26 marzo 2019

Ruta de las Cascadas. Baños de Agua Santa.


Ha sido una noche movidita debido a las fiestas existentes en la calle aledaña al hotel, hasta el punto de que en ocasiones, la orquesta parecía encontrarse en el interior de la habitación. Aún así, no tardamos demasiado en dormirnos debido al cansacio acumulado durante la jornada de ayer.
A las 8 ya estamos en pie y preparados para bajar a desayunar.
El desayuno a base de zumos, café, bollería casera, mantequilla, mermelada y huevos revueltos con jamón, resulta bastante aceptable.
Hasta las 10 no tenemos el tour a las cascadas así que salimos a la calle dispuestos a dar una última vuelta por Baños antes de embarcar en nuestra "chiva".


BAÑOS DE AGUA SANTA

La turística localidad de Baños de Agua Santa debe su nombre a las abundantes aguas termales de la zona pero también es conocida como "El Pedacito de Cielo", "La Puerta de El Dorado" o "Ciudad del Volcán". 
Su economía se basa en el turismo gracias a su privilegiada ubicación, a las puertas de la selva amazónica. Además, el gran número de balnearios y las múltiples ofertas para realizar deportes de aventura como el rafting, canyoning, piragüísmo, escalada en roca, salto de puentes, paseos a caballo, caminatas ecológicas, canopy, ciclismo de montaña, etc, le erige como uno de los principales destinos turísticos del país.
Ubicada a 1820 metros de altitud, el volcán Tingarahua le proteje de los fríos vientos permitiéndole gozar de temperaturas medias que rozan los 20ºC
Los numerosos restaurantes y los locales de ambiente nocturno atraen al turismo más jóven que abarrota la zona durante la época de vacaciones y fines de semana principalmente.
Aún así, no conviene perder de vista al Tungurahua, volcán que permanece activo y que ha provocado importantes erupciones en 1999, 2000 y 2006.



No cabe duda de que Baños se trata de una ciudad claramente enfocada al turismo donde no faltan las agencias ofreciendo todo tipo de actividades, tiendas, restaurantes y modernos locales de ambiente.

Agencias de tours

 No se puede decir que sea uno de esos lugares que me seducen especialmente pero seguramente hace 30 ó 40 años, mis sensaciones hubieran sido distintas.
Aprovechamos nuestro paseo para adentrarnos por las callejuelas, acercarnos hasta la Basílica de la Virgen del Rosario y visitar su pequeño mercado antes de volver al hotel para cargar con nuestro equipaje y dirigirnos a la oficina desde donde salía la camioneta con la que realizaremos la Ruta de las Cascadas.







Como cabía esperar, aquello resulta una turistada en toda regla. Una camioneta pintada con llamativos colores con un montón de asientos corridos en su interior, nos esperaba para hacer el recorrido.
Dejamos las mochilas en la oficina, como ya habíamos pactado ayer, y montamos en la "chiva". En un principio apenas íbamos 6 personas a bordo pero cuando arrancó, no era para comenzar la ruta sino para iniciar su particular romería por el pueblo en busca de más clientes. Con unos altavoces sonando a todo volumen, comenzamos la inesperada excursión por el pueblo, parando cada cierto tiempo para que subiera más gente a la chiva. Incluso volvimos varias veces a la oficina donde se acumulaba la gente en espera.
Al final, tras unas cuantas vueltas, la chiva se llenó.


Ahora sí, por fin, nos encaminamos a las cascadas a través de una carretera que bordea el río Pastaza, atravesando túneles y salvando estrechos pasos al borde del precipicio.
Debo decir que no sé si todas las chivas funcionan igual o cada una tiene sus proias reglas pero la que me tocó a mí, no nos permitió bajarnos en ninguna cascada a no ser que hubiera alguna actividad de pago cercana.
Es decir, si cuando paraba para ver una cascada te pillaba en el lado bueno de la chiva y no estabas en los asientos centrales, la verías ; de lo contrario, no. 
De cualquier forma, tampoco me estaban pareciendo unas cascadas demasiado espectaculares. Es posible que se deba a que apenas hace 4 meses que había vuelto de Canadá o quizás a que no me sentía demasiado cómodo con este tipo de turismo pero lo cierto es que no estaba disfrutando del lugar como esperaba.





 



















A lo largo del recorrido hicimos tres paradas : una para hacer canoping, otra para atravesar un cañón en tarabita ( una plataforma suspendida en el aire que se desplaza a través de cables ) y en el Pailón del Diablo, la cascada más atractiva de la ruta.
Durante la primera parada, uno de los compañeros se animó a experimentar el canoping tras pagar 10$. Luego comprobamos que no todo el mundo paga lo mismo y todo depende de la chiva en la que viajes.


 
En la tarabita montamos los tres tras pagar 2$ cada uno. Atraviesas el precipicio bajo el que pasa el río Pastraza, suspendido en una barcaza sujeta por cables de acero.




