15 julio 2019

Llegada a Sta. Cruz. Galápagos ( IV )


No eran aún las 5 cuando me despierto y pese a que intento volver a dormirme, no hay manera. A las 6 desisto de dar más vueltas en la cama y me levanto para ir preparando tranquilamente la mochila y desayunar por última vez en la terraza de nuestro hostel.
Mientras desayuno plácidamente, observo por última vez las vistas al mar que nos ofrece nuestra habitación y rememoro con agrado las fascinantes jornadas que hemos vivido en S.Cristóbal.



 
Cuando mis compañeros se levantaron y desayunaron, bajamos a recepción donde habíamos quedado con Cristian para que nos acompañara al embarcadero. 

Puntual a la cita, llegó con su coche para cargar nuestro equipaje y llevarnos hasta el cercano embarcadero donde tomaremos el ferry que nos acercará hasta la isla de Sta Cruz.
Llegamos al muelle martillo, de donde sale nuestro ferry, y nos despedimos de Cristian a la vez que le agradecemos sus servicios y ayuda. 

Tras comprobar nuestros nombres nos dan una tarjeta identificativa que debemos colgarnos del cuello antes de seguir adelante hasta un puesto de control donde deberemos abrir de nuevo nuestros equipajes para que los revisen. 
Un poco más adelante se encuentra nuestro ferry pero aún no podemos embarcar ya que nos indican que debemos dejar nuestros equipajes frente al barco para que los recojan y carguen los encargados de hacerlo mientras nosotros debemos esperar a que nos llamen por el nombre para embarcar.
Con siete minutos de adelanto sobre el horario previsto, zarpamos rumbo a Sta Cruz en lo que iba a ser un movidito trayecto de unas dos horas de duración. 

A cada salto que daba nuestra embarcación en su intento de salvar las olas que se sucedían sin tregua, mis vértebras se empeñaban en recordarme que mi espalda ya no es lo que era. 
No es que fuera una navegación infernal pero si eres propenso al mareo, sí es aconsejable que tomes biodramina ya que suelen ser trayectos " moviditos ".
No eran aún las 9 cuando atracamos en Puerto Ayora.

ISLA DE SANTA CRUZ



Con sus casi 1000 km² de extensión y sus 15.000 habitantes, esta isla se erige como la más poblada y la segunda más grande de las Galápagos, sólo por detrás de Isabela.
Si llegas a la isla por mar, lo harás en el malecón principal en la Avenida Charles Darwin, inaugurado en 2004. Allí al lado podrás observar todas las tardes cómo los locales juegan al vóley con gran pasión.
Un poco más a la izquierda, siempre mirando hacia el mar, se encuentra el Muelle de los Pescadores donde deberás acudir para ver el espectáculo que representan decenas de aves para hacerse con un trozo de pescado.
Si llegas vía aérea, debes saber que el aeropuerto está en la isla de Baltra, separada de Sta Cruz por el Canal de Itabaca
Un autobús te acerca hasta el ferry que cruza el canal para llegar a Sta Cruz donde un autobús o taxi te acercará hasta Puerto Ayora donde se concentran hoteles y restaurantes.
Es una de las dos islas, junto a S. Cristóbal, que cuenta con aeropuerto y la que dispone de mayor infraestructura turística en Galápagos.
Alojamiento en Puerto Ayora.
Apenas pusimos pie en tierra, un hombre se nos acercó para indicarnos que más adelante disponíamos de taxis para trasladarnos hasta nuestro alojamiento.
Hemos elegido un apartamento con salón, cocina, dos habitaciones y dos baños para pasar nuestras tres noches en esta isla. Vamos a pagar poco más de 20€ por persona y noche por lo que no esperamos demasiados lujos, más aún viendo los precios que tienen los hoteles en Puerto Ayora.
Se trata del hostal Tintorera y aunque no está lejos del puerto, no nos apetece cargar con la mochila con el caluroso día que nos acompaña así que montamos en un taxi que por 1,5$, nos lleva hasta nuestra mansión en apenas 5 minutos.
Una señora se acerca a nosotros para preguntarnos si éramos los que nos íbamos a alojar en el apartamento durante las tres próximas noches. Ante nuestra confirmación, nos acompaña hasta el apartamento y nos da las llaves tras desearnos una feliz estancia.
El apartamento cuenta con una cama doble y tres individuales en la otra habitación. Uno de los baños huele un poco a cañerías y al techo y paredes no le irían nada mal una mano de pintura pero para el tiempo que pensamos pasar en él, nos resulta más que suficiente.



 



Visitas de la jornada.
Cargamos en nuestras mochilas pequeñas las cámaras, las gafas y el tubo de bucear y una toalla y nos lanzamos a la calle ansiosos por descubrir los secretos de esta nueva isla. Antes haremos una breve parada en una cafetería para tomar algo antes de comenzar la jornada.
Nuestro primer objetivo será Bahía Tortuga, ubicada a unos 2,5 kms de donde nos encontramos.

