Tras dos intentonas fallidas, hoy haremos jornada intensiva para tratar de ver nuestros primeros osos grizzlies desde la plataforma junto al río.
Ya conocemos a los habituales visitantes de la plataforma y vamos conociéndonos un poco más cada día. Norteamericanos, suizos y canadienses de otros puntos del país, son los más numerosos pero no faltan chinos, indios y otras muchas nacionalidades que no quieren perder la posibilidad de ver osos en estado salvaje. Algunos permanecen en la plataforma tan solo unos minutos pero los más constantes compartimos espacio durante muchas horas.
Los equipos fotográficos son impresionantes y contrastan con nuestras cámaras compactas de gran zoom pero con mucha menor calidad de imagen. De cualquier forma, nuestra prioridad es el avistamiento de fauna aunque no podemos dejar de sentir envidia cuando nos muestran algunas instantáneas que han conseguido en los últimos días.
Hoy madrugamos un poco más para llegar a la plataforma apenas haya amanecido.
Aún de noche, nos levantamos para preparar el desayuno y unos sandwichs para comer durante la larga jornada que nos espera.
Mientras unos se dedican a preparar la mesa para desayunar, otros se afanan en echar todos los ingredientes que tenemos a mano, a unos sandwichs XXL.
Con todo preparado, salimos al exterior con la ayuda de unas linternas ya que todavía es noche cerrada. Cargamos todo el equipo óptico, fotográfico y cómo no, las bolsas con la comida y las cervezas, para salir inmediatamente hacia la plataforma.
La noche es fresquita y todos montamos en el coche buscando refugio, ansiosos por iniciar la jornada durante la que esperamos avistar nuestro primer grizzlie.
Tan sólo haremos una rápida parada para echar un vistazo al río desde un mirador anunciado en la carretera, ya muy cerca de la plataforma.
Cuando bajamos del coche, una águila calva inmadura está posada sobre un tronco a orillas del río. Desde el mirador, hay unas bonitas vistas y no descartamos dedicarle algún rato durante los próximos días ya que cuenta con un campo de visión bastante amplio. Pero hoy toca plataforma así que unos minutos más tarde de nuestra llegada, abandonamos el lugar.
Al llegar a nuestro destino, dejamos el coche en el aparcamiento y tras coger teles y cámaras fotográficas, nos dirigimos a la entrada. Ya nos conocen así que no tenemos que dejar nombres ni procedencia.
La comida y las cervezas se quedan en el coche ya que no se puede llevar a la plataforma ningún tipo de comida ni bebida; tan solo agua.
Saludamos a los allí presentes y nos disponemos a esperar a que algún oso se acerque hasta el lugar para regalarnos nuestro primer avistamiento.
El tiempo discurre lentamente; para nuestro gusto, desesperadamente lento. Tan sólo hacen aparición nuestros amigos habituales: mirlos y martín pescadores. Sin noticias de los osos.
Matamos el tiempo charlando con nuestros compañeros de "esperas", acerca de maravillosos destinos naturales con abundante vida salvaje. Sin duda, si algo nos unía a todos los allí presentes, era nuestra fascinación por la naturaleza.
De pronto, alguien gritó: BEAR!!!
Un precioso pero lejano grizzlie, apareció a lo lejos, a la orilla izquierda del río. Todos nos apresuramos a acercarnos a la zona más cercana de la plataforma desde donde se podía ver al oso, con las cámaras y telescopios.
El avistamiento no duró mucho ya que el oso se limitó a aparecer en la orilla del río para meter el hocico en el agua durante unos minutos y volver a desaparecer entre la vegetación del bosque.
Bueno, no se ha tratado del avistamiento soñado pero por fin nos hemos estrenado; ya hemos visto un grizzlie.
Mientras comentábamos el fugaz avistamiento, llegaron más visitantes procedentes del campamento de pescadores. Resulta que allí habían visto un oso durante un buen rato, a primera hora.
Parece que la suerte nos esquiva.
Nos planteamos partir el grupo y dividirnos entre el campamento y la plataforma. Teníamos dos teléfonos operativos y podíamos avisarnos en el caso de que algún oso apareciera en uno de los dos sitios. No tardamos en desechar la idea cuando nos dijeron que no había cobertura en ninguno de los dos sitios.
Seguiríamos todos juntos; o los veíamos todos o ninguno!!
Unas zodiac que salían unos pocos metros río abajo, pasaron frente a nosotros ante la atenta mirada de otra cría de águila calva, rompiendo la monotonía del entorno. Una agencia organiza tours de avistamiento de osos en este tramo del río ya que al parecer, es la mejor zona para hacerlo.
Las horas seguían pasando sin que nada alterara la tranquilidad del lugar. Los salmones seguían remontando el río con total tranquilidad, sin que nadie amenazara su objetivo.
