25 julio 2019

Traslado a South Luangwa National Park.


A pesar de que en Zambia no existe diferencia horaria respecto a nuestra ciudad, parece ser que mi cuerpo se resiste a normalizar los periodos de sueño tras el viaje. 
Tampoco ha ayudado demasiado el ruido del bar y aunque nuestras habitaciones daban al otro lado, los gritos de unas chicas sobre las dos de la mañana frente a la ventana de nuestra habitación, han conseguido desvelarme por completo. 
Los compañeros que dormían frente al bar, comentan que la música y las voces se escuchaban como si estuviesen dentro de la habitación.
Lo cierto es que el hostel está bien y la gente es muy amable y acogedora pero posiblemente el Lusaka Backpacker no sea el mejor lugar para pasar una noche plácida y confortable.

A las 5,30 ya estábamos despiertos y dando buena cuenta de los zumos, tes y galletas que habíamos comprado ayer en el supermercado del cercano centro comercial. Junto a la cocina del hostel hay un pequeño habitáculo donde se puede cocinar y calentar alimentos que aprovechamos para hacernos unos tés.
Aún estábamos acabando de preparar las mochilas cuando me dicen que Denver está esperándonos en recepción. 

No son las 6,30 cuando salimos todos para presentarnos a Denver y cargar todo el equipaje en su furgoneta. 
Pensaba que nuestro conductor sería algún empleado pero al parecer será Denver el encargado de acompañarnos en nuestro circuito por el país.
Metemos el equipaje en la parte de atrás y nos acomodamos uno delante, dos en medio y otros dos más atrás. A lo largo del viaje hacia el norte, hasta llegar a South Luangwa, ya iremos cambiando de asientos...


Ruta de la jornada:


Conseguimos salir de la capital sin demasiados problemas gracias a las tempranas horas en que lo hacemos y una vez fuera de sus límites, dejamos de ver signos de vida. 
No hay ningún poblado importante y lo más que alcanzamos a ver,  son algunas chozas a ambos lados de la carretera pero sin llegar a formar ningún nucleo importante.
El paisaje tampoco es demasiado atractivo y la ruta se hace un poco monótona  hasta que de pronto, algo nos saca de nuestro letargo : nos acaban de cazar en un control policial de velocidad.
Hacen parar a Denver en uno de los arcenes y le indican que salga con toda la documentación. 

Cuando regresa a la furgoneta nos comenta que ha excedido el límite de velocidad en 8 kms/h. La multa que debería haber pagado ascendía a 45$ pero nos dice que con 5$ lo ha arreglado...

Nuestra siguiente parada, esta vez voluntaria, tiene lugar en un mercado que encontramos en la carretera antes de cruzar el río Luangwa, a unos 230 kms de Lusaka




Nos encontramos a dos kilómetros de Mozambique y a unos 60 de Zimbawe, en un punto donde debemos atravesar el río Luangwa que atraviesa el Valle del Rift en su recorrido hacia el río Zambezi, con el que se encontrará para conformar las fronteras entre los tres paises.

El Puente del Río Luangwa

El puente sobre el río Luangwa es la única construcción de este tipo que encontraremos en esta carretera que recorre el este de Zambia. Impresiona ver la anchura de estos ríos africanos que rondarán los 500 metros.
El primer puente se construyó en la época colonial de Zambia, en 1932, siendo los ingleses los autores del mismo.
El segundo puente fue inaugurado en 1968 también con la inestimable ayuda de los ingleses.
Pese a que fue destruido en 1979 por los militares de Zimbawe, continuó utilizándose durante dos décadas hasta que fue restaurado con ayuda danesa.


Curiosamente, muy cerca de este puente existe un próspero asentamiento con un curioso mercado donde se puede encontrar desde artesanías de mimbre y madera, hasta comida local entre la que no faltan los pescados ahumados que exhiben en sus numerosos puestos. 