Para terminar, paramos en el Pailón del Diablo que cuenta con dos accesos: el inferior que cuesta 1,50$ y el superior que cuesta 2$. Como no disponíamos de demasiado tiempo, nos dedicamos exclusivamente al superior que te permite una excelente visión general de la cascada y del entorno que la rodea.
Un puente colgante y unas estrechas escaleras que te conducen hasta la misma cascada, son sus principales atractivos.








Ha llegado la hora de emprender el camino de vuelta donde tenemos que recoger el equipaje y tomar el autobús que nos llevará a Guayaquil, nuestro último destino continental.
Pero a la llegada a Baños, aún contábamos con tiempo para comer algo antes de irnos. Me habían llamado la atención los cuises que asaban en plena calle y que gozan de excelente fama gastronómica en esta parte del país pero el poco tiempo del que disponíamos hizo que desistiera de la posibilidad de ir a buscarlos para probarlos. 
Otra vez será...

Cuises asados


En su lugar, volveremos a degustar unos sabrosos langostinos apanados y otros reventados, acompañados de unas grandes cervezas, en un local situado frente a la estación de autobuses.
Al final acertamos en la elección ya que tuvimos que salir a paso ligero para no perder nuestro autobús de las 14h.

Estación de autobuses

Ayer cuando reservamos los billetes a Guayaquil, nos dijeron que iba directo pero ahora nos están diciendo que pararemos en Ambato y no nos dejan claro si tendremos que cambiar de autobús. Sin saber muy bien cual será nuestra ruta final, montamos en el autobús tras dejar el equipaje en el maletero.
Dejamos atrás el volcán Tungurahua con su amenazante silueta y su estrecho vínculo con la localidad que acabamos de abandonar : Baños de Agua Santa


Volcán Tungurahua

Ya en ruta, busco un alojamiento en Guayaquil por internet, a través de mi teléfono móvil, gracias a la tarjeta SIM que compramos a nuestra llegada al país. 
Acabo reservando en Casa Serena y al poco tiempo, recibo la confirmación de la reserva y la posibilidad de que me manden un coche a buscar para llevarnos al alojamiento.
Hay que ver lo que ha cambiado esto de viajar, con las tecnologías modernas. 
Ya tenemos alojamiento y nos estarán esperando a nuestra llegada en la estación de autobuses para llevarnos. Además, si surgiera cualquier contratiempo durante el viaje, le mandaría un whatsapp para avisarle.
Los más jóvenes no entenderán de qué hablo pero todo esto hace 20 años era impensable...

A las 15,14 llegamos a la terminal de Ambato, una ciudad bastante grande donde nos informan de que estaremos parados 10 minutos pero no cambiaremos de vehículo.
Los diez minutos se convirtieron en treinta.
De nuevo en ruta, hace aparición el gigante Chimborazo. Con su cima nevada, ofrece unas vistas espectaculares. Sacamos nuestras cámaras y no nos resistimos a sacar unas fotografías testimoniales a través de las ventanas de nuestro autobús.

Chimborazo

Chimborazo


A las 17h llegamos a Riubamba donde permanecemos parados para recoger gente durante unos 15 minutos.
Una densa columna de humo nos hace temer la erupción de alguno de los numerosos volcanes que nos rodean pero "afortunadamente", descubrimos algo más tarde que se trata de un pequeño incendio en el monte.
Las faldas del Chimborazo muestran la fertilidad de estas laderas volcánicas donde abundan los cultivos y las verdes praderas.




La última parte del viaje la hacemos ya de noche, y a fuerza de ser sinceros creo que lo agradecemos porque adivinando los precipicios que bordean la carretera y la velocidad a la que circulamos, hacerlo a plena luz del día hubiera sido acongojante.
Siete horas y media después de nuestra salida de Baños, a las 21,25, llegamos a Guayaquil.
Recogemos el equipaje y salimos hacia la puerta-1 donde habíamos quedado para que nos recogieran pero allí no había nadie.
Mientras esperamos, recibo un mensaje del alojamiento preguntándome si finalmente vamos a alojarnos allí. Ante mi asombro le digo que sí y que estamos esperando el coche en la estación de autobuses desde hace rato.
Varias llamadas telefónicas más tarde, aparece por fin, el hijo de la dueña del alojamiento.
Fabricio nos demuestra durante el corto recorrido que es un consumado parlanchín que no para de hablar ni un segundo hasta que llegamos a Casa Serena, a no más de 4 kilómetros de la estación de autobuses.

Ruta de la jornada: 


El alojamiento se trata de una propiedad privada con básicas pero amplias habitaciones con nevera, televisión y baño.
Reorganizamos las mochilas para afrontar la última parte del viaje que tendrá lugar en las Islas Galápagos, en un ambiente marinero y esperamos que con temperaturas agradables.
A dormir hasta mañana que tomaremos el avión que nos llevará a Galápagos
A las 9 hemos quedado con Fabricio para ir hasta el cercano aeropuerto, al que nos ha asegurado que no tardaremos más de 15 minutos.

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