El suave murmullo de la lluvia me acompañó sin cesar durante toda la noche, así que todo apuntaba a que, lamentablemente, las predicciones de lluvia para los próximos días iban a cumplirse.Nos encontramos en una zona en la que osos y lobos se acercan a la costa en busca de crustáceos en bajamar. Incluso aseguran que en ocasiones se puede ver el escurridizo puma aunque este encuentro ya presumimos que será sumamente improbable.
Pensábamos hacer un recorrido a pie por la costa con la intención de explorar un poco el afamado Pacific Rim National Park pero cuando nos levantamos a primera hora de la mañana y vimos la cantidad de agua que estaba cayendo, nos lo planteamos seriamente.
Tras desayunar y sopesar los pros y las contras, decidimos hacer una ruta con la esperanza de que en algún momento parara de llover. Tan sólo una componente del grupo decidió quedarse en casa y aprovechar para hacer la colada y descansar.
El resto iríamos hasta el Centro Interpretativo Wickaninnish, donde había un aparcamiento para dejar el coche y pagar la entrada al Pacific Rim National Park Reserve. Desde allí, caminaríamos hasta Florencia Bay.
Mientras recorríamos los 25 kms que nos separaban de nuestro destino, las esperanzas de que parase de llover se desvanecían. Cuanto más avanzábamos, más llovía..
Aún así no desistimos y aparcamos en el punto establecido. Una máquina cercana permitía sacar el permiso de entrada al parque y junto a ella, varios carteles indicaban cómo se debía actuar ante posibles encuentros con osos y lobos.
Tras aparcar y pagar el permiso de entrada en la máquina, nos acercamos hasta la terraza del centro de interpretación Wickaninnish desde donde se puede intentar avistar cetáceos, leones marinos, aves, etc,etc.
Una densa niebla, además de una cortina de agua que no cesaba de barrer el paisaje, hacía imposible cualquier tipo de observación.
Centro Interpretativo Wickaninnish
El Centro Interpretativo Wickaninnish es un espacio cultural y natural situado en la costa oeste de Canadá, dentro del Pacific Rim National Park Reserve, cerca de la localidad de Tofino.
Hoy en día se conoce como Kwisitis Visitor Centre (cambió de nombre), pero es el mismo lugar.
KwIsitis, o el "otro extremo de la playa" en la lengua Nuu-chah-nulth, es un nombre apropiado para este icónico edificio de la costa oeste, situado en el extremo sur de la playa de Wickaninnish, en la hermosa Reserva del Parque Nacional del Pacífico.
🏞️ ¿Qué es exactamente?
Es el principal centro interpretativo del parque, diseñado para explicar:
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La naturaleza de la zona (océano, bosques templados, fauna)
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La cultura indígena Nuu-chah-nulth
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La historia y geografía de la costa del Pacífico canadiense
📍 Ubicación
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Está en Wickaninnish Beach, al final de Wick Road
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Aproximadamente a 3,5 km de la carretera principal (Highway 4)
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Construido sobre rocas con vistas directas al océano
🧭 Qué puedes ver y hacer
Dentro y alrededor del centro:
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Exposiciones sobre ecosistemas marinos y selva templada
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Información sobre pueblos indígenas y sus tradiciones
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Réplicas culturales (como una casa tradicional o escenas de caza de ballenas)
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Paneles sobre animales locales (osos, lobos, ballenas)
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Tienda con artesanía local
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Mirador para ver ballenas, tormentas y surfistas por igual.
🌊 Por qué es especial
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Está en un entorno espectacular frente al Pacífico
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Es uno de los mejores lugares del parque para interpretar el paisaje, no solo verlo
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Muy popular para avistamiento de tormentas en invierno
🧠 Dato curioso
El nombre “Wickaninnish” proviene de un jefe indígena del siglo XVIII, Wickaninnish, figura importante en la historia local.
Cuando llegamos, el centro se encontraba cerrado y en el exterior la visibilidad era prácticamente nula así que sin más dilacción tomamos un sendero que partía del aparcamiento para dirigirse hacia South Beach. Un cartel señalaba una ruta no muy larga, que culminaba en Florencia Bay. Todos pensamos que los 8 kilómetros de ida y vuelta serían perfectos para aprovechar la mañana.
El terreno estaba totalmente encharcado y lleno de barro lo que dificultaba bastante el paseo pero ya nos daba igual. La decisión estaba tomada y la mojadura asegurada.
El sendero, que estaba parcialmente inundado tras las lluvias de los últimos días, discurría entre un denso bosque aunque en ocasiones había accesos a pequeñas calas de arena y rocas.
Un tótem marcaba la entrada a una pequeña cala, Lismer Beach, un rincón de tranquilidad y conexión directa con la naturaleza. Más íntima y acogedora que otras playas del parque, está rodeada por un denso bosque típico de la costa del Pacífico. Sin nadie en los alrededores y con la lluvia, la niebla y un mar embravecido, ofrecía un ambiente totalmente salvaje, además de hermosas vistas hacia el océano abierto.