Se ha convertido en una parada habitual entre los camioneros y viajeros que se mueven por el este del país.
Nosotros también aprovecharemos este lugar para estirar un poco las piernas y comprobar los excelentes precios y calidad que tienen las cestas, sombreros y demás utensilios de mimbre que venden en este mercado. Si paras en este lugar, no dudes en aprovecharlo.
También hay una pequeña barrera que sirve de control policial y que conviene no pierdas de vista ya que si sacas una fotografía del mercado puedes verte sorprendido, como fue mi caso, por el policía de turno que acudió velozmente a comprobar que no salía en mi foto. Insistió en que le enseñara mi fotografía y a pesar de que no salía en ella, me obligó a borrarla en su presencia. 

Llevamos unas horas de viaje y ya hemos tenido dos incidentes con la policía....




Tras la parada proseguimos nuestra ruta hacia el norte y vemos los primeros animales salvajes. Un numeroso grupo de babuinos flanquean ambos lados de la carretera aunque desconocemos el motivo por el cual se concentran en este punto.
Lo que tampoco entendemos es el gran número de controles policiales que existen en la carretera y que parecen empeñados en ralentizar nuestra marcha ya que nos vuelven a parar aunque esta vez desconocemos el motivo.
Denver se baja otra vez del vehículo y tras una breve charla con la policía, reemprendemos nuestra ruta con normalidad. 

Bueno, realmente no podemos decir que con total normalidad porque hace tiempo que venimos observando que Denver tiene problemas con la caja de cambios ya que no puede meter tercera.
Vamos a parar a comer algo en breve pero antes hacemos una parada en la localidad de Nyimba para echar gasolina. El litro de gasolina ronda el euro mientras que el gasoil cuesta alrededor de un dólar.


Ahora sí, nos dirigimos a comer a un lodge llamado Chimwemwe, en la localidad de Chengirani.
Denver nos acompaña hasta el restaurante y nos dice que va a intentar solucionar el tema de la caja de cambios en algún taller del pueblo.
La primera comida en Zambia no pasará a la historia ni por su calidad, ni por la rapidez en ser servida. 

Unas chuletas quemadas a pesar de que insistimos en que las queríamos muy poco hechas, un pollo reseco y unos platos locales sin demasiada historia, nos hicieron perder una hora y media en aquel local. Hasta Denver, que llegó una hora más tarde sin haber solucionado nada, pudo comer con nosotros ya que aún no habíamos empezado.
Pagamos 350 kwachas ( unos 55€ ) por las 7 comidas y bastantes cervezas y montamos de nuevo en la furgoneta cruzando los dedos para que la caja de cambios aguantara. La situación empeora cuando además de la tercera, comenzó a dar problemas también la quinta. Conseguiremos llegar??




Según mi GPS nos quedan todavía 300 kms para llegar a nuestro destino por lo que ya sólo haremos una parada para comprar cervezas, agua, fruta y alguna cosilla más para llevar al campamento donde estaremos los próximos 7 días.
La parada tiene lugar en Chipata, la ciudad más grande que hemos atravesado y que se halla a unos 130 kms de nuestro destino. 

No queda mucho tiempo para que se oculte el sol así que procuramos hacer todo rápido para no tener que conducir de noche pero aún así, cuando nos faltaban unos 50 kms para llegar, se nos hizo de noche. 
Este último tramo la carretera ha empeorado bastante y hay bastantes baches que nos hacen botar más de lo deseable.

Deseosos ya de llegar al Marula Lodge, decidimos activar los datos de nuestra tarjeta telefónica y crear una red wifi a la que nos conectamos todos para disponer de internet. 

Veo que me han llegado varios correos del Marula para preguntarme si hemos tenido algún percance en el viaje y decirme que están un poco preocupados por no tener noticias nuestras. 
La verdad es que la ruta se nos ha ido un poco de las manos y con todas las paradas que hemos hecho, llevamos ya trece horas de viaje.

Alrededor de las 19,30, llegamos al lodge.
Nos encontramos en el Parque Nacional South Luangwa y hemos leído que todo tipo de animales salvajes entran habitualmente al campamento, lo que unido a la total oscuridad de la noche, provoca cierta inquietud entre el grupo. 