BAHIA TORTUGA.

Una de los lugares más visitados y de fácil acceso en Sta Cruz, es Bahía Tortuga. Se trata de una bonita playa de arena blanca cercana a Puerto Ayora donde podremos encontrar iguanas marinas, tortugas y tiburones de punta blanca además de cangrejos de vivos colores, pinzones y la vegetación típica de la isla entre las que destacan las omnipresentes opuntias.

Cómo llegar. 
Cerca del embarcadero se encuentra la avenida Baltra, perpendicular al mar. Según subes la avenida, llegarás a la calle Charles Binford, la cual debes tomar para girar inmediatamente hacia la izquierda.
Siguiendo esta calle sin dejarla, llegas al camino empedrado que te conducirá en primer término al puesto de control, donde debes registrarte y al final del camino, llegarás a Playa Brava. 
Siguiendo caminando hacia la derecha a través de la playa, se llega a Playa Mansa donde se puede practicar snorkel, kayak, etc.
Es conveniente saber que en la zona apenas hay sombras, ni baños, ni agua potable así que conviene llevar sombrero, agua y gafas de sol, además de tu propio equipo de snorkel y toalla.
Otra opción para llegar hasta allí es tomar un taxi-bote en Puerto Ayora que te deje en dicha playa. El precio lo deberás negociar

Las lagartijas de lava no tardaron en hacer acto de presencia apenas iniciamos el camino empedrado que conduce a Playa Brava. Saltamontes y pajarillos tampoco quisieron faltar a la cita mientras atravesábamos la ya habitual flora galapagueña salpicada de los característicos cactus ( opuntias ) de la zona.

 






Una gran playa de aguas bravas y arena blanca se abre ante nosotros al finalizar el camino empedrado que hemos seguido desde hace algo más de media hora.
Queremos meternos al agua para hacer un poco de snorkel pero para eso debemos desplazarnos aún durante un buen rato hacia la derecha de la playa en busca de aguas más calmadas.



Playa Brava

Playa Mansa

En nuestro recorrido, tuvimos oportunidad de ver gran número de iguanas marinas que procedentes del mar llegaban a la playa para proseguir su ruta, obligándonos a apartarnos de su camino. No acabamos de acostumbrarnos a que los animales no sólo no salgan huyendo al vernos sino que prácticamente te obligan a apartarte para proseguir su camino.
Más adelante vimos nutridos grupos de iguanas calentándose al sol en la arena de la playa y un poco más adelante, numerosas crías jugueteando entre las negras rocas de lava.
Las iguanas marinas son endémicas de las Galápagos, lo que significa que sólo aquí podremos verlas en libertad.
Durante el camino también observamos zonas protegidas donde las tortugas habían depositado sus huevos.








Nidos de tortuga protegidos


Tras una agradable y amena caminata a través de la playa llegamos a Playa Mansa, una pequeña cala protegida del oleaje y custodiada por manglares a ambos lados, donde haremos snorkel en busca de la rica fauna marina.
Pero para desgracia nuestra, el agua estaba bastante turbia y no se veía demasiado. Tras un buen rato buceando sin ver nada destacable, pensé en salir para descansar un rato y disfrutar de los lobitos y las iguanas que invadían la arena de Playa Mansa pero recordé que había leído que en esta zona se veían bastantes tintoreras de punta blanca por lo que decidí hacer una última intentona en los manglares.
Fui bordeando los manglares del fondo de la playa hasta que de pronto me pareció ver la cola de un gran pez en el fondo arenoso. Estaba sólo y a unos 100 metros de la playa lo que me producía cierta inquietud, así que cuando descubrí que justo debajo de mí había un grupo de ocho tintoreras de casi dos metros de largo, salí de allí como alma que llevara el diablo. Puedo dar fe de que esos bichos, aunque aseguren que son inofensivos, impresionan de verdad.....
Mi compañero, que no había visto nada reseñable, se acercaba a los manglares para probar fortuna por allí pero cuando me vio nadando como una bala, me preguntó a gritos si me pasaba algo. Le esperé a que llegara y una vez juntos le conté lo sucedido.
Como no podía ser de otra forma, la siguiente decisión a tomar fue volver al lugar los dos bien juntitos. 

Con la seguridad que da sentirte acompañado, pude disfrutar más calmadamente de aquel grupo de tiburones que descansaba en el fondo y descubrir otro grupo cercano con otros cinco ejemplares más ; en total, contamos hasta 13 individuos. Fascinante, emocionante y por supuesto, inquietante.
Salimos del agua y nos tumbamos un rato en la arena para descansar y secarnos un poco antes de emprender el camino de vuelta al pueblo. Las iguanas nos rodean.




