25 julio 2018

Avistamiento de orcas y Santuario de Reifel. Vancouver.


Como era de esperar, el jet lag se ha dejado sentir y antes de las 5 de la mañana ya estábamos despiertos.
La habitación carece de aire acondicionado y el calor estaba concentrado en su interior por lo que temíamos que dormir con esa temperatura, no iba a resultar sencillo. Afortunadamente la temperatura ha descendido por la noche y hemos podido dormir aceptablemente a pesar de que las sirenas y las voces no han cesado en toda la noche. Para colmo, en cuanto el día ha despuntado, las gaviotas han comenzado con su particular sinfonía, provocando que nos levantásemos antes de lo imaginado.

El wifi del hotel funciona a ratos y veo que tengo un mensaje de nuestros compañeros de viaje comentando que están despiertos hace rato. 
Bajo a recepción para preguntar si han llegado nuestros equipajes a lo largo de la noche pero me dicen que no, así que subo de nuevo a la habitación para darme una ducha y volver a ponerme la misma ropa que ayer.

A las 6,30 ya estábamos los 4 reunidos en la recepción dispuestos a salir a la calle para buscar un sitio para desayunar y sacar dinero antes de comenzar la jornada.
El centro está muy cerca de nuestro hotel pero hemos decidido ir en nuestro coche porque una vez resolvamos el tema del dinero, nos desplazaremos hasta Richmond, al sur de Vancouver, donde tenemos previsto pasar nuestra primera jornada en Canadá.
El primer problema surge cuando debemos buscar un sitio para aparcar. No entendemos bien las señales y tememos aparcar en zona prohibida por lo que optamos por meternos a un parking subterráneo y evitar problemas. 

Esta primera decisión nos sirve para tomar conciencia del nivel de vida en Canadá. Hay que pagar por adelantado con tarjeta bancaria ( no acepta metálico ) y como calculamos que estaremos unas tres horas, aparcar el coche nos sale por el módico precio de 27$.

Resuelto el primer problema, tratamos de buscar un sitio para desayunar algo tranquilamente hasta que abran una casa de cambio ( Vancouver Bullion Currency Exchange ) donde ofrecen un cambio bastante aceptable ; o al menos, eso hemos leído.
Muy cerca de donde hemos aparcado el coche, vemos un pequeño local abierto donde entramos a desayunar unos generosos cafés acompañados de unos dulces. Teniendo en cuenta lo que acabábamos de pagar por aparcar y el tamaño de los cafés, los 15€ que nos cuesta el desayuno, nos parecen un chollo.


Todavía nos queda un buen rato hasta que abran la casa de cambio así que nos damos una vuelta por Vancouver admirando los imponentes rascacielos que se concentran en la zona donde nos encontramos. Cerca vemos un western union que ofrece 1,51$ por euro, algo que no entiendo porque ese es el cambio oficial actual. Como está cerrado, no podemos confirmarlo pero tomamos nota.
El día ha amanecido cubierto y amenaza con lluvia pero confíamos en que mejore a lo largo del día.








Tras el paseo por Vancouver, nos acercamos hasta la oficina donde pensábamos cambiar nuestro dinero pero vemos que ofrecen 1,49 por euro así que decidimos ir al western union, donde lo vimos a 1,51. Al llegar allí nos dicen que ese es el cambio de ayer y que el de hoy está a 1,49 pero decidimos no dar más vueltas y cambiamos 500€ cada uno.

Con dinero fresco en el bolsillo, nos dirigimos en busca de nuestro coche para desplazarnos hasta Richmond donde el grupo se dividirá en dos.
Mientras dos integrantes del grupo han reservado hace días una excursión para intentar ver orcas, otros dos nos decantamos por visitar el santuario de aves George C. Reifel situado no muy lejos de allí. 

Tengo que reconocer que dudé hasta el último momento y más cuando nos dijeron que aún quedaba alguna plaza libre pero el temor a marearme y la inestabilidad del día que seguía amenazando con llover, acabaron por tomar peso en mi decisión: iría al santuario de aves.

Tenía marcada la dirección de la agencia que organizaba la excursión de las orcas así que una vez más, nuestro GPS se encargó de llevarnos hasta sus puertas. 

En Richmond hay varias agencias que organizan este tipo de excursiones. Si estás interesado en hacer esta excursión, puedes informarte en esta web sobre cómo y con quien hacerlo.
Las orcas suelen verse entre los meses de Abril y Octubre aunque también pueden verse ballenas, delfines, águilas calvas, leones marinos, marsopas, etc, etc.
Aunque a mediados de Mayo aún disponían de plazas libres antes de zarpar, es conveniente reservar con varias semanas de antelación para no quedarte sin plaza. Se puede reservar online y el precio actual es de 135$ CAD.
La zona está repleta de tiendas de souvenirs, bares y todo tipo de locales turísticos donde podrás comprar algo para comer durante tu excursión. Incluso en el embarcadero, suelen vender pescados y mariscos recién pescados.





Nuestros compañeros comienzan la navegación a las 11 y ya son las 10,30 así que nos acercamos hasta un local cercano donde preparan unos enormes bocadillos cuyos ingredientes tú mismo eliges. 

