Había llegado el momento de abandonar la cabaña que había sido nuestro hogar durante las últimas cinco noches.
Ayer por la noche ya nos despedimos de nuestra anfitriona y dejamos preparados los equipajes ya que el ferry sale a las 7,30 de la mañana y aconsejan estar allí dos horas antes. Si a ésto añadimos que tenemos entre 15-20 minutos de viaje hasta allí, tendremos que madrugar bastante.
A las 4,30 de la madrugada sonaron los despertadores. Poco a poco nos fuimos levantando, cerramos las maletas, cargamos lo que nos quedaba en la nevera en el coche y tras desayunar un café rápido y preparar unos sándwiches para comer en el ferry, abandonamos el lugar sin mirar atrás. Comenzaba otra etapa del viaje...
Montamos en el coche dispuestos a recorrer los 25 kms que nos separaban del puerto de Bella Coola, desde donde partía nuestro ferry dirección a Port Hardy, en la isla de Vancouver.
La noche era cerrada pero no descartábamos la posibilidad de ver algún animal cruzando la carretera por lo que circulamos despacio, atentos a los lados de la pista. No hubo fortuna.
Nos dirigíamos directamente al puerto pensando que debíamos ir allí pero poco antes de llegar vimos un montón de coches parados a nuestra derecha, en una especie de aparcamiento. Paramos y vimos un cartel que indicaba que debíamos esperar allí.
Un empleado del ferry se acercó al de un rato pidiéndonos la reserva y los pasaportes para confirmar que todo estuviera en orden.
Todo estaba correcto así que nos indicó que esperáramos allí hasta que nos ordenaran salir.
Unos minutos más tarde, los coches comenzaron a moverse poco a poco hasta que nos tocó el turno y arrancamos para salir a la carretera y dirigirnos ahora sí, hasta donde se encontraba el ferry.
Los coches fueron entrando uno a uno, siguiendo las indicaciones de los empleados, para estacionar en el lugar exacto y luego salir a explorar las diferentes cubiertas y salas del ferry.
Durante los últimos días hemos estado vigilando el estado del mar ya que se cancelaron varios ferris por el mal estado del mismo; por otro lado, los que no se cancelaron se convirtieron en viajes tortuosos que algunos pasajeros no olvidarían fácilmente. Al menos, eso nos había comentado un pasajero que lo vivió de primera mano. Pero afortunadamente, los últimos días parecía que el mar se había calmado bastante.
Aún así, me quedé las llaves del coche por si acaso ya que mis compañeros salieron inmediatamente a cubierta para tratar de avistar algún cetáceo o cualquier otro mamífero marino.
Según estaba previsto, la travesía hasta Port Hardy duraría 10 horas por lo que varios compañeros estaban entusiasmados con la posibilidad de avistar ballenas, focas, leones marinos, nutrias marinas e incluso orcas. Y es que este traslado por sí mismo, suponía toda una aventura en la que habíamos puesto muchas esperanzas. Lograríamos ver alguna ballena?
Nos habíamos instalado en unos cómodos sofás que disponían también de una mesa donde podíamos comer y beber algo con total comodidad. Una compañera y yo decidimos quedarnos allí hasta ver si el barco se movía mucho mientras el resto salieron a cubierta desafiando la lluvia y el frío.
Fue entonces cuando escuchamos por los altavoces un aviso para que los dueños de nuestro coche bajaran a la bodega donde estaba aparcado. Un par de compañeros bajaron de cubierta y me pidieron la llave, dispuestos a bajar a la bodega para ver qué pasaba.
Parece ser que había saltado la alarma del coche y no paraba de sonar. Tras conseguir solucionar el problema, dejaron el coche abierto por si volvía a suceder y volvieron a cubierta.
El barco comenzó a moverse y afortunadamente pudimos comprobar que la navegación discurría plácidamente. El primer tramo del viaje transcurría por aguas tranquilas, encajonados en un estrecho fiordo aunque más tarde saldríamos a mar abierto donde previsiblemente, el barco se movería bastante más.
Pero una vez comprobamos que el barco avanzaba plácidamente, salimos a cubierta para disfrutar del entorno que ofrecían los estrechos fiordos por los que navegábamos. La temperatura era bastante baja y una inoportuna lluvia deslucía un poco el espectacular paisaje que nos rodeaba pero aún así, no pude resistirme a mojarme durante un buen rato, disfrutando del bello escenario que nos envolvía.
Cuando consideré que ya me había mojado suficiente, volví al calorcito del interior para tomarme un café calentito y comer algo mientras mis compañeros seguían con los prismáticos y teles pegados a sus caras, empeñados en descubrir fauna marina.
Pasado un buen rato desde que zarpamos y ya con el estómago bien lleno, las nubes fueron dejando paso a un sol resplandeciente que invitaba a dar un paseo por cubierta. La lluvia había cesado, la temperatura era mucho más agradable y nuestros amigos estaban radiantes de felicidad porque habían conseguido ver varias ballenas así que contagiados por su entusiasmo, nos unimos de inmediato al grupo.
No tardamos en ver todos juntos más ballenas. A veces con la ayuda de telescopios, otras con prismáticos y otras a simple vista, fuimos sumando ejemplares sin parar. Teníamos la esperanza de ver alguna ballena durante el viaje pero aquello estaba siendo mucho mejor de lo que habíamos imaginado. Aunque son varias las especies de ballenas que se pueden ver en estas aguas, nosotros estábamos viendo la gigantesca ballena jorobada.