Llevamos todo el día apenas sin comer nada y cuando llegamos a Puerto Ayora a través de la calle Charles Binford, descubrimos un montón de restaurantes en esta misma calle. Nos sentamos en uno de los primeros y pedimos una sopa de pescado y un plato de pescado a la plancha y aunque nos sacan unos zumos para acompañar a la comida, me resisto a prescindir de una cerveza fría para comer. El menú nos sale por 5$ y una cerveza grande cuesta 4$.
Con el estómago lleno, nos disponemos a descubrir el siguiente objetivo que no es otro que la Playa de los Alemanes.

Playa de los Alemanes.


Se trata de una pequeña playa de aguas cristalinas donde se pueden observar numerosos peces, tortugas, iguanas, rayas, caballitos de mar y aves nidificando en los manglares que rodean la playa.
Para llegar, se debe tomar un taxi-bote en el embarcadero que por 0,80$ te acercará en cinco minutos a la orilla desde donde se accede a esta playa.  
Siguiendo el camino empedrado, encontrarás a unos 300 metros, la Playa de los Alemanes


Nos acercamos hasta el embarcadero para pillar el taxi acuático que nos acerca hasta la punta donde se encuentra dicha playa. 
En unos 10 minutos llegamos a una pequeña playa, que al momento de nuestra llegada se encuentra con poco agua debido a la bajamar por lo que decidimos seguir adelante a través del mismo camino, que nos lleva hasta Las Grietas tras atravesar una zona de salinas de curioso color rosa. 





Es conveniente traer buen calzado ya que el camino se extiende a lo largo de un sendero de puntiagudas rocas de lava.
Unas escaleras de madera dan acceso a un estrecho cajón que contiene una mezcla de agua salada y dulce que destaca por su transparencia. Es un lugar muy frecuentado por los turistas y es un poco incómodo dadas sus reducidas dimensiones.
Personalmente, no considero que sea uno de los sitios más interesantes ya que, al menos cuando nosotros lo visitamos, apenas contaba con vida animal y fue uno de los lugares con mayor concentracción de turismo. Aún así, hay gente que lo considera un lugar espectacular.
Para gustos los colores.....



Tras el baño de rigor en la grieta y tras avistar dos o tres peces en sus fondos, volvimos a la Playa de los Alemanes. La marea sigue baja y no hay demasiada agua pero así todo nos metemos a probar suerte.
A pesar de que debemos atravesar zonas en las que apenas hay un palmo de agua, conseguimos ver rayas, grandes bancos de peces multicolores y varias tortugas gigantescas.
Estamos un buen rato nadando bien adentro ya que es donde más agua hay, nadando una vez más entre tortugas y miles de peces que parecen ejecutar una danza perfectamente sincronizada. Está ya atardeciendo y la luz empieza a escasear así que muy a nuestro pesar porque estamos disfrutando bastante, salimos al exterior para secarnos y volver al pueblo para organizar el día siguiente.





Ya en Puerto Ayora, entramos a una agencia para ver qué tour nos aconsejan para mañana. Tras charlar e intercambiar opiniones durante un buen rato, estamos dudando entre hacer Isla Pinzón por 125$ o Seymour Norte por 165$. Les decimos que lo vamos a pensar y les confirmaremos más tarde nuestra decisión.
Nos han ofrecido también el Tour Bahía pero prácticamente era lo que habíamos hecho hoy por nuestra cuenta así que lo descartamos.
Vamos al apartamento para asearnos un poco antes de salir a cenar algo pero antes paramos en una panadería para comprar algo para desayunar mañana.
Tras una ducha y un rato de relax, decidimos hacer mañana Isla Pinzón.
Bajamos de nuevo a la agencia para confirmar y pagar el tour y nos vamos a la calle Charles Binford a cenar un poco de marisco y pescado. Es difícil decidirse por un sitio ya que todos están repletos y ofrecen prácticamente lo mismo.
Finalmente nos sentamos en uno de ellos y pedimos una langosta y dos brujas, el pescado más cotizado de la zona. Lo sirven con arroz, alubias, plátano frito y ensalada.




Lo cierto es que a pesar de que tanto la langosta como el pescado tenían una gran apariencia, me resultaron un poco sosos de sabor. Sinceramente me esperaba más pero bueno, no estaba malo. 
La comida más cinco cervezas, nos costaron 66$.
Llevamos todo el día en pie y el cansancio empieza a dejarse notar. Emprendemos el camino de vuelta a casa tras comprar el ya clásico helado que cierra la jornada.
Mañana a las 7,45 debemos estar en la agencia para pillar los equipos de snorkel y los neoprenos antes de dirigirnos al embarcadero para partir rumbo a Isla Pinzón. 

Ruta de la jornada:



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