Con 6 bocadillos y abundante líquido para pasar la jornada, nos despedimos hasta las 5 de la tarde, hora en la que nos reuniremos de nuevo en un bar ubicado a la entrada del embarcadero.

Ya en el coche, el GPS nos indica que 23 kilómetros nos separan del Santuario de Aves Reifel, un apacible y tranquilo lugar muy visitado por familias y niños pero que confiamos nos depare buenos momentos con las aves.
El parque esta abierto de 9 a 16 y dispone de un extenso aparcamiento gratuito aunque la entrada cuesta 5$ CAD a los adultos entre 14 y 60 años y 3$ al resto. Aunque no seas un enamorado de las aves, estoy convencido de que disfrutarás de esta visita.


Barnaclas con su pollada


En nuestro caso, las aves nos apasionan y una ruta que fácilmente se hace en hora u hora y media, se convirtieron en una excursión de más de 5 horas que se nos hicieron muy cortas.
La posibilidad de ver tantas especies, muchas de ellas por primera vez en nuestra vida, nos mantuvo entretenidos durante todo el recorrido. La lista de especies observadas resultó muy extensa y los momentos vividos con las escandalosas barnaclas, los espectaculares patos de Carolina, los ruidosos tordos alirrojos o las esbeltas grullas canadienses, entre otras muchas especies, nos hicieron disfrutar de un maravilloso día de pajareo.


pato de Carolina

Barnacla canadiense

tordo alirrojo

Grulla canadiense


Estamos en plena primavera y mientras algunas especies ya se dejan ver con sus polladas, otras se encuentran en plena temporada de apareamiento y nos obsequian con extrañas y bellas danzas nupciales. Toda una explosión de vida que disfrutamos a tope a escasos metros de distancia.
La zona está repleta de nidos de madera y comederos preparados a los que también acuden a comer distintas especies de confíadas ardillas.






A las 4 cierran el parque así que dimos por finalizada nuestra visita y volvimos al aparcamiento donde pudimos ver unos nerviosos colibríes que rondaban los comederos y las flores del jardín.
Ya en el coche, de vuelta a Richmond, la guinda la puso una imponente águila calva que permanecía inmóvil junto a su nido. Unas fotos pusieron el final definitivo a nuestra jornada pajarera.









Un gran atasco provocó que llegáramos tarde a Richmond donde nuestros amigos nos esperaban.
Por desgracia, ellos no tuvieron tanta suerte y a pesar de que prácticamente aseguran avistar orcas en sus excursiones, en esta ocasión no hicieron acto de presencia. 

Casi la totalidad de las agencias te permiten repetir de manera gratuita la excursión, en el caso de que no se vea ningún cetáceo pero como vieron a lo lejos una ballena jorobada, consideraron que no tenían derecho a ello. 
Vieron dos especies distintas de leones marinos, alguna marsopa y varias águilas calvas pero las orcas no aparecieron.
Es lo que tiene el avistamiento de fauna; en ocasiones hasta los animales más habituales y sencillos de ver, se muestran esquivos ante la especie humana.
Al menos disfrutaron de un excelente día de navegación ya que el sol finalmente brilló con fuerza durante toda la jornada.

Son ya más de las 6 de la tarde y aprovechamos para buscar un supermercado donde comprar fruta, dulces, zumos y sandwichs para comer durante los próximos días.
Volvemos al hotel para darnos una ducha y descansar un poco antes de ir a cenar pero al llegar nos espera una desagradable sorpresa. El recepcionista nos comunica que han llamado de Air Canadá para confirmar que han entregado ya nuestros equipajes pero nos asegura que allí no ha llegado nada. 

Nos está resultando bastante complicado entender el inglés que se habla en Canadá por lo que intentamos que el recepcionista nos sirva de intérprete y que sea él, el que hable con air canadá en nuestro nombre pero ya nadie contesta en el número de contacto que nos dejaron.
Mañana abandonamos el hotel y comenzamos a temer que nuestro equipaje se ha perdido definitivamente por lo que decidimos acercarnos hasta el aeropuerto para ver qué nos dicen. Si no lo solucionan ya, nos veremos obligados a comprar ropa.
Afortunadamente, al llegar al aeropuerto y acercarnos al mostrador donde se reclaman los equipajes extraviados, vemos nuestras mochilas en el suelo.
Aliviados, las recogemos y regresamos al hotel. Menos mal....

De camino al hotel, decidimos que para evitar meternos de nuevo en la ciudad con el coche buscando un sitio para comer, podemos cenar algo en algún sitio tranquilo que veamos por el camino.
Finalmente paramos frente a una pizzería donde comemos un par de pizzas grandes  y unos refrescos ya que no tienen cerveza. 

Si te gusta comer con vino o cerveza debes saber que ni los establecimientos de comida rápida ni los supermercados, disponen de bebidas alcohólicas. Tan sólo en bares, restaurantes y licorerías puedes encontrar este tipo de bebidas.
Son ya casi las 10 y nos vamos a dormir. Estamos cansados y mañana queremos madrugar para visitar Stanley Park antes de abandonar Vancouver.


Ruta de la jornada 




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