05 noviembre 2019

Safari en South Luangwa ( IV ). Zambia


Hoy será nuestro cuarto día de safari en South Luangwa y para ello volvemos a repetir el ritual habitual de todos los días.
Nos levantamos, preparamos nuestras cámaras, desayunamos algo en el comedor y montamos en nuestro vehículo para descubrir durante otra jornada, la variada fauna de la zona.
La mañana discurre sin demasiados sobresaltos o lo que es lo mismo, sin nada que llamara especialmente nuestra atención.
Una vez más, los habituales animales del parque comenzaron a desfilar ante nosotros apenas cruzamos el puente sobre el río Luangwa.

 
Cocodrilos, gallinas de Guinea y un solitario elefante fueron los primeros en aparecer.
Cerca de un imponente baobab, yacía el cráneo de un búfalo que con toda seguridad había supuesto un opulento festín para alguna manada de leones, hace ya bastantes lunas.
Facóqueros, alguna jirafa, impalas, pukus y kobos fueron algunos de los mamíferos que pudimos ver a lo largo de un safari matinal que se resistió a mostrarnos los animales más esquivos del parque.









Entre las aves que pudimos ver, puedo destacar un precioso pigargo vocinglero que se dejó acercar bastante, varios tántalos africanos, algún marabú y jabiru africanos y un lejano alción cabeciblanco.

Pigargo africano

Pigargo africano

Tántalo africano

Jabiru africano

Tántalos y Marabú africanos

La verdad es que este safari había resultado uno de los más flojillos que habíamos hecho hasta ahora. Tanto es así, que la pareja que se había unido a nuestro grupo y que habían decidido quedarse con nosotros toda la semana, estaban planteándose marcharse antes.
Era nuestra cuarta jornada en South Luangwa y aunque para mucha gente puede resultar más que suficiente, para nosotros no suponía ningún exceso.
Personalmente podría permanecer en un sitio como éste durante meses...
Y en cuanto al éxito de los safaris, sabíamos muy bien que un minuto puede cambiarlo todo. La suerte es un factor impredecible ...

Lo cierto es que tras deliberarlo durante la comida, nuestros amigos hablaron con los directores del campamento y anularon las dos últimas noches reservadas. 
Pero antes, para celebrar todas las aventuras vividas juntos y despedirnos como se merecía, íbamos a intentar organizar una barbacoa en el pueblo, a la que queríamos invitar tanto a Denver como a Donald, nuestro guía.
No disponíamos de demasiado tiempo así que tras la comida llamamos a Denver y le preguntamos si era posible comprar carne para una barbacoa a pesar de que era domingo.
Nos aseguró que conocía una buena carnicería cerca del aeropuerto y que vendría a buscarnos al campamento para llevarnos hasta allí. Puntual, nos recogió para emprender un camino que imaginábamos mucho más cercano. 

El aeropuerto se encontraba a 25 minutos de distancia y tampoco contábamos con demasiado tiempo hasta el comienzo del safari vespertino, a las 15,30.
Pero al parecer, habíamos olvidado que estábamos en Africa y cuando llegamos a la carnicería que Denver nos había asegurado estar abierta, nos encontramos con las puertas cerradas.


Carnicería

No pasa nada, Denver nos aseguró que le iba a llamar para decirle que nos abriera y que estarían allí en cinco minutos pero veinte minutos más tarde, allí no aparecía nadie.
Denver habló entonces con un chico que iba en bicicleta y que vivía al lado del carnicero para que le dijera que le estábamos esperando y teníamos prisa. Cinco minutos más tarde, el ciclista volvió para decirnos que el carnicero se dirigía ya hacia allí.
Media hora más tarde, abandonábamos el lugar............ sin carne, por supuesto.

