladoras temperaturas, volvemos al coche con la intención de llegar hasta una torre de observación que hemos visto anteriormente a orillas del lago aunque no estamos seguros de encontrarla ya que no hay indicaciones de ningún tipo.
A través de pistas sin asfaltar, conseguimos finalmente llegar hasta la torre pero cuando subimos a la parte superior, nos encontramos con que la trampilla de acceso estaba cerrada. Deberíamos buscar otro sitio desde donde observar el lago.


 

 

 












Nos sorprende que en una zona tan emblemática ornitológicamente hablando, no existan indicaciones ni información de ninguna clase así que tras un estéril intento por encontrar un buen observatorio, decidimos abandonar la zona para trasladarnos a los cercanos campos de cultivo donde deberían encontrarse las barnaclas y los gansos en el caso de que hubiera llegado algún grupo.

Pasamos el resto de la mañana recorriendo solitarias carreteras locales que atravesaban extensos campos de cultivo donde habitualmente se alimentan este tipo de aves durante el invierno pero nuestra búsqueda resultó infructuosa así que finalmente centramos nuestro interés en otro tipo de aves como los abundantes ratoneros comunes y moros, aguiluchos pálidos, cisnes cantores, faisanes, etc,etc.

No es extraño encontrarse carros tirados por caballos en las carreteras búlgaras por lo que siempre se deben extremar las precauciones cuando conduces un vehículo y mucho más si te encuentras en zonas rurales.




Tras una parada a comer, a orillas de la carretera, y tras un buen susto al irrumpir entre la maleza un gran faisán que desapareció tan rápido como hizo su aparición, decidimos volver a la zona de los lagos para hacer un último intento de acercamiento.
Una vez más no tuvimos éxito y no encontramos ninguna zona propicia que nos ofreciera un buen campo de visión por lo que tomamos la decisión de tomar rumbo al sur para intentar visitar mañana la Reserva de Baltata

Intentaremos acercarnos hasta la población más grande de la zona, Balchik, donde buscaremos un lugar para pasar la noche.


BALCHIK
Fundada hace 26 siglos por colonos griegos con el nombre de Kruni, pasó posteriormente a ser conocida como Dionisópolis en honor al dios griego del vino y la alegría, Dionisio. Más tarde formaría parte del imperio romano y a mediados del siglo VI, la ciudad fue destruida por un devastador terremoto. 

Reconstruida por los supervivientes, este enclave no fue conocido por su nombre actual hasta el siglo XVI. 
Tras sufrir el dominio de turcos y rumanos, a cuyo territorio fue anexionado en 1913, tras la Guerra de los Balcanes, fue finalmente devuelta a Bulgaria en 1940.
A día de hoy, a orillas del mar Muerto, con temperaturas medias en verano de 22ºC y con un mar cuyas aguas  llegan a los 24ºC, se ha convertido en una atractiva zona turística.
En el Museo de Historia de Balchik se puede encontrar abundante información sobre la historia de la ciudad y el rico legado que dejaron todas las culturas que por allí pasaron.
La residencia construida en 1924 conocida como el Palacio, se convirtió en la residencia de verano favorita de la reina Maria Alexandra Victoria de Edimburgo y junto a sus bellos jardines, constituyen los principales atractivos de la ciudad.






 





Habíamos buscado algunos alojamientos por internet pero cuando llegamos a Balchik, todo lo que encontramos se encontraba cerrado. Estaba claro que Balchik era una población costera bastante turística pero en estas fechas no recibía demasiados visitantes por lo que muchos locales estaban cerrados.
Por otra parte, nuestro GPS nos había jugado otra mala pasada y no lograba encontrar las calles que le marcábamos donde supuestamente se encontraban algunos de los hoteles que habíamos visto por internet. Resulta increible el mal rendimiento que nos está ofreciendo en Bulgaria.
Decidimos aparcar el coche e intentar preguntar en la calle pero no resulta sencillo encontrar a alguien que hable inglés. Afortunadamente, entramos en un local a tomarnos unas cervezas y la chica que nos atendió nos aseguró que en la carretera que discurre paralela a la costa hay numerosos hoteles abiertos.
No tardamos en comprobar que su información era correcta y efectivamente allí se encontraban algunos de los hoteles que buscábamos y que incompresiblemente, nuestro GPS se empeñaba en situar muy lejos de allí.
El hotel Victoria fue el elegido. La habitación triple con desayuno salía por 80 Levs y cumplía sobradamente nuestras necesidades.






 







Ya instalados, volvimos al centro del pueblo para dar una vuelta y tomar unas cervezas antes de cenar algo en un restaurante junto al mar llamado Panorama Kavaci.
Unas sopas, unos calamares a la plancha, dos platos de carne a la plancha con verduras, una dorada y dos botellas de vino, nos sirvieron para llenar nuestros vacíos estómagos por el módico precio de 132 levs, poco más de 65€.
Es hora de retirarnos a nuestros aposentos.
Mañana desayunamos a las 8 y saldremos rumbo a Baltata para ver si esta vez conseguimos encontrarla.


Ruta de la jornada:



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Capítulo siguiente: De Balchic a  Reserva de Baltata.

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