28 julio 2026

Tras la huella del oso pardo ( II ). Asturias


E
ra una fresca mañana de primavera en un remoto lugar asturiano. La niebla se deslizaba lentamente entre las laderas verdes y el silencio solo se rompía por el canto de los pájaros y el murmullo lejano del viento. Todo parecía tranquilo pero todos sabíamos que esas montaña guardaban muchos secretos.

Llevábamos horas observando las pendientes cubiertas de hierba y rocas, a través de los prismáticos y los telescopios, atentos a cualquier movimiento. Todos los años visitamos esta zona y teníamos la absoluta certeza de que estábamos en un excelente lugar para avistar el esquivo oso pardo cantábrico pero verlo en libertad,  es un privilegio reservado a los pacientes y a los afortunados.



De repente, una figura oscura apareció en la ladera. Al principio parecía una sombra, una forma difusa entre el verde intenso del prado. Pero poco a poco se hizo nítida: un magnífico macho de oso pardo avanzaba con paso firme y tranquilo. Su pelaje, de tonos oscuros, brillaba bajo la luz suave de la mañana. Los corazones comenzaron a latir con fuerza.

El oso se movía lentamente por una senda, deteniéndose de vez en cuando para alzar el hocico y captar el rastro de alguna hembra receptiva. Sabíamos que mayo y junio son los meses del celo y no renunciábamos a presenciar alguna escena especial.

Unos instantes después, alguien descubrió una segunda silueta entre la vegetación. Era una hembra. Bastante más pequeña que el macho y con un pelaje mucho más claro, se movía con cautela, mientras el macho acortaba distancias con paciencia y respeto. Durante un rato caminaron separados por unos metros, olfateando el suelo y observándose mutuamente. La tensión era emocionante.

En varios momentos se acercaron, se olieron y continuaron avanzando juntos por el sendero. El macho seguía a la hembra, atento a cada uno de sus movimientos. Era el ritual natural del celo, una conducta ancestral que se repite cada primavera en las montañas de la Cordillera Cantábrica.





Finalmente, la pareja se internó lentamente en el bosque, desapareciendo entre hayas y escobas. Durante unos segundos aún se percibió el movimiento de las ramas, hasta que todo volvió a quedar en calma.

Era nuestro segundo intento en la búsqueda de osos y ya lo habíamos logrado, pero todavía nos quedaban varias jornadas por delante para seguir intentándolo. No descartábamos la posibilidad de volver a encontrarnos con la acaramelada pareja en los próximos días.

Hacía tiempo que no participaba en la tradicional “escapada osera” de unos cinco días que organizan mis compañeros cada año. Recuerdo que en los primeros años los avistamientos eran muy esporádicos y en muchas ocasiones, inexistentes.
En el 2011, escribí un artículo titulado " Tras las huellas del oso. Asturias " donde me hacía eco de los datos acerca de la población de osos pardos en aquella época. Se hablaba entonces de un grupo occidental que contaba con unos 150 ejemplares y otro grupo oriental de alrededor de 50 ejemplares.
Quince años más tarde, compruebo felizmente que en la actualidad se dice que el grupo occidental cuenta con unos 250 ejemplares y entre 100 y 150 el oriental.
Tan sólo son datos ya que es muy difícil saber con exactitud el número real de ejemplares pero parece que todo va por buen camino.




En España, el oso pardo (Ursus arctos) es una especie emblemática y protegida. Se distribuye principalmente en dos núcleos de población:

  • Cordillera Cantábrica: Es la población más numerosa. Se extiende por Asturias, León, Cantabria y Palencia. Gracias a los esfuerzos de conservación, esta población ha crecido significativamente en las últimas décadas.

  • Pirineos: Una población mucho más pequeña y localizada en la frontera entre España, Francia y Andorra (Navarra, Aragón y Cataluña). Esta población ha sido reforzada con la reintroducción de ejemplares procedentes de Eslovenia.