Cuando volvíamos al campamento, al atravesar una pequeña aldea vimos un montón de ramas acumuladas en la carretera que se sucedían cada ciertos metros. Los coches iban muy despacio y todos los que iban montados en bicicletas se bajaban y continuaban andando. Denver nos aseguró que ésto indicaba que había un funeral en la aldea y  el hecho de circular despacio y bajarse de las bicicletas,
era una muestra de respeto hacia la familia del fallecido.

Cuando llegamos al campamento, ya con la certeza de que no iba a ser posible la barbacoa, Denver nos sorprende diciendo que él puede encargarse de comprar la carne mientras nosotros estábamos de safari.
Nos miramos unos a otros sin entender nada ; por qué no nos lo dijo desde el principio en vez de perder más de una hora en un viaje a ninguna parte, es algo que nunca podremos entender. 
Pero bueno, para entender muchas cosas en Africa es conveniente no pensar como occidentales....
Finalmente acabamos celebrando la propuesta de Denver y le pedimos que comprara cinco kilos de carne de vaca, a ser posible chuletas. Cuando volvamos del safari, Denver nos esperaría para llevarnos al pueblo, preparar la barbacoa y unirse al grupo junto a Donald, nuestro guía.




Ruta de la jornada de mañana:
  
Llegamos al campamento con el tiempo justo para cambiar de vehículo y montarnos con Donald para comenzar el safari de la tarde.
Comenzamos con buen pie ya que por primera vez podemos ver un depredador que hasta ahora se nos había negado : una hiena
Se mostró bastante esquiva y tras atravesar fugazmente la pista por la que circulábamos, se adentró en el matorral para tumbarse lejos de nosotros.



Seguimos por la pista hasta que Donald da marcha atrás para adentrarse en el matorral hasta llegar a unos árboles desde donde cuelga un impala a medio devorar.
Todos nos pusimos a inspeccionar los alrededores para comprobar si el dueño del botín se encontraba cerca y mira por dónde, nuestro esfuerzo se vio recompensado. 
Un lindo gatito se encontraba tumbado a varios cientos de metros, seguramente reposando su banquete. 
El leopardo no se encontraba tan cerca como el que vimos ayer y además, en esta ocasión no estábamos sólos pero todos celebramos este nuevo avistamiento.
Donald nos dijo que debíamos salir de allí ya que no estaba permitido salirse de las pistas así que continuamos nuestro camino.





El día está nublado y quizás por eso, los animales parece que están mucho más activos. Vemos bastantes búfalos, cebras, jirafas, etc, etc.
Nos llama especialmente la atención un numeroso grupo de búfalos que pastan tranquilamente, cerca de nuestro próximo destino...





Donald va bastante rápido por lo que suponemos que vamos a algún sitio concreto, algo que confirmamos poco después cuando llegamos a la orilla de un río donde encontramos un grupo de leones.
Se trata de los cinco ejemplares de ayer pero esta vez los tenemos a escasos metros del coche. Unos buitres les acompañan, buscando algo que llevarse a la boca.
Mientras estamos disfrutando de los leones, tenemos un pequeño incidente al caerse la tapa de un objetivo al exterior. A Donald se le cambia la cara cuando le preguntamos si es posible recuperarla. 

A escasos metros del grupo de leones, la tarea resulta bastante peligrosa pero en un rápido movimiento, el ayudante de Donald consigue rescatar la maldita tapa. 
Todos coincidimos en afirmar que no debimos intentarlo pero afortunadamente no pasó nada.








