Aún con la feliz resaca por el último avistamiento de ayer, me desperté por última vez en la fría habitación de una modesta casa, situada en un remoto y gélido rincón del planeta.
Durante una semana habíamos estado totalmente aislados del mundo, sin coberturas de ninguna clase, sin televisiones ni periódicos, ni nada que nos recordara el mundo que habíamos dejado atrás.
Pero hoy había llegado el momento de abandonar este lugar. El día volvió a amanecer totalmente nublado por lo que ni siquiera montamos los teles para explorar los alrededores.
Dedicamos el tiempo a limpiar equipos, rehacer el equipaje y disfrutar de nuestro último desayuno al calor de la estufa de leña.
Serían algo más de las 11 cuando nuestros guías recogieron nuestras mochilas y las cargaron en los coches.
Nos despedimos de todos los habitantes de la casa que tanto se esforzaron en hacer de nuestra estancia, una experiencia inolvidable y montamos en el coche para volver a la capital de este remoto territorio.
Pero lo que no sabíamos era que una auténtica pesadilla iba a comenzar mañana. El plan de viaje previsto era dormir una noche en Leh para partir hacia Delhi al día siguiente. Esa misma noche tomaríamos el avión de vuelta a casa. No iba a ser tan sencillo...
Durante las casi dos horas que duró el viaje a Leh, nevó intermitentemente dificultando la circulación por la carretera. Aún así, llegamos al hotel sin más problemas.
La responsable del hotel nos recibió con una amplia sonrisa y nos acompañó a nuestras habitaciones mientras se interesaba por nuestra aventura en las montañas.
Nos acomodamos y nos dimos una ducha de agua caliente que nos devolvió la vida pero las noticias que me llegaron al correo a través del móvil tras conectarse al wifi del hotel, no fueron tan agradables. Nuestro vuelo Delhi- Bilbao se había cancelado.
El problema era que varios integrantes del grupo trabajábamos al día siguiente y ya no llegábamos.
Sin embargo, esta no sería la única complicación del día. Mientras almorzábamos en el hotel, la encargada se acercó para informarnos que sería difícil abandonar Leh a causa de la tormenta de nieve. Era bastante probable que ningún avión llegara ni partiera de Leh. Su hermano trabajaba en el aeropuerto y nos dijo que a la noche nos informaría de las novedades.
No nos lo podíamos creer pero preferimos pensar en positivo y hasta celebramos que nos cancelaran el vuelo a casa porque de lo contrario lo habríamos perdido, viéndonos obligados a pagar el nuevo vuelo.
Además, si teníamos que pasar una noche extra, preferíamos pasarla aquí que en Delhi.
En fin, ya se verá lo que pase...
En el hotel había un evento al que acudían artesanos de toda la zona y que la responsable del hotel nos recomendó encarecidamente. Esti hasta se animó a tejer alguna alfombra con ellas.
Mientras tanto, el resto del grupo preferimos descansar un rato en las habitaciones y tomarnos algo caliente en el bar del hotel.
Hubiera preferido tomarme una cervecita bien fría pero estaba claro que no iba a ser posible así que tras charlar un rato y tomar unas infusiones y unos chocolates calientes, decidimos sentarnos a cenar y esperar a recibir noticias. Cuando vimos la cara de la responsable al acercarse, nos temimos lo peor. Su hermano le había confirmado que mañana no habría vuelos.
Teníamos que ponernos a solucionar la situación lo antes posible. En Leh no había demasiados hoteles abiertos en estas fechas y debíamos buscar una habitación lo antes posible, dado que mucha gente estaba atrapada en la ciudad ya que ayer tampoco hubo vuelos. Nuestra amiga nos dijo que el hotel estaba lleno pero intentaría buscarnos un hueco. La verdad es que desde el primer momento tuvimos buena conexión con ella y se ha portado de maravilla con nosotros.
Mañana debíamos dejar las mochilas recogidas en recepción ya que nuestras habitaciones estaban reservadas. Ya veremos dónde dormimos....
Estuvo toda la noche nevando y cuando nos despertamos, la capa de nieve era aún más gruesa. Esto no pintaba bien. De cualquier forma, teníamos todo el día libre y decidimos pasarlo en el pueblo recorriendo sus estrechas callejuelas y aprovechando para hacer alguna compra.
Tomamos bastantes fotografías del pueblo y regresamos al hotel a comer.
La responsable no tardó en acercarse a nosotros para decirnos que ya nos había buscado unas habitaciones. Sin embargo, muy apesadumbrada, nos comentó que si seguía nevando era probable que mañana tampoco podríamos volar. El asunto se complicaba aún más...
Pasamos el día cruzando los dedos y mirando al cielo con la esperanza de que algún rayo de sol se abriera paso entre las nubes.
Teníamos que buscar también algún sitio para dormir en Delhi pero no podíamos reservar porque no sabíamos cuando íbamos a llegar.
Al día siguiente nos despertamos nerviosos y nos apresuramos a mirar al cielo. Parecía haber mejorado pero había mucha nieve. Entramos a la web del aeropuerto de Delhi para ver si habían salido los vuelos a Leh y comprobamos con alegría que sí habían despegado. Desgraciadamente, un rato después la misma web aseguraba que no era así y saldrían con retraso. La incertidumbre era insoportable.
Cuando bajamos a desayunar, nuestra amiga del hotel nos dijo que el tema no estaba del todo claro pero parece que hoy habría vuelos a Leh. Nos dio el nombre de su hermano y nos dijo que en cuanto llegáramos al aeropuerto preguntáramos por él.
El aeropuerto era un verdadero caos y las noticias eran escasas y confusas por lo que no teníamos nada claro. Nos habían reubicado en el segundo vuelo a Delhi pero el hermano de nuestra amiga consiguió ubicarnos en el primero, por si acaso.
Tras una espera interminable con continuas notificaciones contradictorias, conseguimos embarcar y despegar rumbo a Delhi.
Aleluya!!!
Ruta de la jornada
Video de la jornada:
Capítulo anterior: En busca del Leopardo de las Nieves ( V )
Capítulo siguiente: Por fin, Delhi
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