La recuperación del oso pardo (Ursus arctos) en España es considerada uno de los mayores éxitos de conservación en Europa. Tras estar al borde de la extinción en la década de 1970 (cuando quedaban apenas unos 40 ejemplares), la población actual supera los 450 o 500 ejemplares repartidos en dos grandes zonas.

Las poblaciones se distribuyen y se estructuran de la siguiente manera:

  •  Población de la Cordillera Cantábrica

Es, con diferencia, la población más grande, estable y la que mejor se está recuperando de forma natural. Los últimos censos genómicos coordinados estiman una población de unos 370 ejemplares.

Esta población está dividida históricamente en dos subpoblaciones, aunque hoy en día ya existe un intercambio genético constante gracias a la recuperación de corredores naturales:

  • Subpoblación Occidental (unos 250 osos): Es el núcleo más fuerte y el que ha servido de motor para la recuperación de la especie. Se extiende por el occidente de Asturias (Cangas del Narcea, Somiedo, Degaña), el norte de León (Laciana, Babia) y el extremo occidental de Lugo (Galicia).

  • Subpoblación Oriental (unos 120 osos): Un núcleo más pequeño pero en claro crecimiento. Habita en la Montaña Palentina (Palencia), el norte de León, los valles de Liébana (Cantabria) y los valles orientales de Asturias.

Dato reciente: Los osos cantábricos se están expandiendo tanto que ya se ha confirmado de forma habitual su presencia en zonas más al sur, como la Sierra de la Cabrera en León e incluso límites de Zamora y Orense.

 


 

  • Población de los Pirineos

Es una población compartida entre España, Francia y Andorra. Estuvo virtualmente extinguida (solo quedaban machos autóctonos), por lo que se tuvo que recurrir a la reintroducción de osos procedentes de Eslovenia a partir de los años 90.

Actualmente, la población pirenaica ha superado los 100 ejemplares (aproximadamente unos 108 osos identificados):

  • Distribución: Se mueven libremente por la frontera. El núcleo principal y donde más se reproducen se encuentra en el Pirineo de Lleida (Cataluña) y el Valle de Arán. También se registran de forma habitual en el Pirineo Aragonés (Huesca) y de forma mucho más esporádica en el Pirineo Navarro.

  • Composición: Más de la mitad de los ejemplares identificados frecuentan la vertiente española (especialmente la catalana).

Principales amenazas actuales

A pesar de las excelentes cifras de recuperación, los expertos recuerdan que la especie sigue catalogada "en peligro de extinción" en España debido a nuevos retos:

  1. Cambio Climático: Al alterarse los ciclos de temperatura, los osos hibernan menos tiempo (o no lo hacen), lo que aumenta el riesgo de interacciones con humanos en invierno. Además, afecta a la disponibilidad de alimentos clave como los arándanos y las bellotas.

  2. Fragmentación del hábitat: La construcción de infraestructuras (carreteras, parques eólicos, estaciones de esquí) dificulta la dispersión de los machos jóvenes.

  3. Turismo masivo: El auge de la observación de fauna requiere regulación para evitar que los curiosos estresen a las osas con crías.

En nuestro caso, siempre solemos realizar nuestra escapada durante el mes de Mayo, entre semana. Apenas nos encontramos con gente y además coicide con el inicio de la época de celo. Además, también es el momento en el que las hembras con crías de ese año, salen de la osera.




Celo

El oso pardo tiene un ciclo reproductivo muy particular. El celo suele ocurrir entre mayo y julio, cuando los machos recorren largas distancias en busca de hembras. En este periodo pueden producirse peleas entre machos, y los osos se muestran más visibles y activos. Además, la hembra puede aparearse con varios machos.

Implantación diferida

Aunque el apareamiento ocurre en primavera, el embrión no comienza a desarrollarse de inmediato. El oso presenta implantación diferida: el embrión permanece “en pausa” hasta el otoño y, si la hembra ha acumulado suficiente grasa para sobrevivir el invierno, entonces la gestación continúa.