Nos apresuramos a buscar nuestros frontales para comprobar que estamos libres de peligros, antes de comenzar a descargar nuestros equipajes. Afortunadamente, un empleado del lodge se acerca hasta nosotros con un potente foco para alumbrarnos.
Una vez en recepción, todo parece estar bajo control. 




Nos dan las primeras instrucciones entre las que hacen hincapié en no llevar comida a las habitaciones para evitar que elefantes, monos y demás animales rompan puertas o ventanas para hacerse con ella. Así pues, lo primero que haremos será guardar toda nuestra comida en la nevera de la cocina del lodge. Entre las cervezas, la fruta y el embutido que hemos llevado, casi llenamos la nevera ; menos mal que apenas hay gente en estas fechas...


Mientras nos preparan la cena nos enseñan nuestros alojamientos. Mientras que la pareja dormirá en una tienda para dos personas equipada con dos camas, nosotros cuatro dormiremos en una habitación compartida para 9 personas.
El acceso a nuestra habitación es un poco complicado ya que hay una escalera de madera que sube hasta una trampilla que empujo hacia arriba con mi cabeza para poder entrar a la estancia. 

Hay tres camas ocupadas así que elejimos cuatro de las seis que están libres. Dejamos las mochilas sobre las camas y bajamos a cenar sin más preámbulos.





Cuando llegamos al restaurante ya tenemos preparada la mesa y en cuanto nos sentamos, comienzan a servirnos.
Una sopa muy rica, un pescado en salsa con verduras que no está nada mal y un pastel de coco y chocolate, nos sirven para irnos a la cama satisfechos. Además, hemos traído un poco de vino para celebrar el comienzo de nuestra aventura por lo que esta primera cena en South Luangwa, regada con un vinito rioja reserva, será difícil de olvidar.



Tras la cena, todos vamos al curioso baño descubierto construído en torno al tronco de un gran árbol para no tener que levantarnos a lo largo de la noche. No resulta nada tranquilizador tener que venir hasta aquí en medio de la oscuridad.
Con los deberes hechos, volvemos a nuestra habitación para organizar un poco la mochila y preparar todo lo mejor posible para que nuestra estancia durante los próximos siete días resulte lo más confortable posible.
Nos lleva un buen rato organizar todo pero cuando por fin me tumbo en la cama y extiendo la mosquitera, no puedo creer lo que me está pasando...
Me estoy meando otra vez!!!!


Miro por la ventana y no se ve nada, está todo muy oscuro. El baño estará a unos 50 metros pero se me antojan que son muchísimos. No hay escapatoria, tengo que salir ahí fuera a la fuerza.
Cojo la linterna frontal, me la coloco y la enciendo a su máxima potencia pero en cuanto bajo las escaleras y pongo un pie en tierra, veo que unos ojos me devuelven la luz de mi linterna. 

Un animal sale corriendo a pocos metros de mí provocándome un escalofrío que recorre todo mi cuerpo. 
Un montón de pequeños antílopes pastan en el jardín del campamento; ahora los puedo ver perfectamente pero en un principio sólo vi unos ojos amenazantes. 
Pese a que me encontraba paralizado por el susto, mi cerebro acertó a deducir que si los antílopes estaban allí era porque no había amenazas cercanas así que me dirigí apresuradamente a los baños.
La puerta del baño se reducía a una cadena con un cartel que ponía ocupado para que nadie entrara pero sabrían leer los leopardos o los cocodrilos?





Unos minutos más tarde, ya en la seguridad que me proporcionaba mi cama, me reía sólo recordando el incidente y pensando que más de uno habrá batido el récord de los 60 metros lisos salvando la distancia de las tiendas al dichoso baño.
En fin, a dormir que a las 5 nos despiertan para bajar a desayunar antes de comenzar nuestro primer safari en South Luangwa.
Comenzaba lo bueno!!!!


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