Nuestro camino seguía la ruta que conducía a South Beach pero también conectaba con el sendero Nuu Chah Nulth que, si se sigue, conduce a una caminata algo más larga hasta Florence Beach. Puedes continuar por el South Beach Trail en su punto de intersección con el Nuu Chah Nulth Trail y descender hasta la playa pero como la lluvia arreciaba y la fuerte pendiente amenazaba con resbalones peligrosos, decidimos seguir ruta hacia Florencia Bay. Algunas pasarelas de madera ayudaban a superar los tramos más embarrados y dificultosos.
Nos encontrábamos en el sendero Nuu Chah Nulth cuyo nombre original, Wickaninnish, provenía del jefe Wickaninnish del pueblo Nuu Chah Nulth.
Las vistas al océano acompañan un espléndido sendero elevado de madera que atraviesa la densa selva costera del Parque Nacional del Pacífico.
Poco a poco, avanzando entre cedros y helechos gigantes, caminos encharcados y pasarelas de madera, llegamos hasta la Playa Florencia. La ruta parecía idónea para habernos topado con algún oso negro o cualquier otro habitante del bosque pero sólo vimos alguna que otra babosa moviéndose lentamente por el húmedo terreno.
Personalmente, me quedé con la ubicación de alguna cala que me parecía perfecta para avistar algún oso en busca de marisco durante la bajamar.
🌊 Florencia Bay
Florencia Bay es una de las playas más bonitas y tranquilas del Pacific Rim National Park Reserve, cerca de Tofino (Canadá). Es menos concurrida que Long Beach, pero igual o más espectacular.
Con forma de bahía protegida, sus olas son algo más suaves que en otras playas cercanas. Está rodeada de un bosque templado lluvioso, siempre verde incluso en días grises. La arena es amplia y está salpicada de enormes troncos arrastrados por el océano, creando un ambiente más salvaje y tranquilo.
🥾 Acceso
- Desde la carretera (Highway 4) hay un pequeño parking
- Luego un sendero corto (10–15 min) por el bosque
- Pasarelas de madera → fácil y bonito
🌅 Qué puedes hacer
- Pasear por la playa (ideal al atardecer)
- Picnic frente al mar
- Explorar pozas de marea (cuando baja la marea)
- Fotografía de paisaje
- Ver surfistas (aunque es más calmada que otras zonas)
🐋 Fauna y naturaleza
- Avistamiento ocasional de ballenas en temporada
- Águilas calvas y aves marinas
- Posible presencia de osos en el bosque (mantener distancia)
⚠️ Consejos
- El clima cambia rápido → lleva impermeable
- Consulta mareas si quieres explorar zonas rocosas
- No es buena playa para bañarse: agua fría + corrientes
🧠 Dato curioso
El nombre “Florencia” no es español por casualidad: viene de exploradores europeos del siglo XVIII que bautizaron varios puntos de la costa.
Cuando llegamos a la playa, no estábamos sólos; un cercano aparcamiento permitía acceder hasta la playa a través de un corto paseo de unos 10 minutos.
Miles de troncos se apilaban en la arena, mostrando la fuerza salvaje del mar moviendo aquellos enormes troncos como si fueran mondadientes. Numerosas algas gigantes (kelp toro, o Nereocystis luetkeana), que ya habíamos visto en jornadas anteriores, también se amontonaban en muchos puntos de la playa.
La lluvia no daba tregua así que retomamos el camino de vuelta porque poco podíamos hacer allí debido a la densa bruma que inundaba el ambiente e impedía ver mucho más allá de unos metros.
La vuelta discurrió sin incidentes dignos de mención, al igual que el trayecto inicial. Los habitantes del bosque parecían haber decidido mantenerse a refugio ante la desagradable jornada de incesante lluvia y tampoco en esta ocasión se dejaron ver.
Tras algo más de una hora de caminata, llegamos al coche deseosos de llegar a casa para secarnos y ponernos ropa seca.
Afortunadamente no estábamos lejos de casa y no tardamos en llegar. Una reconfortante ducha de agua caliente, ropa seca y una comida caliente nos hicieron olvidar inmediatamente la penosa jornada matinal.
Pero ahora tocaba decidir qué hacer por la tarde. Nuestros teléfonos anunciaban una corta ventana de tiempo durante la que no llovería por lo que decidimos volver al Kwisitis Visitor Centre. Allí, al menos teníamos el coche cerca y un sitio para guarecernos en caso de que la lluvia arreciara.
Cuando llegamos no llovía y la bruma no era tan densa aunque no sabíamos durante cuánto tiempo duraría aquella situación.
Sacamos los teles y los plantamos en la terraza anexa al centro, con la esperanza de ver alguna ballena, foca, león marino o cualquier otro animal marino.
Aparte de las típicas limícolas que frecuentan estas zonas, no tardamos en descubrir algún león marino y unas intrépidas nutrias balanceándose tranquilamente al son de las olas.
La marea había bajado y fue entonces cuando recordé las escondidas calas que habíamos visto esta mañana. Acompañado de otro componente del grupo, nos dirigimos a una cala no lejos de allí para ver si algún oso se había acercado a buscar alimento.