Nacimiento de las crías

Las crías nacen entre enero y febrero, dentro de la osera, mientras tiene lugar la hibernación parcial.

Características:

  • Pesan solo unos 300–500 gramos al nacer.
  • Nacen ciegas y casi sin pelo.
  • La madre las alimenta con leche muy grasa.

Cría y cuidado

  • Los oseznos salen de la osera en primavera.
  • Permanecen con la madre normalmente:
    • 1 año y medio a 2 años
  • Durante ese tiempo aprenden:
    • alimentación
    • rutas
    • defensa
    • comportamiento
En la Cordillera Cantábrica es común ver hembras con uno o dos oseznos, y a veces tres, aunque esto último es menos habitual. Los machos de Oso pardo normalmente no participan en la crianza de los oseznos.
Normalmente, la madre cría sola a sus crías, permaneciendo con ellas entre 18 y 24 meses, mientras que el macho adulto suele vivir en solitario.

Durante la época de celo, las crías pueden estar en peligro, ya que algunos machos matan a oseznos que no son suyos. Esto provoca que la hembra entre en celo nuevamente antes de lo habitual, por lo que las hembras con crías suelen mantenerse alejadas de los machos adultos.

En ocasiones los avistamientos incluyen más de un ejemplar.

  • Hembra + oseznos → grupo familiar normal.
  • Macho adulto solo → lo más frecuente.
  • Dos machos juntos → raro y temporal.
  • Macho con crías pequeñas → muy poco habitual.
Los machos adultos suelen distinguirse por su mayor tamaño, una cabeza muy ancha, un cuello potente y una separación evidente de cualquier grupo familiar.
En primavera, el Oso pardo cantábrico sale del periodo de inactividad invernal con necesidad de recuperar mucha energía, así que pasa gran parte del día alimentándose.
En la Cordillera Cantábrica su dieta primaveral suele incluir:
  • Hierbas tiernas
  • Brotes y hojas nuevas
  • Gramíneas
  • Raíces
  • Bulbos
  • Tréboles y plantas herbáceas
  • Insectos y larvas
  • Hormigas
  • Carroña ocasional
  • Pequeños vertebrados si tienen oportunidad

Más adelante, en verano y otoño, cambian bastante la dieta:

  • arándanos
  • cerezas silvestres
  • avellanas
  • bellotas
  • hayucos
  • castañas


Para todos aquellos que quieran intentar avistar este espectacular animal, recomendaría tener en cuenta algunos consejos importantes:
  • Llevar prismáticos o telescopio terrestre.
  • Mantener mucha distancia.
  • No hacer ruido ni intentar acercarse.
  • Ropa discreta y paciencia.
  • Al amanecer o al atardecer: es cuando más actividad tienen.
  • Primavera y otoño: épocas con más movimiento y alimentación.
  • Zonas altas y tranquilas cerca del puerto y laderas con vegetación.
  • Ir con guías locales especializados aumenta muchísimo las probabilidades y evita molestar a los animales.




Durante nuestra estancia en tierras oseras tuvimos oportunidad de ver una cópula, varios osos machos solitarios, una hembra con dos cachorros y dos cachorros del año pasado a los que la hembra ya había dejado para aparearse de nuevo. De hecho, parece ser que se trataba de la hembra que habíamos visto con el macho.
A lo largo de los tres días que permanecí en la zona, disfruté de 21 avistamientos. Entre 9 y 12 ejemplares diferentes se dejaron ver, algunos a una distancia relativamente cercana.

Una vez más, los espectaculares paisajes asturianos conformaron el mejor escenario posible. Un auténtico placer perderse por los verdes senderos con la única compañía de los cantos de los pajarillos que me acompañaban en mis excursiones.
Volveré...





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