Un pequeño pájaro carpintero hizo aparición provocando la atención del personal. Se trataba de un pico pubescente (Dryobates pubescens), también conocido como carpintero peludo o carpintero velloso menor, una especie de ave piciforme de la familia Picidae, propia de Norteamérica. Con sus aproximadamente 15 cms, se considera uno de los pájaros carpinteros más pequeños de América del Norte.
La hora de comer se acercaba y como no queríamos perder la posibilidad de perdernos algún avistamiento mientras comíamos, decidimos dividirnos para comer en el coche. Desde la plataforma se veía el coche así que si aparecía algún oso, nos avisaríamos. Sería mucha casualidad que en en 20-30 minutos, mientras comíamos, aparecería algún oso pero con la suerte que estábamos teniendo, no queríamos correr el riesgo.
Así lo hicimos, comimos tranquilamente sentados cómodamente en el coche sin que nada alterara la paz del lugar. Nada se movió durante la hora larga que dedicamos a la comida.
Al menos, el día estaba precioso y se estaba muy bien al solcito pero para los próximos días, los pronósticos no eran tan halagüeños.
Charlando con el suizo, éste nos comentó que el año pasado estuvo también en la plataforma en setiembre y que no tuvo nada que ver con lo que estaba viendo este año. Tuvo la oportunidad de ver numerosos osos tanto aquí como en el cercano campamento de pescadores donde dormía, en su coche.
El cambio climático también se dejaba notar en este remoto rincón y aseguraban que el verano tan cálido y seco que habían soportado, había provocado que las aguas de los ríos estuvieran extremadamente calientes y los salmones no estaban remontando los ríos como en otras ocasiones. Además, los bosques se encontraban repletos de frutos, lo que unido a la escasez de salmones, provocaban a su vez que los osos permanecieran en su interior sin acercarse a unos ríos que no ofrecían la abundancia de salmones habitual en estas fechas. Todo va unido en la Naturaleza y cualquier cambio por mínimo que sea provoca consecuencias, en ocasiones impredecibles.
Las horas pasaban y nuevos visitantes se acercaban a la plataforma hasta que un chico se acercó a nuestro grupo cuando nos oyó hablar en castellano. Se trataba de un malagueño que vivía en Suiza y estaba de vacaciones por Canadá con su pareja de nacionalidad suiza.
Habían estado por las Rocosas y apenas habían visto osos así que no tenían muchas esperanzas ya de verlos por aquí. Les aseguramos que esta zona era excelente para verlos aunque no estábamos teniendo demasiada suerte.
La charla se interrumpió bruscamente cuando alguien volvió a gritar: BEAR!!
Esta vez sí, un gran grizzli cruzó el río frente a nosotros para llegar a nuestra orilla a unos 4 metros de todos nosotros. Se detuvo unos segundos, nos miró y decidió seguir su camino internándose entre la vegetación. Podíamos ver cómo los arbustos se movían a su paso, muy cerca de donde nos encontrábamos.
Llevábamos un montón de horas y apenas habíamos visto un oso en la lejanía y ahora que faltaba menos de una hora para que cerraran la plataforma, habíamos tenido un grizzli a pocos metros de nosotros.
Nuestro amigo malagueño se quedó fascinado con el avistamiento por su cercanía y cuando todos celebrábamos su gran suerte, otro grito alertaba de la aparición de otro oso.
Esta vez no estaba tan cerca pero pudimos verlo durante bastantes minutos hasta que desapareció por la orilla derecha del río.
Parecía que el malagueño había traído la fortuna con él y para corroborarlo, otro oso apareció por el medio del cauce del río. Pausadamente, avanzaba contra la corriente, aprovechando el poco caudal del río en ese punto. Miraba a un lado y otro, seguramente en busca de algún salmón despistado pero parece que en esta ocasión no tuvo éxito.
En casi 11 horas apenas habíamos visto nada y ahora, a las 6 de la tarde, en menos de una hora, habíamos visto tres grizzlis. Nuestro nuevo compañero tenía la suerte pegada al culo.... y todos lo celebramos.
Se aproximaba la hora de cierre, cuando un compañero canadiense que hablaba perfectamente castellano porque pasaba todos los inviernos en Mexico, se despidió de nosotros porque se iba al campamento de pescadores para terminar allí la jornada.
Unos 20 minutos más tarde, emprendimos el mismo camino para reencontrarnos con todos los que compartimos el día en la plataforma.
No hubo fortuna ya que ningún oso se acercó a la zona así que montamos en nuestro coche y nos dirigimos a nuestra cabaña, a unos 40 kms de aquí.
Ducha, descanso y cena pusieron punto final a la jornada. Mañana seguiremos insistiendo con los grizzlis...
Ruta de la jornada
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