Al poco de iniciar la ruta, nos topamos con una pareja que se apresuró a alertarnos de la presencia de un oso en una cala cercana. Salimos disparados hacia allí, convencido de que se trataba de la cala que buscábamos.
Efectivamente, era allí.
Un precioso ejemplar de oso negro se encontraba enfrascado moviendo piedras y troncos en busca de crustáceos. Mantuvimos una distancia prudencial a pesar de que nuestra presencia no parecía perturbarle en absoluto y disfrutamos como niños durante un buen rato en total soledad. El oso, nosotros y algunas aves éramos los únicos componentes de la escena.
El resto del grupo no se encontraba lejos así que dejé a mi compañero sólo y fui a avisarles para que también ellos disfrutaran del avistamiento.
Todos juntos pudimos comprobar cómo el oso se daba un buen banquete con todo lo que encontraba entre la arena y las piedras. La escena se prolongó durante varios minutos hasta que, inesperadamente, el oso tomó rumbo hacia donde nos encontrábamos.
Salimos de allí inmediatamente dejando paso libre al animal que lo único que buscaba, como pudimos comprobar posteriormente, era salir de la playa para internarse en el bosque cercano.
Pero el susto fue importante...
Cuando menos lo pensábamos, conseguimos uno de nuestros objetivos en la zona: ver algún oso mariscando.
🐻🌊 Osos negros mariscando en Pacific Rim
Sí, es algo real y relativamente frecuente en esa zona del parque.
🐾 ¿Qué hacen exactamente?
Los osos negros bajan a la playa durante la marea baja para alimentarse. Allí:
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Levantan rocas con sus patas
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Buscan cangrejos, mejillones y otros mariscos
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Recorren la orilla lentamente, como “pescando”
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A veces nadan cortas distancias entre rocas
Es un comportamiento típico de la costa del Pacífico.
⏰ Cuándo es más probable verlos
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Marea baja (clave 🔑)
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Temprano por la mañana o al atardecer
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Días tranquilos con poca gente
👀 Cómo observarlos (con seguridad)
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Mantén mínimo 50 metros de distancia
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Nunca te acerques ni intentes seguirlos
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Lleva prismáticos o zoom
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Permanece en silencio
⚠️ Importante
Aunque parezcan tranquilos:
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Son animales salvajes y pueden ser peligrosos
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No dejes comida ni basura
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Si uno se acerca: hazte ver grande, retrocede sin correr
🌊 Por qué ocurre aquí
Zonas como South Beach y otras partes del Pacific Rim National Park Reserve tienen:
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Costas ricas en vida marina
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Mareas muy marcadas
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Poco desarrollo humano
👉 Todo esto convierte la playa en un auténtico “buffet natural” para los osos.
Satisfechos con la experiencia vivida, volvimos al punto de partida para seguir buscando aves, leones marinos, nutrias y las ansiadas ballenas que esta vez no hicieron acto de presencia. Sin embargo, nos vimos sorprendidos por la aparición de un cuervo que presentaba una clara malformación en su pico.
Una vez en casa, investigando este curioso caso, encontré esta información:
El ave padece una afección conocida como Queratinopatía Aviar (Avian Keratin Disorder o AKD).
¿Qué está pasando con su pico?
Normalmente, el pico de un ave crece y se desgasta de forma natural mediante el uso diario. Sin embargo, el AKD causa un crecimiento excesivo y deforme de la queratina, lo que resulta en:
Picos alargados: La parte superior o inferior crece mucho más de lo normal.
Curvatura extrema: Como se ve en la imagen, el pico se cruza o se curva hacia arriba/abajo.
Dificultades para alimentarse: A estas aves les cuesta mucho más recoger semillas, cazar o acicalarse las plumas.
Datos importantes sobre esta condición:
Causas: Se ha vinculado principalmente a un virus llamado Poecivirus, aunque factores ambientales o nutricionales también pueden influir.
Especies afectadas: Se observa con mayor frecuencia en cuervos, mirlos y carboneros, especialmente en regiones como Alaska y el noroeste del Pacífico, aunque se ha extendido a otras zonas.
Supervivencia: Aunque parece una sentencia de muerte, muchas de estas aves son increíblemente resilientes y logran adaptarse aprendiendo nuevas formas de comer (usando el lado del pico o buscando comida blanda).
Es una imagen fascinante pero triste a la vez, ya que muestra el desafío diario que este ejemplar debe afrontar para sobrevivir.
Mientras tanto, las juguetonas nutrias y algunos leones marinos que aparecían esporádicamente, nos mantuvieron entretenidos hasta que el día comenzó a poner su punto final.
Había llegado la hora de volver a casa y dar por finalizada una jornada que finalmente no ha sido tan desastrosa como parecía prometer debido a las inclemencias climatológicas.
Mañana será nuestro último día por la zona; a ver si al menos, deja de llover...
Video de la Jornada
Ruta de la jornada
Capítulo siguiente:Pacific Rim National Park Reserve ( II )
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