El sol va bajando y antes de que oscurezca, paramos en un claro para hacer la obligada parada para estirar las piernas y comer algo. Como siempre, buscamos zonas despejadas que nos permitan un buen campo de visión. Es conveniente que nunca olvidemos que nos encontramos en un lugar peligroso.
Cuando terminamos el descanso, a pesar de que Donald no nos dijo nada, todos sabíamos a dónde nos dirigíamos.
Efectivamente, fuimos directos al árbol donde el leopardo tenía colgada su presa. Y no pudimos tener más suerte ya que cuando llegamos nos encontramos con otra de las escenas que nunca olvidaremos.
Las hienas rondaban el árbol donde el leopardo había regresado para continuar devorando su presa, con la confianza de que algún trozo cayera al suelo.
Y lo cierto es que en varias ocasiones estuvo a punto de caer no ya un trozo, sino el impala entero, o mejor dicho lo que quedaba de él.
El leopardo intentaba subir su presa a ramas más altas para alejarse de las indiscretas miradas de los tres o cuatro vehículos que allí nos habíamos concentrado.
Fue un auténtico espectáculo poder ver a escasos metros cómo el leopardo devoraba los restos del impala y cómo más tarde subió su presa hasta lo más alto del árbol, en una auténtica demostración de fuerza.
Después de un montón de safaris por Africa, por primera vez he conseguido ver un leopardo alimentándose de su presa en lo alto de un árbol. Inolvidable.










Tras los espectaculares momentos vividos, tomamos rumbo al campamento pero aún tendremos oportunidad de ver varias hienas, un grupo de unas 20 jirafas, un precioso camaleón y un sorprendente puercoespín que apenas nos deja sacarle unas fotografías antes de huir al matorral cercano.
Ha sido un safari espectacular, posiblemente el mejor de todos los realizados hasta el momento. 
Tras el anodino safari matutino, hemos disfrutado de momentos memorables durante esta tarde-noche.





La despedida del parque para los compañeros que se van mañana, ha resultado inolvidable pero ahora nos espera la despedida en el pueblo, en la compañía de nuestro conductor Denver y de nuestro guía Donald
Bueno, eso si Denver ha conseguido comprar la carne....

Al llegar al campamento comprobamos que Denver nos está esperando. Sin perder tiempo, le preguntamos si ha conseguido comprar carne y cuando nos lo confirma, comunicamos al campamento que esta noche no iremos a cenar. No lo hemos hecho hasta ahora porque no teníamos muy claro cómo iba a acabar todo ésto.
Esperamos a Donald y salimos inmediatamente hacia el pueblo. Tenemos que preparar las brasas, asar la carne y no queremos que se nos haga demasiado tarde.
Pero Africa nunca dejará de sorprendernos.  

Denver lo tiene todo perfectamente organizado y comeremos en un bar del pueblo que cuenta con una enorme barbacoa y a nuestra llegada las brasas están ya preparadas. Una grata sorpresa.
Pedimos unas cervezas mientras preparan la carne e invitamos a los dueños del bar a probar el queso que hemos llevado. Su cara muestra sorpresa por el nuevo sabor pero parece que no les desagrada ya que acabamos con todo el queso mientras charlamos animadamente junto a la barra del bar.




Cuando salimos al exterior para sentarnos a la mesa, comprobamos que nos aguardaba otra sorpresa no tan agradable.
Habíamos encargado a Denver 5 kilos de carne de vaca pero allí no había más de 2-3 kilos de carne de vaca y de cerdo a partes iguales. Y además, habían sumergido la carne en una fuente con un adobo que nos hacía temer lo peor.
En fin, lo importante era pasar un buen rato así que mejor no pensarlo.....
Finalmente, la carne no estaba mala aunque hubiéramos comido algo más pero lo verdaderamente importante era que habíamos pasado un rato muy agradable en compañía de nuestros amigos y de la familia del cocinero, Andrew.
Pagamos unos 25€ por toda la carne y otros 9€ por un montón de cervezas y la preparación de la carne. Por menos de 6€ por persona, hemos invitado a nuestros amigos y hemos pasado un rato realmente agradable.

Acompañamos a Donald hasta su casa y reemprendemos el regreso al campamento.
Mañana tenemos que levantarnos a las 5 pero nuestros amigos salen hacia Lusaka y deben levantarse sobre las tres para pillar el autobús que les acercará a Chirundu.
Es hora de irse a la cama....


Ruta de la jornada tarde- noche:



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