Yubartas
La ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), también conocida como yubarta, es una de las ballenas más grandes; los adultos miden entre 12 y 16 metros, llegando a alcanzar un peso aproximado de 36.000 kgs. La especie se distingue por sus aletas pectorales largas y una cabeza nudosa. En ocasiones, se impulsa sobre la superficie del mar saltando sobre el agua para luego golpearse estrepitosamente contra el mar en su caída . Los machos emiten un curioso canto que viene a durar entre diez y veinte minutos, repitiéndose durante horas. Aunque el objetivo del canto no está claro, parece que está enfocado al apareamiento.
Alguna foca y varios leones marinos también se dejaron ver aunque no nos dio tiempo a fotografiarlos ya que desaparecían rápidamente bajo el agua. Conseguir localizar un animal en el mar entre las olas y lograr enfocarlo antes de que se sumerja de nuevo, no es una tarea nada fácil.
Un gran grupo de grullas canadienses con su habitual griterío, pasó sobre nuestras cabezas atrayendo las miradas de todos los que permanecíamos en cubierta.
Más tarde, descubrimos que unos bultos que intermitentemente aparecían flotando a ambos lados del barco, no eran troncos ni basura sino nutrias marinas. Nos costó identificarlas ya que todas iban tumbadas de espaldas con sus manos y patas hacia arriba, muchas de ellas comiendo lo que habían pescado.
Nos hizo mucha ilusión poder ver a estas graciosas criaturas ya que no era fácil descubrirlas desde el barco, flotando entre las olas. Aún mayor sorpresa nos llevamos, cuando vimos enormes grupos formados por decenas de ejemplares.
Nutria marina (Enhydra lutris)
Se trata de una de las especies más pequeñas de mamífero marino.[ Miden entre un metro y metro y medio, siendo las hembras más pequeñas que los machos. El peso de los machos oscila entre los 22 y 45 kgs mientras que las hembras se mueven entre los 14 y los 33 kgs. Se alimenta principalmente de invertebrados marinos como erizos de mar, moluscos, crustáceos y algunos peces.
Es uno de los pocos mamíferos que utilizan herramientas, más concretamente piedras, durante el proceso de alimentación. Para abrir las conchas de sus presas, las golpea mientras las sujeta entre las patas delanteras. Para soltar los crustáceos de las rocas, los golpean utilizando grandes piedras.
Tienden a moverse en grandes grupos del mismo sexo llamados en inglés rafts. El número de individuos varía entre diez y cien animales aunque pueden llegar a juntarse hasta 2000.
Aunque ocasionalmente se les puede ver en tierra firme, la nutria marina vive casi exclusivamente en el mar, no alejándose demasiado de las costas.




Mientras tanto, las ballenas seguían apareciendo, anunciando su presencia con sus característicos chorros de agua. Tras mostrar sus lomos durante unos segundos se sumergían de nuevo alzando sus colas al cielo, antes de desaparecer bajo el agua de nuevo.
Casi al final del viaje, un numeroso grupo de delfines también se aproximó al barco haciendo las delicias de los pasajeros.
Llegamos a Port Hardy con más de una hora de retraso. Recogimos todos los teles y las mochilas y nos preparamos para bajar al coche. Si un conductor se retrasa, todo el proceso de desembarque se bloquea así que no queríamos dar la nota por lo que queríamos bajar ya a la bodega.
Pero de pronto alguien preguntó quién tenía las llaves. Yo las tenía en principio pero se las entregué a alguien cuando saltó la alarma. Todos comenzamos a buscar nerviosamente las llaves entre nuestra ropa ya que nadie recordaba qué había pasado con ellas. Resultó una tarea imposible.
Entonces recordamos que el coche arrancaba cuando las llaves estaban cerca ya que no era necesario meter la llave en ningún sitio. Bajamos todos, dispuestos a entrar en el coche para ver si éste arrancaba. Primero entró uno de los que bajó a quitar la alarma cuando ésta saltó al embarcar pero el coche no arrancó. Seguidamente entró el otro y tampoco tuvo éxito. Los nervios cundieron y ahora había que buscar dónde las habíamos perdido.
Ya no era sólo el inconveniente que suponía para nosotros perder las llaves sino que además, los coches que se encontraban detrás del nuestro tampoco podrían salir del barco.
Pero quedaba una esperanza. Si alguno del resto del grupo tenía la llave o estaba en alguna mochila, conseguiríamos arrancar el coche así que teníamos que entrar todos al coche para comprobarlo. Cuando entré yo al coche, el coche arrancó.
Parece ser que me devolvieron las llaves después del incidente de la alarma y nadie nos acordábamos...
Tras el susto, conseguimos salir del barco sin alterar el ritmo del desembarque y tomamos rumbo a Campbell River.
Ayer por la noche reservamos online, un pequeño chalet en un camping llamado Salmon Point RV Resort and Marina así que pusimos la dirección en el GPS y tan sólo haríamos una parada para echar gasolina en las inmediaciones de Port Hardy. Teníamos por delante 250 kms, unas tres horas de viaje hasta el alojamiento.
Cuando llegamos al campamento era ya noche cerrada y a pesar de que no eran mucho más de las 22h, no pudimos encontrar ningún sitio abierto para cenar así que tocaba preparar algo para comer en casa.
El campamento estaba bien. Al borde del mar, tenía habilitadas zonas de caravanas y algunos chalecitos, uno de los cuales sería nuestra casa los próximos tres días.
A esas horas ya no había nadie en recepción pero había un sobre en la puerta con nuestro nombre, donde estaba la llave para entrar al alojamiento.
Nuestros amigos, el malagueño y su pareja suiza, se alojaban en otro camping no muy lejos de allí y mañana habíamos quedado con ellos en el criadero de salmones que nos había recomendado otro suizo en la plataforma de Bella Coola. Según nos dijo, era un lugar excelente para ver osos negros.
Ya veremos...
Ruta de la jornada:
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